"La pobreza es un negocio sin el que el sistema neoliberalista se colapsaría"

  • El economista chileno abre el ciclo de clases magistrales Luzes: diálogos en La Rábida, organizado por la Universidad Internacional de Andalucía, con una ponencia titulada El mundo en rumbo de colisión

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La sede iberoamericana de la Universidad Internacional de Andalucía (Unia) inició ayer el ciclo de conferencias Luzes: diálogos en La Rábida con un ponente de primer nivel, el Premio Nobel Alternativo de Economía Manfred Max-Neef. Bajo el impactante título El mundo en rumbo de colisión, la exposición del intelectual chileno comenzó poniendo de relieve que la FAO, principal organismo de las Naciones Unidas para dirigir las actividades internacionales de lucha contra el hambre, evidenció en octubre de 2008 que la desnutrición está afectando a mil millones de personas y estimó en 30.000 millones de dólares anuales la ayuda necesaria para salvar todas esas vidas. En ese mismo instante, "la acción concertada de seis bancos centrales de Estados Unidos, Unión Europea, Japón, Canadá, Inglaterra y Suiza inyectaban 180.000 millones de dólares en los mercados para salvar bancos privados". A fecha de septiembre de 2009, la estimación conservadora del paquete de rescate alcanzó "los 17 trillones de dólares". Frente a una situación como ésta, indicó Max-Neef, está claro que nos encontramos ante un mundo en el que "nunca hay dinero para los que no tienen nada y siempre hay suficiente para los que lo tienen todo". De hecho, calculó que si se dividen esos 17 trillones de dólares por los 30.000 millones anuales que la FAO estima para superar la hambruna, "el resultado de esa simple división es de 600 años de un mundo sin hambre, más de medio milenio".

A su juicio, la clave está en que "la pobreza es un negocio sin el que el sistema neoliberalista actual se colapsaría". Y ésta es una realidad "obscena y repugnante" que el economista chileno, siempre rebelde y revolucionario, nunca vaticinó que pudiera "llegar a estas magnitudes tan descomunales, siendo ésta la decepción más profunda que uno puede tener con quienes tienen influencia de dirigir el mundo".

Manfred Max-Neef aseguró que el mundo actual se caracteriza por el crecimiento exponencial del cambio climático "antrópicamente inducido" que afecta a todas las regiones; el fin de la energía barata, "con dramáticos efectos en la sociedad"; la extensiva disminución de recursos fundamentales para el bienestar humano, como agua, bosques, pesquería, suelos o arrecifes de coral; y por último, "la gigantesca burbuja especulativa que llegó a ser 50 veces más grande que la economía real de intercambio de bienes y servicios".

Y las causas de que estemos en este punto las achacó al sistema económico dominante, que pretende el crecimiento económico a cualquier costo; al uso incontrolado de los combustibles fósiles para facilitar ese crecimiento; la promoción del consumismo como presunta ruta hacia la felicidad; la destrucción de culturas tradicionales por imponer modelos económicos industriales y el desprecio por los límites planetarios en cuestión de disponibilidad de recursos, consumo, generación de desperdicios y capacidad de absorción. Las consecuencias "pueden acarrear peligros sin precedentes tanto para el medio ambiente como para la sociedad" y existen posibilidades serias de que se extinga "el 50% de especies vegetales y animales en las próximas décadas".

El Nobel Alternativo de Economía apuntó que las soluciones pasan, sobre todo, por "aceptar los límites de la capacidad de carga de la Tierra" y, de ese modo, "pasar de la eficiencia a la suficiencia y al bienestar". Al mismo nivel de importancia colocó la equidad, sin la que las soluciones pacíficas son imposibles, y animó a reemplazar los valores dominantes de "codicia, competencia y discriminación" por los de "solidaridad, cooperación y compasión". El nuevo paradigma, emblema de su Teoría del Desarrollo a Escala Humana, requiere alejarnos del crecimiento económico a cualquier costo para transitar hacia ciudades que puedan ajustarse a menores niveles de producción y consumo, favoreciendo sobre todo a economías locales y regionales, lo que denominó como "volver a mirar hacia adentro". Sólo así se erradicarían lacras como la "esclavitud, que a día de hoy es mayor que en el siglo XIX", o el hambre.

El catedrático chileno definió al neoliberalismo imperante como "una religión: es dogmático, simplista y genera miedo", sustentándose sobre mitos como que la globalización es el único camino efectivo para el desarrollo, que es inevitable, genera empleo, es buena para los pobres y que las clases medias alcanzarán el paraíso a través del consumo.

Su propuesta de modelo económico a escala humana incluye "generar impuestos económicos sobre la energía". Esto es, no castigar con retribuciones al Estado a los trabajadores, sino a los que "destruyen y contaminan el mundo". Y no es ninguna utopía. En países escandinavos como Suecia ya se pone en práctica, a la vez que se ha creado una red de ecomunicipios en los que "la mayor parte de la recaudación de impuestos sobre la renta quedan en manos de los ayuntamientos, generando cambios de conducta más coherentes con el siglo XXI". La salida de la crisis actual pasa, por tanto, por un cambio en el modelo productivo de base, con una "economía al servicio del hombre, y no al revés". Y para ello es esencial, concluyó Max-Neef, el diálogo entre científicos y empresarios y el destierro, de una vez por todas, de la religión neoliberalista.

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