Elecciones generales y autonómicas. Las últimas consultas democráticas desinflaron el 'efecto llamada' de 2004

El efecto 'boomerang' del 11-M

  • La abstención amenaza el marcador del PSOE · Las huestes de Zapatero 'calientan' la campaña buscando una participación del 70% que compense el efecto efervescente de la movilización de 2004

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La dinamita en estas elecciones la tiene el abstencion-ismo que amenaza el marcador del PSOE, el partido que más tiene que perder, por ser el que rentabilizó el revulsivo democrático de 2004, tras la masacre terrorista de Atocha. Buscando el antídoto de al menos un 70% de participación, tratan de calentar esta precampaña las huestes del presidente Zapatero, contando con el efecto efervescente del 11-M y la indignación colectiva que activó el voto a favor del vuelco de Gobierno. Estalló la burbuja y los sufragistas volvieron a dormirse en los laureles en las consultas que siguieron, dejando en las estadísticas del último cuatrienio buena cuenta de la erosión del mercado electoral, el descrédito de gobernantes y opositores.

A todas las escalas, la balanza de estos comicios mucho va a depender, pues, de los niveles de movilización, desinflados en los últimos referendos y elecciones municipales tras la reacción en masa al atentado de Madrid y la pista de la autoría islamista -que activó la base de abstencionistas a favor del PSOE- y la incorporación al censo electoral de jóvenes que se levantaron contra la guerra de Iraq, reprobando a la Administración de Aznar. El triunfo del PSOE se achacó al demérito del PP. Huelva fue la provincia española con mayor cuota de voto socialista; se sembró la debacle del PP y se frustraron las expectativas parlamentarias de IU con la concentración del voto de izquierdas, convertido en voto útil para el PSOE, que ganó un escaño onubense en la Cámara andaluza. El voto de castigo al PP también desestabilizó el esquema en las autonómicas, con un diputado para los andalucistas. Fue inesperada la coyuntura de marzo de 2004, con un resultado imponderable que ahora deja en juego para la provincia los dos escaños que se disputan PSOE, PP e IU, en las autonómicas, diluido ya el PA en la sangría de los últimos año, y en la candidatura experimental de la Coalición Andalucista.

El PSOE ha sido el más madrugador en la precampaña, tratando de que la abstención no exceda el 30% para consolidar distancias. Poco cambio cabe esperar a partir del 9-M en el Congreso, donde Huelva lleva varias legislaturas representada por tres escaños del PSOE y dos del PP. Lo que se escapa de la previsión, después de la conjunción de factores que se dio en 2004, es la repercusión que estas elecciones van a tener en el margen de decisión de los partidos en el Parlamento andaluz, una nueva configuración que tiene su piedra angular, decimos, en la participación de la ciudadanía, que se presume baja a tenor de la tendencia. En marzo de 2004, el trágico 11-M volteó todos los sondeos previos y en Huelva se saldó con una participación en tropel, casi siete puntos más que en las elecciones del año 2000, en la que toda la tarta de las autonómicas se la repartieron socialistas y populares con seis y cinco escaños por Huelva, respectivamente. Peligrosamente juntos.

Con la clave del voto joven, el voto útil y el voto de repulsa, en 2004 Zapatero dio una zancada histórica. La retrospectiva desde la Transición Democrática avala que los picos de participación se han registrado siempre en España los relevos de Gobierno: 1977 (triunfó UCD); 1982 (ganó el PSOE); 1996 (llegó el PP) y 2004.

Huelva refrendó aquel vuelco no sólo en la provincia (de adscripción históricamente socialista), sino también en la capital (el mismo municipio que tres años después revalidó al alcalde del PP, Pedro Rodríguez, lo que indica que, en parte, el electorado respondió en 2004 al estímulo coyuntural). Los socialistas subieron como la espuma, venciendo en 75 municipios de la provincia (las tres excepciones, decantadas por el PP, fueron La Palma, Lepe y Sanlúcar de Guadiana).

Socialistas y populares registraron en Huelva una diferencia de 26 puntos en su cuota de voto, distancia que fue de campeonato en Punta Umbría, Aljaraque y Gibraleón (¿presagio de los vuelcos de Gobierno municipal de 2007?)

Aquella movilización electoral de 2004 hizo también que Chaves recuperara en Andalucía la mayoría absoluta después de una década. Diego Valderas (IU), se quedó colgado del escaño hasta el último momento, y finalmente los socialistas obtuvieron siete diputados (uno más que en 2000, fruto del 'despertar' de los abstencionistas); el PP, tres (el voto de castigo les arrebató dos escaños); y un PA con el transfuguismo en los talones, logró colocar a Miguel Romero en uno de los escaños que perdieron los populares, volviendo al Parlamento después de 14 años.

