"Mi madre ya había perdido un niño, era fácil decirle que se le había muerto otro"

EL matrimonio Cardó Ramos llevaba años viviendo en Huelva por motivos laborales. Aquí nacieron varios de sus hijos. El primer varón nació en la clínica San Vicente pero falleció porque "venía con malformaciones", relata una de las hijas de la pareja, Sonia Cardó. Unos dos años más tarde nació ella y un año después, "mi madre se quedó otra vez embarazada, cuando mi hermana tenía siete años".

La mujer iba a tener al fin un varón y estaba radiante de felicidad. El pequeño, inscrito como Sergio Cardó Ramos, vino al mundo dos semanas antes de lo previsto. Nació en la citada clínica privada de San Pedro a las 9:30 del 1 de septiembre de 1975. Era el segundo retoño de la familia catalana.

"En el parto fue todo bien y el médico y la matrona dijeron a mis padres que no se preocuparan, que el niño había nacido muy sano", subraya Sonia. Por esas fechas el hospital Manuel Lois acababa de incorporar a su sala de prematuros incubadoras de última generación. El doctor que atendió a la mujer en la San Vicente "le dijo que por motivos de seguridad, después de lo que había pasado con mi otro hermano", prefería mandar al bebé al centro hospitalario de la calle Federico Mayo para que pasara unos días en "una moderna incubadora para que madurara del todo". Los Cardó Ramos hicieron caso a la recomendación médica.

Antes del traslado los padres del retoño y sus abuelos pudieron ver al recién nacido. "Mi padre y una enfermera subieron a una ambulancia con el niño y lo llevaron al Manuel Lois; mi madre se quedó ingresada en la clínica San Vicente". El hombre pasó toda la tarde acompañando a su hijo, acción que repitió a la mañana siguiente.

El 2 de septiembre del 75, sobre el mediodía, su esposa lo avisó de que iba a darle el alta en la clínica. Necesitaba algo que ponerse. "Mi padre se fue a casa a recoger ropa y se la llevó a mi madre". En ese breve lapso temporal, la tragedia golpeó a los Cardó Ramos.

"Llamaron a la habitación de mi madre y le dijeron que había ocurrido algo muy urgente y que necesitaban que algún familiar se personara de inmediato en el Manuel Lois", reseña Sonia. Cuando el hombre llegó al hospital, "un médico le dijo a mi padre que el niño había fallecido". Se le cayó el mundo encima. Desnortado, dolido, cabizbajo oyó cómo el personal del centro "le decían que ellos se encargaban de todo, que lo único que debía hacer era pagar los servicios funerarios, pero que se olvidara del resto". En ningún momento le ofrecieron la posibilidad de ver el cadáver "y mi padre tampoco insistió, ya que sufrió mucho cuando reconoció al otro niño".

El matrimonio regresó a casa con las manos vacías y el corazón destrozado. Recuperarse del golpe recibido hace ya 36 años ha sido misión imposible. Días después del supuesto fallecimiento del bebé, "la comadrona que atendió a mi madre en el parto se presentó en casa para curarle el ombligo al niño; no sabía nada de lo ocurrido y le sorprendió mucho que un niño tan sano hubiera muerto así como así, dijo que eso no era posible".

La sorpresa fue mayúscula también para el médico de la clínica San Vicente: "Cuando mi madre acudió a la primera revisión posparto, el doctor no daba crédito a lo que mis padres le estaban contando, no podía creer que el bebé hubiera fallecido porque lo habían revisado los pediatras y todo estaba perfecto".

Transcurrieron los años y la familia regresó a Tarragona. "Mis padres han vivido todos estos años con la sensación de que les robaron el niño", una hipótesis que se transformó en una sospecha real cuando comenzaron a salir a la palestra las denuncias masivas por el presunto robo de bebés en los hospitales españoles. "Creemos que aprovecharon el descuido para robar al niño y que vieron en el expediente de mi madre que ya había perdido otro niño, por lo que era muy fácil decirle que también había muerto éste".

Los Cardó se pusieron manos a la obra y han conseguido buena parte de la documentación que contribuirá a esclarecer el caso. En el certificado de defunción de Sergio se establece como causa de la muerte "una insuficiencia respiratoria por ser prematuro", pese a que sólo le faltaban dos semanas de madurez. Tampoco entiende "por qué fue enterrado en la zona general del cementerio y no se nos dio opción de enterrarlo como parte de la familia en un nicho; no era ningún feto, era un niño con nombres y apellidos".

Denunciaron ante la Fiscalía de Huelva, que ha trasladado el caso a la Policía de Tarragona para que no tengan que desplazarse hasta la capital onubense cada vez que el caso lo requiera. La madre de Sonia se ha sometido a las pruebas de ADN. "Si fue robado, no puede ser que las mentiras duren tanto tiempo; creo que tarde o temprano con la investigación saldrán cosas a la luz y, si Dios quiere, podremos descubrir qué pasó", indica, a la vez que apunta que sus padres están "ilusionados" con esta cruzada.

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