El cuerpo pudo ser arrojado al Tinto

  • Informes y pruebas encargadas por el Instituto de Medicina Legal llegarán esta misma semana aunque se mantiene el secreto de sumario · El forense Luis Frontela finalizó ayer la segunda autopsia

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Hasta el pasado 7 de marzo, la negra fecha en la que se confirmó que los responsables de la desaparición de Mari Luz habían acabado con su vida, los investigadores tenían una doble prioridad: encontrar a la pequeña y dar con los autores de la desaparición.

El desenlace más trágico que se podía imaginar, la muerte de la pequeña, ha reducido estos objetivos a sólo uno: tratar de identificar y detener a autor o autores. A la espera de que comiencen a llegar las pruebas y análisis encargados tanto por el Instituto de Medicina Legal (IML), que hizo la primera autopsia, como por la misma Policía Nacional, se van enlazando algunos datos.

Según ha podido saber este diario en relación con la localización de la zona en la que fue arrojado el cadáver de Mari Luz, que apareció justo en la confluencia del Tinto y el Odiel, el cuerpo de la niña pudo haber sido abandonado en las inmediaciones de la ría del Tinto. Ésta es al menos la posibilidad que parece cobrar más peso y que tendrá que ser avalada por estudios de tierra, agua o sedimentos que se hayan podido encontrar en la niña y contrastarlos con los de la ría.

Algunos de los informes y pruebas encargados por el Instituto de Medicina Legal para complementar la autopsia podrían llegar, según fuentes consultadas por este diario, esta misma semana, aunque el Juzgado de Instrucción número 1 de Hueva, encargado del caso, mantiene el secreto de sumario y las actuaciones no se conocerán de momento.

En cuanto a la data de la muerte, lo que ha trascendido es que pudo ocurrir en los primeros días tras la desaparición de la niña el 13 de enero. Sin embargo, aún están pendientes de conocerse algunos informes complementarios para acotar la fecha aproximada del fallecimiento, como es el relativo a la fauna cadavérica que los forenses encontraron en el cuerpo.

Hasta ahora, se ha confirmado que el cuerpo estaba en avanzado estado de descomposición pero oficialmente no se ha constatado que las lesiones que presentaba la pequeña fueran mortales.

Las partes del cuerpo de la niña que no estaban cubiertas por la ropa (Mari Luz llevaba puestas las botas con las que salió de su casa), como son las manos, el rostro y las rodillas, son las que han aparecido más deterioradas y alteradas, tanto por la exposición externa en el medio en el que fue abandonado como por posibles rozamientos o golpes que pudo sufrir el cadáver en el arrastre del agua. La cabeza de la pequeña presenta indicios de contusiones (pueden ser anteriores o posteriores a la muerte) y presentaba algunas zonas con la piel más oscura que podrían explicarse, según fuentes consultadas por este diario, precisamente por la exposición al sol.

Ayer, el prestigioso forense Luis Frontela finalizaba la segunda autopsia del cuerpo, cuyos resultados son también secretos de momento.

En los últimos días, el escenario de la investigación se ha vuelto a situar en los alrededores del muelle de la Refinería de Cepsa, donde en un punto que está localizado por Gps y en el que comenzaba el trágico desenlace, unos trabajadores de la compañía avistaron por primera vez el cuerpo sin vida de la pequeña, al que la corriente arrastraba en dirección a Mazagón.

Los alrededores de este punto han vuelto a rastrearse por miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y de los bomberos.

En cuanto a las hipótesis sobre la autoría de la desaparición y muerte de Mari Luz, se mantienen abiertas las mismas que la Policía Nacional baraja desde el primer día: el secuestro y una retención con tintes sexuales.

Al tiempo transcurrido desde la desaparición de Mari Luz Cortés (han sido 54 días de búsqueda desesperada) se suma también la dificultad para la investigación de que el agua halla podido borrar posibles rastros.

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