"He pasado 26 buenos años en la residencia y aquí quiero morir"

  • Vive en la residencia geriátrica de La Orden, que considera su hogar

Tiene 92 años y está fresca como una rosa. Lo que más sorprende es que 26 de ellos los ha pasado Pepita Cobano entre las paredes de la residencia de mayores de La Orden, "en la que quiero morir, porque yo soy como la dueña de esto ya", bromea.

Cobano nunca se casó ni tuvo hijos, pero fue porque no quiso. "Tuve un novio durante seis años que era celoso a más no poder; hasta tenía un espía en Huelva que le contaba lo que yo hacía mientras él trabajaba como maestro en el colegio salesiano de Utrera (Sevilla)". Entonces "lo dejé y desde entonces no me he vuelto a enamorar, y eso que tuve buenos pretendientes. Juré ante Dios no echarme más novios y casarme y nunca me he arrepentido".

Esta onubense, enamorada del cine, ha tenido una vida tranquila, aunque marcada, tal vez, por la pérdida de sus seres más queridos. "Cuando murieron mis seis hermanos me quedé con mis sobrinas, que eran jóvenes, con sus maridos, que entraban y salían, y a mí no me gustaba irme con la juventud. A escondidas de ellos preparé la solicitud para ingresar en la residencia. Me dijeron que iba a tardar unos 5 años en ser tramitada, pero finalmente no fue así".

El disgusto fue, sin duda, para sus familiares. "Estando en Punta Umbría, llegó el marido de mi sobrina y me preguntó: "tita, ¿estás a disgusto con nosotros?". Resulta que había recibido la carta en la que me aceptaban para entrar en la residencia. Tuve que insistirles mucho en algo que era completamente cierto: que estaba muy bien con ellos, pero yo necesitaba hacer otras cosas y darles más libertad para viajar y divertirse".

A su familia, sólo puso Pepita una condición: "Que no se olvidaran de mí y vinieran a visitarme". Y así continua siendo 26 años después. "Mi gente me quiere mucho y tengo cuatro sobrinas que vienen mucho por aquí, me traen dulcecitos... me tiene como una reina y nunca me he sentido sola".

En Nochebuena no hay quien mueva a Pepita de la residencia. "Adoro estar aquí con mis amigos. El día 25 de diciembre voy a casa de mi sobrina, hasta que le da la gana de traerme", dice mientras se ría.

Antes de padecer una hernia de hiato, "terminaba el desayuno y me iba a ver a mi Virgen de la Cinta. Luego continuaba caminando hasta la hora del almuerzo". Ahora camina algo menos y mata el tiempo en el área de actividades de la residencia, "donde me presto a todo porque me gusta distraerme, no me conformo con estar de brazos cruzados". Por la tarde, no hay quien le quite su ratito jugando al bingo: "nos jugamos caramelitos y así hacemos tiempo hasta la hora de la cena, aunque es la comida lo que menos me gusta del centro".

En su habitación "tengo salita, terraza, mi cuarto de aseo, una cocinita y el dormitorio. Además, tengo una tele donde veo mis programas favoritos". Está contenta con los cuidados que recibe en la residencia de mayores, "el personal es encantador".

Vital, independiente y simpática, Pepita sólo pierde la sonrisa al hablar de sus antiguos compañeros de residencia. "Tenemos psicólogos para afrontar las pérdidas, pero se nos han muerto nuestros padres y hermanos y nos hemos tenido que conformar, así que lo mismo hacemos con los amigos. No queda otro remedio que acostumbrarse".

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