el ave en vía muerta | catálogo de promesas que se quedaron en el camino

La historia de una película que se repite

  • Hasta la promesa de la alta velocidad hecha este jueves por Íñigo de la Serna, muchos proyectos presentados por PP y PSOE se han quedado en la vía

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No tengan prisa por encargar los billetes para subirse en un AVE en la nueva estación de Huelva. A pesar de la contundencia con la que el ministro de Fomento anunció la llegada de la alta velocidad a los nuevos andenes, todavía queda tiempo. La promesa sonaba contundente, pero corre el más que serio peligro de terminar en el mismo Powerpoint en el que se presentó. La pista la dio uno de los mapas con los que Íñigo de la Serna glosó los 1.100 millones de euros para ponerse en Sevilla en 40 minutos y en Madrid en menos de tres horas a más de 300 kilómetros por hora. El mapa de los proyectos constructivos, que incluye las alternativas de la línea entre la capital onubense y la hispalense, es el mismo que Huelva Información publicó el 25 de julio del año 2009. Ni se hizo entonces, y mucho nos tememos que lo del jueve, haya sido un involuntario brindis al sol que calentaba las nuevas instalaciones, anticipo de una convocatoria electoral antes de tiempo, cuando el próximo año no se puedan aprobar los Presupuestos Generales del Estado.

No es cuestión de señalar a ninguno de los responsables políticos en concreto, ni de ningún partido de los dos que se han turnado en la gobernabilidad del país, sencillamente porque la culpa es de ambos. No importa qué nombre tenga el ministro de turno, desde José Blanco a Ana Pastor, del PSOE al PP; todos ellos se han dejado caer por Huelva a presentar proyectos, dibujos de estaciones faraónicas que no volverán jamás e incluso obras que durmieron el sueño de los justos. Todos ellos prometieron exactamente lo mismo que Íñigo de la Serna, aunque a éste le queda la honra de no haber señalado plazo alguno. La justificación es que la Declaración de Impacto Ambiental no es de su Ministerio y no sabe el tiempo que puede prolongarse; la verdad que esconde es que ni lo sabe, ni confía en que pueda llevarse a cabo.

El 15 de octubre de 2015 fue el último intento serio. En aquella fecha, las ministras de Empleo y Fomento, Fátima Báñez y Ana Pastor (hoy presidenta del Congreso) respectivamente, visitaron las obras que ya se ejecutaban en la zona de Las Metas. El titular que nos sirvió a Huelva Información para abrir la portada fue que "La línea de alta velocidad con Sevilla se licitará este año". Como apoyos, "inversión de 410 millones para reducir a 45 minutos el tiempo de viaje entre ambas capitales" y "vía libre a que el Puerto de Huelva financie la Huelva-Zafra y el desdoble de la N-435". Sobra decir que, además de hacer notar que el presupuesto se ha más que duplicado, ni las obras se licitaron, ni se llevaron a cabo, ni la Huelva-Zafra está rehabilitada y ni la N-435 está desdoblada, ni tan siquiera la manoseada variante Beas-Trigueros. Aquel día, se podían leer párrafos que parecen escritos hace un par de días: "una vez que el proyecto salga a información pública el estudio ambiental del proyecto, hay un mes para presentar alegaciones, aunque estamos trabajando todo lo deprisa que podemos para que se puedan licitar las obras en este mismo ejercicio". El remate, lo dijo casi palabra por palabra, Íñigo de la Serna: "espero que todo vaya conforme a los plazos previstos y Huelva tenga pronto lo que necesita, una línea de alta velocidad". Este año se cumplirán tres de aquello que ahora no sirve. Es obvio decir que la visita fue criticada como se esperaba por el PSOE, partido que ocupaba entonces la oposición, quien no tuvo reparos en señalar que la misma respondía a "intereses electoralistas", ya que "Rajoy no ha hecho nada por los onubenses, ni se espera que lo haga".

Pero es que la cosa no comenzó ahí. Apenas unos meses antes, el secretario de Estado de Infraestructuras, a la sazón Víctor Morlán, se descolgaba con una presentación (parecida a la de esta semana) en la que nos acercaba a Madrid todavía más deprisa que ahora, en 2 horas y 40 minutos, rebajaba el coste a 370 millones de euros y un edificio que iba a estar firmado por el mismísimo Santiago Calatrava, una paloma semejante a la que después construyó en el aeropuerto de Bilbao. Ya por entonces, y sin prever la polémica que el tiempo trajo aparejada, se hablaba el "nodo de Majarabique" como fundamental para tender la línea con Sevilla, el mismo al que se refirió De la Serna.

