Más izquierda para que se moje Rajoy

YA conocemos la receta del PSOE, que no es tan mágica ni triunfalista como pudiera pensarse. La segunda línea, ese pelotón de invisibles mediáticos que trabaja en la sombra de las ponencias, ha perfilado un marco ideológico que destierra el miedo de algunos a la mímesis con el PP más centrista. Finalmente, habrá un paso adelante en el aborto, decisión que acredita el formidable peso de la mujer en el partido y, a la vez, la convicción de que un excesivo respeto a la Iglesia no garantiza periodos de paz. Podría caer también uno de los mitos más recurrentes de todo periodo electoral: las bajadas de impuestos desaparecerán, según Griñán, del escaparate de las promesas.

Queda la sensación de que ayer sobrevoló el congreso el realismo que faltó el viernes, quizás porque trabajar a destajo hasta consensuar orientaciones para los próximos cuatro años es bastante más sacrificado que regalar palabras sin contenido. El PSOE juega una carta aparentemente arriesgada -reforzar su vertiente progresista- que sin embargo colocará a Rajoy en una difícil tesitura porque le obligará a elegir entre su recién estrenada moderación y los viejos vicios. En el combate simbólico las fichas se han movido con sutileza. Si el líder gallego apuesta por De Cospedal y Sáenz de Santamaría, Zapatero añade a su larga nómina de ministras otras tantas directivas, lo que demuestra el valor creciente aunque no necesariamente acertado de la cantera femenina como reclamo político. Los estrategas deberían separar escrupulosamente la valía de las cuotas.

No ha faltado una calculada dosis de higiene. La transmisión de una imagen monolítica ha triunfado: Zapatero se marcha a Moncloa -al más puro estilo Obiang- con un 98% de adhesiones. De nuevo el contraste con las calamidades de Rajoy y sus votos en blanco. Nadie recuerda ya los tiempos de Almunia y Borrell, contagiados al PP como un virus caprichoso y chaquetero.

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