El asesino perpetró el brutal ataque en un máximo de tres minutos

  • El capitán de la UCO afirma que la lucha debió ser tan agotadora para el asaltante que no se extendió más

  • Ajusta la data total de los hechos a diez minutos, entre las 21:52 y las 22:02

Entre las 21:52 y las 22:02 del 27 de abril de 2013. Es la franja horaria en la que los investigadores del asesinato de María y Miguel Ángel Domínguez sitúan los hechos, concretamente el lapso estimado -"minuto arriba minuto abajo"- en que el desalmado que sesgó sus vidas a cuchilladas entró en el piso, los mató, se aseó y se marchó por donde había venido. Así lo indicó ayer ante el tribunal del jurado que preside la magistrada Carmen Orland el capitán de la Guardia Civil que dirigió la investigación del doble crimen de Almonte, por entonces jefe del equipo de Homicidios de la Unidad Central Operativa (UCO), encargado del caso.

El director de la investigación determinó que el ataque en sí, la agresión pura y dura por la que el asesino asestó 47 puñaladas a Miguel Ángel y 104 a su niña de ocho años, "fue algo corto". El mando policial detalló que un enfrentamiento de tal calibre "una persona normal no lo puede aguantar: mantener un combate durante un minuto, eso es agotador; dos minutos, tres minutos a lo sumo". Hay que tener en cuenta que los propios vecinos de la casa de la avenida de los Reyes en la que perecieron padre e hija lo describieron como un encontronazo escueto. "Digamos que en ese domicilio no se entró a dialogar, en ese domicilio se entró a matar". La duración estimada, además de estar en línea con lo que dicen los testigos vecinales, afirmó, "también está contrastada con la experiencia y con la lógica".

El escenario era salvaje, pocas veces hemos visto algo similar en España"

Desde el prisma del investigador, el asesino accedió al piso o entrando con una llave o llamando al telefonillo, "lo que indicaría que le abrió la niña porque lo conocía". Lo cierto es que tuvo vía libre. No encontró resistencia alguna para subir a la casa en la que Miguel Ángel -en la ducha en ese momento- y María se preparaban para ir a cenar juntos a una pizzería. "A Miguel Ángel se lo encontró desnudo, sin ningún tipo de posibilidad de defensa". Entiende el mando de la UCO que el padre salió de la ducha alertado por "algún grito de la niña", puesto que como ya se ha relatado en el plenario la Guardia Civil considera que el primer ataque lo recibió la víctima a la salida del baño del pasillo. No le dio tiempo a vestirse. Ni siquiera a secarse.

El capitán de la UCO tiene una dilatada experiencia en los crímenes múltiples y más complejos que en los últimos años han tenido lugar en España. Sin embargo, confesó ayer, en el de Almonte "el escenario era salvaje, pocas veces hemos visto algo similar". El asesino tuvo con las víctimas "un ensañamiento totalmente gratuito".

El testigo se hizo cargo de la investigación desde el 1 de mayo de 2013, sólo dos días después del descubrimiento de los cadáveres. Desde el primer momento tuvo claro que era un crimen pasional. "Se ve en la cantidad de puñaladas innecesarias, gratuitas", en las aspas que cruzan la espalda del cuerpo inerte de Miguel Ángel Domínguez, "una señal de victoria", o en el hecho de que el cadáver de María fuera hallado tapado, lo que "significa que posiblemente la niña conocía a su asesino, como de vergüenza, de anulación, como me conoces". El agente sentenció que "para matar a dos personas no hace falta hacer esta sangría".

Descartó otros móviles, como el del robo, "porque no se robó nada". Incluso estaba en el piso la cartera de Domínguez, con sus tarjetas de crédito, y una hucha de la cría con dinero. El móvil sexual "lo descartó el forense", porque el agresor no violó a la pequeña. Y el del ajuste de cuentas también se rechazó de plano: "Miguel Ángel no tenía problemas económicos ni afrentas con ninguna organización criminal".

Así que desde el momento inicial de las pesquisas los ojos de la Guardia Civil se posaron sobre Marianela. Sospechaban que ella era la clave. Su amante, el ahora acusado de los hechos, Francisco Javier Medina, también estuvo en el punto de mira desde el origen. Se acabó descartando entonces porque tenía la coartada de haber estado trabajando en el supermercado a la hora del suceso. Además, el procesado siempre se mostró colaborador.

Una de las cosas que más llamó la atención de la UCO en los albores de la investigación es que la víctima "no tuviera ningún enemigo, porque normalmente es al revés, nos encontramos con tantos enemigos que no sabemos por dónde empezar". Más de 700 entrevistas realizaron y nadie les dijo una mala palabra sobre el padre de María. "Sorprendente". Su vida estaba centrada en su trabajo y "en cuidar de su hija".

En septiembre de 2013, cuando los agentes volvieron a "tocar" el entorno profesional del fallecido, una de las empleadas del supermercado puso a los investigadores en contacto con su marido, El Magro, uno de los caballistas que aseguró que vio a Medina fuera de su centro de trabajo, en su coche, minutos antes del crimen. "Cuál fue nuestra sorpresa que cuando reconstruimos las horas vimos que no tenía coartada", subrayó el capitán. Según lo que se desprende de la investigación, que contrasta las declaraciones de testigos como los hermanos Capea, El Poti o el corredor Juan Pablo, con las llamadas telefónicas que realizaron ese día, la hora a la que los jinetes vieron a Medina en la calle Feria de Almonte aquel 27 de abril montado en su coche "debía estar entre las 21:01 -última vez que lo graban las cámaras en su centro de trabajo- y las 21:15". Todo teniendo en cuenta que El Magro calcula que desde allí a su corralón tardó unos 15 minutos y que, una vez en él, se encontró con Juan Pablo, quien escasos minutos después llamó, cuando ya estaba con El Magro, a los Capea porque se habían retrasado para la venta del caballo. Esa llamada la realizó a las 21:29.

De las entrevistas a los trabajadores del supermercado, se desprende además, dijo, que ninguno salió con él al finalizar la jornada laboral, a las 22:00. Marianela Olmedo, de hecho, lo vio ya fuera del negocio después de las 22:06, que es cuando ella salió del establecimiento, según consta en las imágenes de las cámaras. A las 22:09 Medina la llama. Cada uno estaba ya en su coche y planeaban lo que harían aquella noche. El mando de la UCO cree que a esa hora Medina estaba frente al súper "para dejarse ver".

En la primera inspección ocular no se revisaron las toallas limpias, en las que luego el Instituto Nacional de Toxicología encontró restos genéticos de Medina. Fue en la segunda donde se mandaron a analizar, primero sin éxito en el laboratorio del Instituto Armado, después con más tino, porque Toxicología "utiliza técnicas diferentes".

El cerco se fue estrechando en torno al acusado, quien ayer se mostró muy inquieto, verdaderamente nervioso y emocionado en distintos puntos del relato del capitán de la UCO. Poco a poco fueron "encajando las piezas del puzzle". Como curiosidad, agregó que el teléfono de Fran Medina estuvo apagado desde que entró a trabajar a las 15:00 en el supermercado hasta las 22:09 que habló con su todavía amante, Marianela Olmedo.

La estrategia de la defensa estuvo claramente orientada ayer a tratar de tirar por tierra el trabajo de los investigadores que durante 14 meses siguieron infinidad de pistas hasta culminar su trabajo con la detención de Medina a finales de junio de 2014.

El hermano de Miguel Ángel, Aníbal Domínguez, alabó a los agentes, que realizaron "una labor escrupulosa y encomiable".

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