Diez años sin Mari Luz Cortés

  • El padre de la niña, Juan José Cortés, rememora los dramáticos momentos vividos aquel trágico 13 de enero de 2008, cuando Santiago del Valle la mató

Si el pederasta Santiago del Valle no se hubiera cruzado en su camino aquel trágico 13 de enero de 2008, la pequeña Mari Luz Cortés luciría hoy -con la alegría que la caracterizaba- unos maravillosos 15 años rebosantes de vida. Las velas las hubiera soplado el pasado 12 de diciembre. Pero un cúmulo de circunstancias funestas truncaron su vida hace ya diez años. "En su pasado cumpleaños le llevamos flores al cementerio, cuando deberíamos estar comprándole una tarta y regalos".

Habla su padre, Juan José Cortés, quien rememora para Huelva Información aquella trágica jornada invernal, los 54 días que duró la búsqueda de la niña de cinco años, la lucha por cambiar la Justicia, el juicio, la condena y los amaneceres del presente y del futuro, plomizos y amargos para la familia Cortés Suárez de por vida.

Pienso que en unos años aparecerá una muchacha a la que podré reconocer como mi hija por su verruguita en el esternón, es mi ilusión"Juan José CortésPadre de Mari Luz Cortés Suárez

La "alegría de la casa"

Mari Luz vino al mundo "como si fuera un milagro", recuerda su padre. "Irene estaba en tratamiento y además llevaba el DIU, así que cuando me dijo que estaba embarazada no me lo creía". Era la tercera y, al saber que sería niña, "nos llenamos de ilusión". De hecho, "fue la primera vez que presencié un parto, no lo había hecho en los de mis hijos Daniel y Juanjo, y cuando la vi fue impactante: era preciosa".

Juan José recuerda que era una niña "especial: era la alegría de la casa, siempre bailando, riéndose, tenía un don, nos hizo muy felices". Jamás podrá olvidar "su sonrisa, sus ojos caramelo, rajados, claros". Y su cariño infinito. Porque Mari Luz era especialmente cercana y "cuando yo llegaba del mercado, se me abrazaba con fuerza; muchas veces se me viene a la cabeza un día que se quedó dormida en mi pecho en el sofá; es muy duro no tenerla, me la arrancaron de mi pecho, de mis brazos".

El depredador a la vuelta de la esquina

El 13 de enero de 2008 el cielo gris se cernía sobre Huelva. Llovía a chuzos en El Torrejón después del almuerzo. Juan José Cortés se había marchado a Palos de la Frontera para dirigir al Pinzón en un partido de Regional Preferente. Él era el entrenador. Irene dormía en el sofá.

Eran las 16:30. Y Mari Luz tomó la fatídica determinación de salir a comprar chucherías al quiosco Las Carrasco. Salió de su portal de la Plaza Rosa y dobló a la izquierda por la esquina para dirigirse al cercano quiosco de la avenida de las Flores. Desde el primero la observaba ya a la ida el pederasta Santiago del Valle. Tras la compra, la niña se dirigió a casa por el mismo camino, pero no volvió a pisar la Plaza Rosa. Desde la ventana de aquella esquina que se convirtió en "una cuchilla" para los Cortés, Del Valle le lanzó un osito blanco de peluche y logró que la niña entrara en el portal. Un forcejeo, tocamientos libidinosos y un mal golpe en la cabeza que la dejó inconsciente en la escalera hicieron que el pederasta se pusiera nervioso y decidiera deshacerse de ella.

La metió en un carrito de la compra, tapó la parte superior con un chaquetón para evitar que se viera la cabecita de Mari Luz, despertó a su hermana Rosa y le pidió que lo llevara al Estero del Rincón en coche. Allí la arrojó al agua. La niña estaba todavía viva. Pereció por asfixia por sumersión.

La desaparición

Juan José recuerda como si fuera ahora la llamada de Irene, su mujer, cuando estaba a punto de finalizar el partido de fútbol en Palos. Se le encogió el corazón. "Salí pitando para Huelva, entré al barrio por la rotonda del futbolista y me paré en la primera tienda que vi a preguntar por ella". Aparcó después frente a la asociación de vecinos de la avenida de la Flores y "se montó un amigo en el coche; ahí pensé: no la voy a ver más". Así lo sintió porque ya "hacía un buen rato que no teníamos noticias de ella y era imposible que mi hija desapareciera en El Torrejón".

