despliegue militar

El blindaje de la costa

  • La Unidad de Defensa Antiaérea realiza una misión de cooperación con el Ejército del Aire

  • Hasta 345 efectivos se movilizan en la provincia

Camuflada, sin hacer ruido y con una organización exquisita ha convivido esta pasada semana una Unidad de Defensa Antiaérea (UDAA) del Ejército de Tierra en diferentes localizaciones que bordeaban el litoral onubense. El despliegue fue tal que simulaba, próximo a la costa, situaciones reales de combate en una posición defensiva. No había margen de distracción ni tan siquiera a causa del fuerte temporal que ha sufrido la provincia estos días atrás.

Durante una semana, hasta 345 efectivos llegados de Madrid, Sevilla, Cartagena o Córdoba, al mando del teniente coronel Cervera, realizaron una misión del Mando de Defensa de Operaciones Aéreas, que ya ha sido ejecutada en otros puntos nacionales, y que consistía en planear, conducir y ejecutar con carácter permanente en el Área de Operaciones Aéreas, las operaciones de vigilancia, seguridad, control y Policía Aérea para poder reaccionar ante una crisis de baja intensidad que pudiera producirse. Así, el cometido consistió en descubrir zonas ocultas que el Ejército del Aire no detectara, a través de sus radares, y levantar trazas (objetivos aéreos) en esas zonas. En resumen, es una complementación de la cobertura de los radares de vigilancia aérea con el objetivo de aumentar la seguridad en base a la integración y cooperación.

La capitana Silvia Núñez y el teniente Fernando López fueron los encargados de guiar a Huelva Información por los diferentes asentamientos en los que estaban situados los distintos sistemas de armas desplegados. Ambos señalaron de forma más minuciosa que el Ejército del Aire tiene desplegados diferentes radares por la Península para detectar todo el movimiento aéreo. Sin embargo hay puntos muertos a los que no acceden esos radares por lo que mediante esta operación de la UDAA consiguieron "tapar" esos huecos en esta zona de la Península. Una actividad, que ya han realizado en otros puntos del país, con el objetivo de homogeneizar entero el territorio nacional.

"Esto es una unidad de defensa que se crea temporalmente para una misión", apuntó Silvia Núñez. Un ejercicio que tiene una "preparación detrás" puesto que, además de que era la primera vez que se realizaba esta misión en territorio onubense, fue necesario previamente un reconocimiento del terreno de la provincia de Huelva, sobre plano, para localizar cuáles eran los puntos más efectivos y así poder ejecutar la actividad.

A la UDAA se le asignó un mando único, unos medios y un cometido. El núcleo de mando y control estaba situado en el destacamento El Picacho. Allí, un Centro Director de Fuego (FDC) era el eje central que gestionaba todas las operaciones. En el mismo espacio estaban asentados un Centro de Inteligencia de Operaciones (CIO) y un Centro de Personal Logística (CPL). Así, en el destacamento El Picacho, situado en el asentamiento bajo el mismo nombre, se gestionó todo el planteamiento de la misión, la comunicación con el Ejército del Aire, la diferentes órdenes de ejecución, así como todo el mantenimiento de vehículos, avituallamiento o repostaje. Desde el Puesto de Mando salió todo el planteamiento, la organización y las directrices de ejecución para el combate aéreo.

Para realizar la operación, descubrir y cubrir los espacios muertos de los sensores del Ejército del Aire, la UDAA desplegó siete radares de distintas características. Por ejemplo, el radar situado en el Puesto de Mando detectaba en 3D y tenía un alcance de 100 kilómetros. "Todo queda archivado. En caso de que hubiera amenaza volveríamos porque está todo registrado", explicaron los efectivos.

Aunque la sociedad onubense no pudiese comprobar de primera mano lo que ocurrió estos días atrás en los distintos asentamientos de la UDAA, todo lo realizado, a pesar de ser una misión para construir información y engrosar la prevención, se escapa de la ficción de películas bélicas y series de soldados. No faltó un detalle en la puesta en marcha del dispositivo, como por ejemplo el camuflaje ya que "es básico" y actúa en "protección pasiva" ya que "nos ponemos en situación real". Varios equipos estuvieron trabajando 24 horas ininterrumpidamente sin importar la temperatura, las fuertes rachas de viento o la lluvia que cayese. No todo se centró en la misión sino que también se realizaron "ejercicios de instrucción de combate de aeronaves".

Por otro lado, hasta cuatro Sistemas de Armas recogían las órdenes del FDC. Los misiles Hawk, Nasams y Mistral, y los cañones 35/90. En Médano del Loro se situó la batería Hawk. Allí estaban integrados un Centro Director de Fuego, además de dos radares de exploración con 100 kilómetros de alcance: PAR y CWAR, y otros dos radares de seguimiento y tiro (Hipir). En el ejercicio también hizo acto de presencia el imponente lanzador con tres misiles, los cuales tienen un alcance de 40 kilómetros en profundidad y una altura de 18 kilómetros, además de que tienen la característica de que pueden hacer fuego a varias aeronaves a la vez. Otras de las cuestiones es que cada misil está coordinado con su propio radar. Aún así, lo normal, en situaciones reales, es que este Sistema de Armas esté integrado por seis lanzadores. En ellos existe un jefe de Pelotón de Lanzadores y su tripulación. Allí en Médano del Loro, todavía se encontraba la cara amarga del incendio originado este pasado verano en La Peñuelas. Tanto, que los propios efectivos no podían creerse las consecuencias del devastador suceso.

Durante los trayectos a otros asentamientos se denotó la excelente comunicación dentro de la unidad. Un elemento crucial para este tipo de ejercicios. "Esto es una familia", hay un "buen ambiente de trabajo" y es que la calidad de personas dentro del Ejército "es muy buena", señalaron los acompañantes de este diario.

En el asentamiento Nasams, además del Centro Director de Fuego solo se encontraba un radar. El sensor Sentinel era capaz de aglutinar la funciones de exploración y seguimiento. Hace todo en uno, "explora, verifica y sigue" con un alcance de 75 kilómetros y una altura de 8 kilómetros. El radar estaba ligado a dos lanzaderas con seis misiles cada uno, por lo que se complementaban entre sí, con una capacidad para disparar a un objetivo que esté a 25 kilómetros de profundidad y 8.000 metros de altura.

Por último, en el Muelle del Sur estaban asentados el misil Mistral y el cañón 35/90. Un radar con un alcance de 20 kilómetros complementaba a un cañón con la capacidad de giro de 360 grados y munición Ahead capaz de abrirse en el aire. Puede usarse tanto en ráfagas como a tiro corto, además de que constaba en el ejercicio con un apuntador-tirador y un recargador. Por otro lado, el misil Mistral es un aparato móvil que va sobre un vehículo con una capacidad para siete misiles. Cuenta con una jefe de Puesto de Tiro y dos artilleros, un conductor y un apuntador-tirador. Además tiene la capacidad de alcanzar los 6.000 metros en el horizonte y una altura de medio kilómetro. Es autoguiado y está camuflado.

Todo un despliegue de prevención y complementación a la altura de las circunstancias. Seguridad, organización y comunicación. Trabajo, concentración y conocimiento. Ahí están las piedras angulares del blindaje de la costa, de la provincia, y del territorio nacional.

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