Si ahora es la Declaración de Impacto Ambiental la que frena la llegada del AVE, hay que recordar que el 8 de agosto de 2008 (se va a cumplir una década), Huelva Información celebraba que "Medio Ambiente da luz verde al trazado entre Huelva y Sevilla". Seguíamos sin fechas concretas, pero entonces estaba todo listo para poder invertir un dinero que la crisis apenas comenzaba a hacer asustadizo. Entonces, como ahora, se presentaron 6 alternativas en la línea, en la que se ofrecían combinadas, posibilidades de pasar o no por San Juan del Puerto y por La Palma del Condado. El ancho internacional iba a hacernos abandonar la reserva espiritual del ancho ibérico a la que estamos aún sometidos. Nada entorpecía los sueños de tener un tren en condiciones y ni siquiera Calatrava cejaba en su empeño de construir su icónico monumento en la zona de Las Metas. Desde el PSOE, en la oposición municipal, se pedía colaboración al Ayuntamiento, dirigido entonces por un Pedro Rodríguez a quien De la Serna dedicó su recuerdo.

No sólo el PP ha sido capaz de enlazar una promesa con otra hasta llegar al día de hoy. La alternancia en el poder, justificación y razón de ser del sistema democrático, propicia que las culpas se repartan a partes iguales. El 4 de febrero de 2010, el entonces ministro de Fomento, José Blanco, se desplazaba hasta Huelva para pedir al Ayuntamiento que desbloqueara la construcción de la estación de trenes. Ha habido que esperar ocho años para hacerla realidad. Blanco pedía suelo para apenas cuatro meses después, comenzar la construcción con la primera piedra en espera de poner la segunda. La crisis se cebaba en todo el país y el dinero para obras, sencillamente no existía. Los tiempos de escasez son buenos para la polémica y entre Blanco y Rodríguez, no se ahorraron descalificaciones. Un año después parece que se solventaron, ya que Juan José Díaz Trillo, Petronila Guerrero, el propio Pedro Rodríguez y Manuel Bago, se disponían a elegir entre cinco ofertas para la estación del AVE que, como ahora "sigue sin plazos". El encuentro dejó una de esas perlas de hemeroteca que debían estar grabadas en la placa de inauguración de la estación, cuando el presidente de Adif, Antonio González, aseguró que "Huelva va a tener un AVE pata negra" con ancho internacional, la catenaria correspondiente y una velocidad de más de 300 kilómetros por hora y descartaba el proyecto de "altas prestaciones", justo lo que les prometió el ministro De la Serna a la FOE, sindicatos, alcalde y presidente de la Diputación hace apenas dos meses.

Por el camino se quedó el AVE que iba a enlazar Huelva con Faro, la construcción de la estación en 2009, las adjudicaciones de los proyectos ese mismo año, las licitaciones también de 2009, la vuelta del AVE a Faro, el nuevo diseño de la estación y el inicio de obras en 2010, todos ellos reflejados en las portadas de Huelva Información.

A pesar de que las intenciones por anunciar aquello que se sabe de antemano que no se va a cumplir no ha variado, lo que sí lo ha hecho ha sido la legislación. Todo lo hecho hasta ahora no sirve y hay que empezar de cero. Lo que quedan son los recuerdos de una trayectoria que nos ha traído una estación moderna y funcional (no nos engañemos, los tiempos de monumentos exagerados han terminado y ahora se opta por lo práctico, especialmente para una ciudad del tamaño de Huelva) y unas nuevas promesas para que la capital de provincia más cercana a la ciudad a la que primero llegó el AVE, vuelva a tener el eco de una nueva promesa (esta vez sí, la definitiva según quien la pronunció) de inversiones millonarias, de trayectos alternativos, de plazos que se sabe que no se van a poder cumplir y de proyectos propios de una idea de partido, de legislatura, más que de un concepto de país y de desarrollo. Tal vez ahí esté el problema.

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