El azulejo de la farmacia vuelve a lucir sin los pegotes de pegamento

  • El Ayuntamiento revisará el catálogo de edificios de interés para nuevas incorporaciones

La denuncia de unos vecinos de la zona ha tenido su efecto en el Ayuntamiento de Huelva y este ha ordenado la limpieza del antiguo azulejo de la farmacia de la calle Mora Claros, donde se pretendía instalar un cartel publicitario de una nueva tienda.

A raíz de escrito presentado en el registro general del Consistorio, el Ayuntamiento de Huelva abrió un expediente de denuncia, sancionador y de la restitución de la legalidad, al no contar con autorización para la instalación de un nuevo azulejo, según ha comunicado a Huelva Información el propio Ayuntamiento.

En esta calle se encontraba la primitiva botica de la ciudad, que le dio nombre

Afortunadamente se ha podido restituir el azulejo a su estado original, consiguiéndose eliminar los pegotes de pegamento que quedaron adheridos tras el intento de instalar un cartel encima del azulejo.

El edificio no se encuentra catalogado, aunque el Ayuntamiento va a realizar una revisión del catálogo de edificios incluido en este. Un edificio este que puede ser candidato a estar incluido en esta lista, aunque nada hay decidido al respecto.

En Huelva no pasó desapercibida la existencia de la botica y es que incluso su presencia dio nombre a la calle durante siglos cambiado el nombre a finales del XIX por el de Tetuán o más tarde por el de Mora Claros, como hoy continúa en el callejero oficial, aunque muchas generaciones de onubenses le ha seguido llamando siempre calle Botica. En la actualidad este trato descuidado a la historia se ha querido compensar con la apertura del pasaje de la Botica, que une Mora Claros con Cardenal Albornoz. Coincide que, según los datos ofrecidos por Diego Díaz Hierro en su Historia de la farmacia en Huelva, que el primer boticario conocido en Huelva se instala en esta calle, llamada en el siglo XVI de Ariza. Se trata de Lázaro de Cea, del que hay noticias en 1593, aunque se debe señalar que el reconocimiento farmacéutico se ha mantenido en ella gracias a otros boticarios que se instalarían luego en esa misma calle. Incluso en 1735 en una de las escrituras se hablaba de "unas casas propias, que son en esta villa en la calle de Ariza, que llaman de la Botica".

Una farmacia que hoy sigue aún en pie y que además guarda todo el sabor de las antiguas boticas, con sus altas estanterías, antiguo reloj en la pared y sus alineados botes anaranjados con etiquetas de los productos que contenían para hacer las fórmulas magistrales con las que aliviar los dolores a los onubenses. La rebotica también se deja ver entre los visillos de las altas ventanas que dan a la calle Mora Claros, aunque abría que decir a la calle de su nombre. Allí los nuevos medicamentos, de las grandes multinacionales, como en cualquier otra farmacia de la ciudad, pero alineados en una ordenada y antigua estantería.

Las primeras farmacias de la ciudad se instalaron además de en la conocida calle, en la de la Concepción y en La Placeta. Al final también había competencia entre ellas y es que si hoy está la lucha de los genéricos frente a las marcas de las grandes multinacionales, también en otra época surgían también rivalidades. Y es que en 1698 hay un pleito entre Agustín José de Vilches Ávila y Ochoa, boticario que se querella contra el médico Juan de Fuentes Valenzuela, quien al parecer recomendaba a los enfermos a que fueran a por sus medicamentos a la botica de Francisco de Frutos. Se acordó que el médico "de aquí (en) adelante no hable cosa alguna contra el crédito de ninguno de los boticarios ni aconseje a los enfermos vayan a botica señalada por la medicina que se les rece tase", pero es más se le impedía a Francisco de Frutos que acompañara al médico en la visita a los enfermos. Anécdotas de un gremio muy unido a los ciudadanos, como reflejan la estética de sus farmacias.

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