"Mi hermano Santiago y El Boca eran bastante amigos"

  • La hermana de los presuntos asesinos de Mari Luz asegura que su hermano podría haber participado en el crimen de Ana Mª Jerez Cano · Fue agredida sexualmente por Del Valle durante cinco años

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Catalina del Valle tiene 35 años y es la hermana de los dos detenidos por la muerte de Mari Luz Cortés, Santiago y Rosa. Ayer, cuando era preguntada por la posible relación que podían tener el asesino de Ana María Jerez Cano y el de la pequeña Mari Luz, destapó la caja de pandora: "Mi hermano Santiago y El Boca eran bastante amigos, pero no concuñados" como se ha venido rumoreando durante estos días. De hecho, José Franco, más conocido como El Boca, el único condenado por el asesinato de Ana María, "era íntimo amigo de mi hermano Juan, que ya falleció". De Santiago del Valle también era amigo, aunque "yo nunca los vi juntos, pero sé que lo fueron a través de mi Juan".

Por los mentideros de la ciudad siempre se ha podido oír que El Boca fue condenado por un crimen que no había cometido o en el que, tal vez, no había participado solo. Catalina opina que "puede ser que mi hermano tuviera algo que ver, por qué no, quién sabe, porque con los antecedentes que tiene, no me extrañaría".

La hermana de los presuntos asesinos de la niña de El Torrejón indicó que "es rarísimo que haya cosas en común en los dos casos", como el lugar donde aparecieron los cuerpos inertes de las dos pequeñas y que las dos niñas desaparecieran en época de Carnaval. "De mi hermano, a estas alturas, no me sorprende nada", apostilló.

La niñez de Catalina del Valle no fue lo que se dice un camino de rosas. "Mi hermano Santiago me tocaba por todas partes, se masturbaba y me colocaba la mano en sus partes cuando eyaculaba. Otras veces me cogía la mano para que lo masturbara yo a él o me daba besos". Todo comenzó cuando ella tenía cinco años (su hermano tenía entonces 17) y "estuvo abusando de mí hasta que cumplí diez". Esto no era algo normal en su familia, ninguno de sus hermanos había abusado de ella ni había visto un comportamiento similar en la figura paterna. "Mi infancia fue muy dura y eso no se olvida".

Estos episodios los sufrió en silencio durante bastante tiempo, hasta que "comenté a mi madre lo que me estaba haciendo y me dijo que me callara, que no me iban a creer y me tomarían por loca. Mi madre lo sabía".

Cati del Valle estaba interna en un colegio y sólo pisaba su casa los fines de semana y los periodos vacacionales. El pederasta sabía aprovechar la coyuntura y "siempre me manoseaba cuando no estaban mis otros hermanos o mis padres para que nadie se enterara". Estos encuentros traumáticos la hicieron "dormir con un ojo abierto porque él aprovechaba las oportunidades y lo hacía cuando estábamos todos dormidos o cuando mi madre, que se levantaba muy temprano para trabajar y ya no estaba en casa". Cree que su madre "habló en algún momento con él" para reprenderle pero "por un oído le entraba y le salía por el otro".

Cuando Santiago regresó a Huelva el verano pasado, "intentó acercarse a mis niñas, pero no se lo permití". Todo ocurrió durante una visita del individuo a Cartaya, donde vive Catalina. "Los trajo mi hermana Rosa en coche para que conocieran a mis hijas. Hacía muchos años que no nos veíamos. Nos fuimos a un bar a tomar un café" y su mujer no se dignó a bajarse del coche. "Él miraba mucho a mi hija, que tiene nueve años pero es muy alta, está muy desarrollada. Y le decía, '¡uy, qué grande estás, Virginia, pareces una mujer!, ¿qué edad tienes?'. Le pedía que le diera un beso con una media sonrisita que me estaba dando asco", pero la chiquilla no accedió. El último episodio se produjo en Huelva: "Quería invitar a mi hija a un refresco. Mi niña no quería y tuve que decirle: "Santi, déjala ya en paz". Le decía, '¡ay qué tonta eres, mira que te invito a un refresco y no quieres...".

Años atrás, antes de morir la menor de los hijos de Santiago del Valle en un accidente (fue atropellada por un vehículo), el pederasta regresó a Huelva con su esposa y su retoño "porque lo echaron del pueblo donde vivían". Entonces, recordó, empezaron a malvivir con el bebé "en un coche aparcado en la puerta de la casa de mi madre, pero no porque ella no les dejara entrar, sino porque les dio la gana". Sin oficio ni beneficio, la pareja "se iba con la niña a pedir en los aledaños de Carrefour hasta que recibieron 20 millones de indemnización". Con el resquemor aún en el cuerpo por la muerte de su sobrina, manifestó Catalina que "no me extraña nada que ellos fueran los culpables de la muerte de su primera hija porque a ellos sólo les importaba el dinero".

Con su hermana Rosa del Valle se ha llevado una gran decepción. Catalina se siente traicionada: "Me ha sorprendido mucho que ella estuviera en el ajo. Nunca ha tenido problemas con la Justicia, excepto lo que tiene ahora con la abogada a la que acosaba. Nunca ha estado en prisión… No me esperaba nunca que ella fuera, en la vida. Su detención me ha afectado mucho porque me ha utilizado y me ha engañado". Y es que Rosa había dicho a su hermana que "estaba acostada y que no escuchó y no vio nada y yo puse la mano en el fuego por ella y le creí". Además, indicó que "ella se estaba quedando a dormir en la calle hasta que todo esto se tranquilizara porque le daba miedo. Me dijo que iba a ir a vivir a casa de un amigo en Isla Cristina y luego me enteré de que estaba en Cuenca".

Finalmente, señaló que cuando su hermano desapareció "supe que podría haber sido él".

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