El alma de la fiesta de Artabán

  • Músico, fotero y administrativo

Es extrovertido, simpático, un ser inquieto que busca en el arte su refugio, la miel de los labios de las musas. El veneno de la música recorre sus venas desde que era niño. Con sólo 14 añitos, Xosé, onubense de 40, pisó por primera vez un escenario: "Fue con el grupo Zangra, de heavy metal, con El Guapo, El Chupo y El Peru". Su referencia musical en la adolescencia era el grupo Kiss, "pero no nos pintábamos la cara, ¿eh?, pero sí llevábamos mallas y calentadores en una época difícil porque éramos muy pocos en Huelva".

Ésa fue su principal escuela para perder el miedo a volar sin alas delante del público y para aprender a tocar la guitarra y, si nos ponemos, hasta a cantar. "He sido muy valiente en la música, la primera vez que puse las manos en una batería y en un teclado fue en pleno directo". También se defiende con el acordeón, que le enseñó a tocar Rafa Álvarez, "uno de los mejores acordeonistas que ha dado Huelva; ¡qué digo Huelva, Andalucía!".

El heavy pasó a la historia y la música celta llegó a su vida con el grupo Hadas y Duendes, "con el que tocábamos por toda la provincia hace unos 15 años". Después, "nos dividimos y formamos Tangaraño". El grupo, aunque alguien pueda pensar que ha desaparecido, está más vivo que nunca, pero en la red: "Queremos volver y nos mandamos por mail todos los temas que vamos haciendo y vamos modificándolos cuando llegamos a un consenso".

Pero sin duda, la popularidad le ha llegado de la mano del grupo Artabán, con el tenor Guillermo Orozco a la cabeza y que este año ha recibido el premio Onubense del Año por su participación en el casting de Eurovisión. "Somos los abanderados del eco folk, es decir, la música popular y tradicional a la que añadimos letras ecologistas, como 'La sierra no tiene prisa".

Aunque actualmente trabaja como administrativo en una tienda de muebles, Xosé fue fotógrafo profesional. Pero "me estropearon el carrete de una boda en un laboratorio y lo pasé tan mal que lo dejé". Ahora ha vuelto a retomar la fotografía, "pero como aficionado, simplemente".

Otra de sus grandes pasiones es su hijo Axel, que con sólo cinco años "es un artista en potencia, lo lleva en la sangre y ya está estudiando música". De casta le viene al galgo.

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