De corto por las romerías

  • El típico traje regional masculino sigue fiel a la tradición, sin sucumbir a las nuevas tendencias flamencasl crisis con caireles La situación actual económica está afectando levemente al guardarropa romero

Desde que Piedras Albas, en Villanueva de los Castillejos y El Almendro, da el pistoletazo de salida nada más acabar la Semana Santa, hasta la romería en honor de la Virgen del Puerto, en Zufre, Huelva pasa siete meses de fiesta en fiesta. Fiestas a las que hay que ir vestidos y vestidas como la tradición más arraigada manda. Por tal motivo, desde el Domingo de Resurrección, el ritmo en los talleres de costura de la capital y provincia es frenético.

En esta ocasión, nos adentramos en las entrañas de la sección masculina del taller capitalino de Ubaldo, ubicado en el barrio del Matadero. Entre tabletas de telas, sonidos de máquina de coser, gorros de ala ancha y caireles, un grupo formado por 20 de costureras y costureros se afana en finalizar chaquetas, chalequillos y pantalones.

"El traje campero o corto es un clásico, es decir, no se desvía del orden o molde establecido. Lo único que se varían son los tejidos. Por lo demás, sota, caballo y rey", señala Nicasio Durán, comercial de esta empresa capitalina, que en 'temporada alta' es capaz de confeccionar de 15 a 20 trajes regionales al día.

"Es un traje regional, al que no le afecta las nuevas tendencias a las que sucumbe los trajes de flamencas de las señoras, que por sus características da mucho más juego que el de los hombres", argumenta.

Explica Durán que este traje impertérrito a los vaivenes de la moda lo conforman el pantalón, "que puede ser campero, si lleva la vuelta abajo, con los que antiguamente los hombres faenaban en el campo; o de caireles, que lleva corte con ojales a sus lados. Camperos o de caireles deben estar acompañados, siempre, por chalequillos, chaquetas y una camisa".

No obstante, y como el traje de faralaes, esta vestimenta también lleva adosada una serie de complementos. "Requiere un fajín, a juego con el traje, ya a gusto del consumidor, los hay hasta de lunares, pero suelen tener motivo hípicos. Y, por supuesto, no se nos puede olvidar el sombrero y votos camperos".

Aunque sigue fiel a la tradición, cada vez más se está notando una evolución en esta masculina vestimenta. Evolución que afecta, sobre todo, en la elección de colores. "Ahora hay un gran gama de colores con los que confeccionar un traje corto. Al típico traje gris y negro, se le han ido sumando tonos marrones, azulados, beiges... incluso, hemos realizado algunos en tonos pasteles y en color rosa", puntualiza Nicasio que explica que esta 'desviación' no sólo afecta al color, sino también al propio tejido. "Desde hace unos años para acá se ha puesto de moda las quinientas rayas o mil rayas".

Sin olvidar las nuevas tendencias, Nicasio recomienda, ante todo, que los trajes sean confeccionados con tejidos finos. "Hay que tener en cuenta que la mayoría de romerías y fiestas patronales se celebran en primavera y verano, cuando el sol aprieta, por lo que hay que elegir telas cómodas y ligeras, cien por cien algodón".

En cada temporada, el taller de Ubaldo recibe casi 3.000 mil encargos de trates camperos, "la misma cantidad que de trajes de faralaes. Al hombre le gusta también estrenar vestimenta en romería y, por supuesto, ir bien vestido. El armario masculino para pasar, por ejemplo, un Rocío como manda la tradición, debe guardar como mínimo cinco o seis trajes. Lo bueno de estos trajes es que nunca pasan de moda, y sirven de un año para otro, aunque siempre guste estrenar algo", dice Ubaldo, dueño del establecimiento quien reconoce, aunque haya venta, que la crisis está afectando a la hora de vestir las romerías. "Las ganas de fiesta no se pierden, pero la que estamos comprobando es que los clientes se están decantando por los tejidos y complementos más baratos, algo en lo que no reparaban en años anteriores", destaca, mientras marca con jabón el patrón de una nueva chaqueta campera.

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