Torero en la plaza, torero en la vida

  • Banderillero

Lo que empezó como una afición se convirtió finalmente en su gran pasión y desde entonces el banderillero onubense Raúl Corralejo (24-03-79, Valverde del Camino) vive "por y para el toro", reconoce.

Fue su abuelo, un gran aficionado taurino, el que le adentró en este mundo. Siendo aún un niño, comenzó a entrenar y se plantaba delante de las vacas en algunos pueblos. Poco tiempo tardó en tomarse "muy en serio" aquella labor y todo porque le gustaba "demasiado", dice. Empezó a torear sin caballos, fue cuarto en el ciclo de Novilladas de la Fundación Andaluza de Tauromaquia en la edición de 1997 y justo al año siguiente debutó con caballos en Zufre. Acto seguido, intervino en varias novilladas con la mala suerte de que en la última sufrió una cornada. El camino se hizo más tortuoso para él, las corridas brillaban por su ausencia y Raúl optó por colgar la ropa.

Aquello le costó "casi una depresión", según declara él mismo, por lo que, tras un año en blanco, volvió a los ruedos, esta vez, como banderillero. Lo hizo junto al diestro Salvador Cortés, con el que dio "varias vueltas a España y Francia". El pasado año pasó a formar parte de la cuadrilla del Cordobés. Vivía un dulce momento profesional pero se vio truncado con la cogida más grave de su carrera. Aquel percance marcó un punto de inflexión en su vida. "He vuelto a nacer -dice- y voy a ser mejor banderillero que antes". De hecho, su principal meta es "ser una gran figura del banderilleo", afirma. Valor, ganas, pasión e ilusión no le faltan. "Estoy deseando de ponerme bien y prepararme físicamente para comenzar de nuevo al mismo nivel que estaba", dice, confiado en que eso ocurra la próxima temporada. Raúl ha hecho realidad un sueño que tenía de niño, "torear en plazas grandes como la de Madrid, Barcelona y Pamplona", pero le falta uno, ponerse el traje de luces en la plaza de La Merced de Huelva.

Junto al toro, otro de sus delirios es su familia. Le encanta disfrutar de su mujer Rocío y de sus hijos Francisco Raúl, de 6 años, y Samuel, de 16 meses. También le gusta la Semana Santa y se considera "un fanático" de su hermandad El Prendimiento. Con su Cristo asegura tener "una deuda pendiente, la de sacarlo, igual que él me sacó adelante".

A Raúl le gusta "ser buena gente", que lo es, y rodearse "de buena gente", que lo hace. De hecho, tiene "pocos amigos pero muy buenos", declara. Este onubense le da las gracias a ellos y a su familia por ayudarle a hacer un quite a la faena más dura de su vida.

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