Minutos después puso rumbo a La Orden, donde se celebraba una función circense en Los Desniveles. "Cuando vi que tampoco estaba allí, porque pensé que igual se había despistado o se la había llevado alguna amiguita, caí en un charco de rodillas y mi madre se abrazó a mí". Fue un auténtico mazazo. "Me levanté otra vez y me di cuenta de que era la prensa la que me podía ayudar a encontrar a mi niña".

En paralelo, algunos familiares visitaron la casa de Santiago del Valle. Sospecharon de él desde el primer momento. "La primera vez no había nadie en la casa; yo fui de segundas a las 20:30 o así, y entonces sí que estaban; yo no sabía que había vuelto a Huelva, me lo había cruzado en Sevilla un año antes con su mujer, cuando estaban acampados frente al Alcampo", relata Cortés.

Se conocían desde niños y sabía bien cuál era su calaña. "Fue siempre un tipo muy raro, unos cinco o seis años mayor que yo, que no se relacionaba con los demás". Entonces volvieron a encontrarse. "Él abrió la puerta y entré y empecé a buscar por toda la casa; en la habitación de la izquierda había una maleta grande y empecé a abrirla". Juan José se tortura pensando que, "si en aquel momento, ya en el salón, le hubiera dado una torta a la mujer de Santiago, a Isabel, ella lo hubiera contado todo porque estuvo a punto de hablar, se lo noté en el miedo que tenía; de todos modos, no hubieran cambiado las cosas, mi hija ya estaba muerta".

54 días de "tortura"

La confesión de Isabel sí les hubiera ahorrado los "54 días de tortura" que transcurrieron sin saber nada del paradero de la niña. Juan José no se daba por vencido, "la esperanza es lo último que se pierde". Y no cesaba en su empeño "de enlazar datos y seguir todas las pistas". Recuerda uno de aquellos días en que "me hablaron de un pozo en Moguer y me senté ante él, en un adoquín, a esperar a que los Bomberos sacaran el cadáver de mi hija; fue tremendo, pero no estaba allí".

El foco mediático se situó sobre el caso, que conmovió a toda España. Y surgieron las pistas falsas que llevaron a la familia a Sevilla, a Córdoba, a Oviedo -"donde mis padres se llegaron a disfrazar de vagabundos para acercarse a la gente de la que se sospechaba"- a Italia, a Portugal y "casi que vamos también a Marruecos".

La pista más contundente, la de la furgoneta blanca a la que la Policía llegó a dar credibilidad en un primer momento, "fue peligrosa, porque sospechábamos de una gente y algunos parientes estaban dispuestos a ir a por ellos, nunca me hubiera perdonado que hubiera pasado algo".

El hallazgo en la ría

El 7 de marzo de 2013 era viernes. Unos trabajadores de la refinería avistaron desde un pantalán algo flotando en la ría. Era el pequeño cuerpo sin vida de Mari Luz.

Los Cortés se encontraban en casa acompañados por algunos familiares. Entonces sonó el teléfono de Juan José: "Me llamó el comisario, Miguel Rodríguez Durán, al que siempre le estaré agradecido por su entrega y por el trato que nos dio en todo momento". El jefe de la Policía Nacional le dijo: "Juanjo, tenemos noticias; la hemos encontrado, está en el muelle; vente a comisaría". Su familia se percató rápido del cambio en su gesto. "Yo le pedí al comisario que viniera a recogerme un coche patrulla porque no podía conducir".

Mientras lo esperaba, "me desmayé a la puerta de la asociación de vecinos". El padre de la cría tuvo "una sensación grisácea, de que todo se había acabado, de que no había conseguido encontrar a mi hija". Es, en sus palabras, "el palo más grande que me he llevado nunca".

Juan José se pasó todo el trayecto de camino al Muelle de Levante de Huelva "golpeándome la cabeza contra el cristal y repitiéndome: que esté viva, que esté viva". Pero no lo estaba. Ya en el puerto "me quedé como un vegetal, no me dejaron verla y no me creía que fuera ella, de hecho, nunca me creeré que era ella".

Completamente sedados, Irene y Juan José velaron a su hija en el tanatorio rodeados de los suyos. El entierro, multitudinario, se produjo el lunes 10 de marzo, tres días después del hallazgo del cadáver.