Tras esta revolución electoral, con todos sus catalizadores, la cronología de los últimos cuatro años fue virando sintomáticamente hacia la abstención, invitando a la reflexión a la clase política. Los dos referendos que se celebraron en esta legislatura se entendieron como un auténtico fiasco democrático: en Huelva, el que se convocó para la suscripción del Tratado de la Constitución Europea (febrero de 2005) apenas mereció un 38% de participación. La caída en picado fue más reciente, en el referendum sobre el nuevo Estatuto de Autonomía de Andalucía (febrero de 2007), donde sólo el 35,24% del censo electoral onubense acudió a las urnas (un punto por debajo, incluso, del promedio regional). A la primera de estas dos consultas se atribuyó una suerte de apatía colectiva por todo lo que atañe al proyecto comunitario que no sean las subvenciones. Si poco importó Europa, parece que menos interés despertó Andalucía para dos tercios de la población, máxime tras una campaña en la que los dos partidos mayoritarios pedían el sí al Estatuto, sin confrontaciones ni nada tangible en juego para el ciudadano de a pie. No había duelos, nada que enardeciera. Sí se intuyó una corriente subterránea de bases del PP que optó por el sufragio pasivo para el desgaste de la Administración de Chaves con una abstención histórica.

Luego llegó el huracán de las municipales, cerrando este ciclo el pasado 27 de mayo; y se ratificó la tendencia, con un 2,5% menos de participación que en los comicios de 2003. El fantasma de la abstención rociera -que tenía al PP con el corazón en un puño- logró estimular en parte el voto por correo. Con todo, la participación apenas superó en Huelva el 64,7%, el nivel más bajo en 16 años.

Aterrizó Pizarro esta semana en la provincia, directo al target electoral del PSOE, con los malos presagios de la abstención: "Tenemos que consolidar nuestra mayoría absoluta y evitar una posible pinza PP-IU". Los socialistas aspiran a la permanencia (con siete escaños tienen poco margen de crecimiento en el Parlamento andaluz), tras una legislatura en la que consiguieron un diputado más con unos resultados históricos (el 53,51% de los votos) y una participación en las autonómicas del 73,07%. En la cuerda floja está, pues, la séptima de la lista que encabeza Cinta Castillo, la concejal de Gibraleón María Lourdes Martín Palanco. Con seis diputados -de los 11 que tiene la provincia en la Cámara andaluza- ya tienen garantizada los socialistas la mayoría absoluta.

En la otra orilla, el PP tiene el objetivo fijado en la recuperación de los dos diputados que le restó la debacle de 2004, donde perdió 8.000 votos. En la candidatura que lidera el alcalde de Huelva y presidente provincial del partido Pedro Rodríguez, el riesgo se concentra en el cuarto y quinto puesto, Dolores López Gabano y José Enrique Borrallo.

Diego Valderas se juega el futuro de IU encabezando la lista de Huelva y aspirando a conseguir el escaño que perdieron los izquierdistas hace dos legislaturas. No se juega un escaño, decimos, sino el devenir de su organización, apostándose el cargo en las autonómicas, y aparcada la crisis interna hasta el 9-M tras las tensiones de los últimos meses.

Los andalucistas cruzaron un desierto de 14 años y en 2004 volvieron al Parlamento gracias al voto de castigo al PP. La sangría del PA deja libre el escaño de Miguel Romero y arroja escasa expectativa para la Coalición Andalucista que en Huelva encabeza Francisco Ramos. Dos escaños a repartir, pues, en un escenario que en las últimas autonómicas rompió la vecindad que unió a los partidos mayoritarios en 2000, distantes en sólo un escaño.

Desde entonces, en el plano municipal se han producido movimientos que marcan tendencia de voto, elementos a tener en cuenta en esta imprevisible combinatoria del 9-M. De un lado, están supuestos como el de la capital, en los que el voto socialista de 2004 se nutrió básicamente de una participación histórica, el voto joven, el voto útil y el voto de castigo. De otro, merecen atención los movimientos que alumbraron el mandato en la provincia, pistas de la dirección que puede tomar en estas elecciones el voto que en 2004 fue para un PA que ya no existe. En esa vertiente se sitúa la localidad de Isla Cristina, con un censo de 15.000 electores; terreno labrado por el PSOE en los últimos meses después de un pertinaz Gobierno andalucista. Un factor incalculable es el precio del transfuguismo en las filas del PA con rumbo al PSOE, en una decena de municipios onubenses. Otra circunstancia que puede influir en el voto del 9 de marzo es el terreno que los socialistas ganaron a los populares el pasado mes de mayo en importantes localidades del Área Metropolitana, como Aljaraque y Punta Umbría, que suman una bolsa de más de 23.500 votantes potenciales. Todo depende de lo fértiles que hayan sido estos últimos meses para los gobernantes y el signo del binomio Ayuntamiento-partido.

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