Tunas a los pies de la Inmaculada

  • En la víspera del Día de la Purísima Concepción, las tunas de Empresariales, Derecho y de la Politécnica de La Rábida rindieron un homenaje musical y floral a la Virgen ante el monumento de la Plaza Arqueológica

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Era la víspera del Día de la Inmaculada y los poros de Huelva rezumaban ambiente festivo, casi más que de costumbre. Con las calles iluminadas por estrellas y velas navideñas, el centro era un hervidero que arrastraba a los más devotos hasta la parroquia de la Concepción. Pasadas las siete y media de la tarde comenzaba la función principal, con la que se ponía fin a la novena de la Inmaculada.

Oficiada por el vicario general de la Diócesis de Huelva, Baldomero Rodríguez, la ceremonia litúrgica transcurría con la consabida devoción de más de 300 fieles. Los cánticos del coro santanderino 'A Capella' parecía dibujar en el aire las volutas del intenso olor a incienso y a velas, el mismo grupo coral que hoy estará presente en la función principal de las 12 horas.

La capas negras de cintas multicolor de los tunos comenzaron a asomarse por la puerta de la parroquia y, de pronto, el interior del templo se transformó en una fiesta de cánticos universitarios a la imagen mariana, obra del escultor onubense Mario Moya. No sólo con los cánticos como presente a la Virgen se conformaron los de la Tuna de la Facultad de Empresariales de la Universidad de Huelva: también le llevaron flores como promesas devotas. Después, los tunos rondaron de nuevo la puerta de la iglesia y repartieron sus tonadas por la calle Concepción ante la atenta mirada de decenas de ciudadanos.

Salían de la iglesia y entraba la Banda de Cornetas y Tambores Virgen de la Salud. Aunque estaba previsto que la banda musical interpretara los 'Gozos de la Inmaculada' (una pieza musical dedicada a la Virgen) cuando el reloj marcara su cenit en la mágica media noche y ante el monumento a la Inmaculada, finalmente se decidió adelantar este acto de la noche de vigilia y trasladarlo al interior del templo, iniciando una ceremonia que podría sentar precedente para los próximos años y a la que se sumó el obispo de Huelva, José Vilaplana.

Luego la fiesta se trasladó al cielo y una salva de cohetes acompañó a los tunos a través de la calle Méndez Núñez y hasta la Plaza Arqueológica. A los pies de la Inmaculada, miembros de la Comisión del Monumento como nuestro compañero Eduardo Sugrañes encendían velas para alumbrar a la imagen en la noche de vigilia.

Fieles y curiosos se arremolinaban en torno a la tuna dirigida por Rafael Infante, que arrojaba su capa a los pies de la Virgen y anunciaba que "este año cumplimos 25 años, nuestras bodas de plata, y nos encontramos realmente felices de que esta tradición de cantar a la Inmaculada se esté afianzando en Huelva". Entre el respetable se encontraban miembros del Consejo de Cofradías como Rafael Martín y Antonio Torres y otro centenar de ciudadanos.

Luego llegarían las Tunas de la Facultad de Derecho y la de la Politécnica de La Rábida, extendiendo los tradicionales cánticos hasta altas horas de la noche. Simultáneamente, en la iglesia de la Concepción se celebraba la tradicional vigilia de la Inmaculada, oficiada por el obispo de Huelva. De este modo llegaba a su fin una tradicional celebración que cada año congrega a más devotos en el centro de la ciudad, ganándose cada palmo de sus corazones con los dardos de la fe en la Purísima Concepción de María.

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