A ciegas en un laberinto de obras

  • Los invidentes onubenses deben enfrentarse cada día en la capital a una auténtica carrera de obstáculos · Ya se han producido varias caídas y los perros guías se desorientan con el ruido de las múltiples obras

Si para un peatón cualquiera caminar por las calles de una ciudad levantada por las obras se ha convertido en una auténtica gincana, la situación se complica mucho más para una persona con discapacidad visual. La zona más conflictiva de Huelva para el tránsito a pie, indicó el director de la Once en Huelva, Antonio Casado, a este diario es "la de la Plaza de El Punto y sus alrededores", donde ya se han producido varias caídas. Aunque reconoce que "por mucho empeño que se ponga, a veces es difícil de evitar", sí afirma que el Ayuntamiento de Huelva "debería haber contado con nuestra participación para intentar mejorar un poco y evitar accidentes en más de una ocasión, pero no se ha hecho".

Francisco Luis Redondo empezó a perder el sentido de la vista cuando era niño debido a una retinosis pigmentaria. Recientemente "podía ver algo si me colocaba gafas de sol o era de noche, pero la cosa se ha agravado y he perdido toda la visión". Suele ir acompañado de un perro guía y "con el ruido de los percutores de las obras y los recorridos poco definidos suele despistarse bastante, con el consecuente agravio para mí, que estoy en sus manos". Además, señaló que "nosotros, al menos, estamos algo más acostumbrados a movernos sin ver nada, pero hay personas mayores que ven poco sin llegar a ser ciegas a las que todo esto les está afectando mucho".

Le acompañamos a la Plaza de El Punto para ver cómo da un simple paseo por ella, esta vez acompañado por su bastón. Antonio Casado ya había advertido de que en esta zona "por tanto proteger la obra han hecho una especie de callejón sin salida un poco laberíntico para meterse por dentro, sobre todo si uno es ciego".

Francisco Luis Redondo lo comprueba in situ. Avanza desde la primera isleta dejando a su espalda la Alameda Sundheim (donde se encuentra el termómetro), cruza el paso de peatones y se topa de frente con la valla de una obra y el quiosco de la propia Once, entre los que queda un pequeño hueco en el que pierde más de un minuto hasta hallar la salida. Todo un contratiempo que padece a diario.

Esta obra, la de El Punto, está bien protegida, pero tal y como puso de manifiesto el director de la Once en la provincia, Antonio Casado, "hay otras muchas que no y nos ponen en riesgo". Eso sí, "en los accesos a nuestro edificio -situado en plena Alameda Sundheim- han hecho un esfuerzo ímprobo por atender nuestras necesidades, pero las obras están por toda la ciudad, no solamente delante de la Once".

Una de las cosas que más preocupan a Casado, "aunque pueda parecer banal y no lo es en absoluto, es que como consecuencia de atender al ciudadano con mayor agilidad han abierto las aceras demasiado pronto y puedo garantizar, al menos por los lugares por donde un servidor deambula, que un porcentaje del 10% de baldosas se mueve".

Y claro, con este panorama sobre el nuevo acerado capitalino "de cara al futuro, aparte de que es un perjuicio para todos los ciudadanos (sobre todo cuando llueve son balanzas estupendas para lanzar agua), también supone una sucesión de elementos de desequilibrio para tropezar importantes". Basta, dice Casado, con recorrer la acera que comunica al Museo Provincial de Huelva con la Gran Vía para constatar sus palabras. Por ello, solicita al Ayuntamiento local que "reclame, ahora que está a tiempo, a la empresa que está realizando las obras de que lo deje todo en perfectas condiciones porque en el futuro tendremos problemas".

Las obras son incómodas para todos, pero haciendo un pequeño esfuerzo "se puede hacer la vida más fácil a todos los ciudadanos", tengan discapacidad o no.

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