La detención en cuenca

Santiago del Valle fue detenido el 24 de marzo de 2013 en Pajaroncillo (Cuenca), donde se refugiaba con su mujer, Isabel García. Antes lo habían retenido en Granada. Era el principal sospechoso, pero no había pruebas contundentes y hubo que dejarlo marchar. En su primera versión dijo que no había abusado de la niña, que todo fue un accidente. Y Juan José Cortés cree que así fue: "Pienso que no le dio tiempo material a abusar de ella, pero los tocamientos, de los que no había pruebas, nos libró de un juicio con jurado popular".

Luego se supo que Santiago del Valle debería estar en prisión cuando mató a Mari Luz. Una cadena de errores judiciales lo hizo posible.

Por una justicia justa

Juan José emprendió entonces, con el apoyo de su familia, una lucha titánica contra el sistema bajo el lema Por una Justicia justa. Consiguió reunir más de tres millones de firmas, pero no tuvieron efecto en el Congreso de los Diputados. "Así que decidí meterme en política; me han tachado de todo, pero me da igual, yo sólo quería conseguir mi objetivo, que era que se cambiaran las leyes para que lo de mi hija no le pase a nadie más".

Su inmersión en la política propulsó los cambios en el Código Penal, en el protocolo policial para la desaparición de menores, incidió en la informatización de la Justicia y en la instauración de la ansiada prisión permanente revisable.

El juicio

Cortés recuerda las dos semanas de juicio -en febrero de 2011- como "un suplicio de diez sesiones" que siguió con su familia desde la sala del Servicio de Asistencia a Víctimas en Andalucía (SAVA), en la quinta planta del Palacio de Justicia. El tribunal de la Sección Tercera de la Audiencia de Huelva acabó condenando a Del Valle a 22 años de prisión por asesinato (19 años) y abuso sexual con la agravante de reincidencia (3 años) y a su hermana Rosa a nueve años como cómplice.

Rosa ya está en la calle

Rosa del Valle salió de prisión este verano. Hasta dentro de nueve años no podrá pisar Huelva. Su hermano ya ha cumplido diez entre rejas y ahora mismo se encuentra interno en la prisión de Herrera de la Mancha (Ciudad Real). El fiscal del caso, Alfredo Flores, cree que pasará recluido todos los años que le restan de pena, "porque no tiene apoyo familiar ni creo que nadie se vaya a arriesgar a dejar salir en tercer grado a un delincuente de ese perfil, con un altísimo riesgo de reincidencia". Del Valle ha cambiado ya hasta dos veces de abogado.

Regreso a El Torrejón

Los Cortés se marcharon a vivir a Sevilla unos años "por recomendación del psicólogo". Pero ahora han regresado de nuevo al piso de la Plaza Rosa de El Torrejón. Lo hicieron en 2016, en abril. "Este año, por primera vez desde aquello, hemos vuelto a celebrar la Navidad y los Reyes, por mi nieta, pero no es lo mismo", indica Juan José. A la pequeña de la casa, que hoy tiene cinco años, la bautizaron también como Mari Luz: "Es un bonito homenaje, mucha gente le puso el nombre de mi hija a sus hijas y mi hijo Juanjo me dijo que quería así recordar a su hermana para siempre".

Es duro. Mucho. Pero al mismo tiempo, asegura el onubense, "mi nieta es una carretera de nuevo sentido; la vemos a ella y vemos a nuestra Mari, tiene todos sus gestos, su sonrisa, su carácter y su personalidad; no sé si es cosa de Dios o del azar".

La habitación intacta

En el piso se conserva intacta la habitación de la menor cuyo asesinato encogió el corazón de toda España. Para los Cortés es imposible desmontarla. Es una suerte de conexión con ella, un santuario donde reencontrarla. "Me acerco a oler su ropa en su habitación, a ver sus cosas, sus zapatos, sus botas que eran muy bonitas...", dice su padre, que recuerda que le compró una vez una botas con tacón "que le quedaban grandes y eran así como de country y cuando se las di saltaba de alegría; le encantaba ponérselas". Y allí perviven, como su memoria.

La losa de la pérdida

"Lo llevamos muy mal; la soledad la hemos notado especialmente y muchísimo a los dos años del juicio", confiesa el pastor. "Es horroroso porque al final caes en la realidad y no te queda más que refugiarte en tu familia y acabar llevando flores al cementerio".

Cortés sigue soñando con que se reunirá con ella algún día, con que su hija no está muerta: "Fíjate que ella tenía una verruguita pequeñita algo más arriba del esternón y pienso que dentro de unos años aparecerá una muchacha a la que podré reconocer como mi hija por ese detalle, es mi ilusión".

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