"El 23 F me dijo Tejero, primero te mato y luego yo me pego un tiro"

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LA larga carrera militar de José Luis Aramburu Topete, su experiencia y su entrega a España, se verá vinculada siempre a su fidelidad a la Constitución, dedicándole uno de los mayores servicios en la jornada del 23 de febrero de 1981. Es, por tanto, uno de aquellos protagonistas, los que tuvieron que enfrentarse a todo lo que vino en las dieciocho horas más amargas de la Democracia española tras el grito de "¡Todo el mundo al suelo!". Lo mismo que los que quedaron sentados en sus escaños al oír los disparos en el hemiciclo, Aramburu Topete no mostró en ningún momento titubeo alguno. En veinte minutos estaba en el Hotel Palace, donde como director general de la Guardia Civil se hizo cargo del mando y dirección de los servicios montados tanto por este cuerpo como por otras Fuerzas de Seguridad del Estado para poner fin al asalto al Congreso de los Diputados. Estuvo en el interior para conminar a Tejero a que se rindiera, se tuvo que esperar hasta el día siguiente cuando Tejero se entrega a Aramburu Topete.

Está a punto de cumplir noventa años, será otro día 23, pero de este caluroso mes de julio. José Luis Aramburu Topete nació en 1918 en el paseo de Santa Fe de Huelva, "en el paseo del chocolate, como le decíamos". Recuerda esos detalles que siempre le han acompañado, aunque su niñez fue corta en Huelva donde estuvo viviendo hasta los tres años, pero el tiempo le dejaría tener una vinculación con la ciudad a través del contacto con la familia que queda, o más tarde con la llegada a Huelva de uno de sus nueve hijos que se instala como arquitecto, o sus playas como lugar de descanso en periodos estivales.

Su historia en Huelva comienza con el traslado a nuestra provincia de su padre, ingeniero de minas, nombrado director en Calañas de la Mina de la Torerera; su padre era de origen vasco y su madre de Sevilla. Los primeros años la familia vivía en la capital, hasta que con tres años José Luis se traslada con todos hasta la propia Mina de la Torerera, un tiempo en el que los juegos los comparte con los hijos de los mineros. Está aquí hasta los diez años cuando se examina en Huelva y se traslada por obligaciones de trabajo de su padre hasta Cáceres, allí estudiará Bachillerato y de ahí a Cataluña en el año 1932, siempre ligado al tema de las minas, lo que le lleva al propio José Luis Aramburu a decidirse por la carrera de Ingeniero de Minas para lo que se traslada a Madrid a estudiar, donde realiza el curso de ingreso. En aquel año de vuelta a Cataluña le coge aquí la Guerra Civil, él decide salir por Francia y llegar a la zona nacional, a Sevilla y de ahí al frente de Córdoba. Tras terminar la guerra ingresa en la Academia de Ingenieros de Burgos, accediendo así a la escala profesional, en 1941; la tradición familiar le llega por la Marina, de los almirantes Topete y Carrera. Asegura que "en la carrera militar hay cosas que atan muchísimo, hay más luces que sombras". Siendo capitán de ingenieros, en 1942, se alistó en la División Azul, obteniendo el mando de la tercera compañía del Batallón de Zapadores. En 1973 obtuvo de coronel el mando del Regimiento Mixto de Ingenieros número 9, de guarnición en la provincia del Sáhara, donde permaneció hasta la evacuación del territorio por parte española y su entrega a la ONU.

En 1975 ascendió al empleo de General de Brigada y fue nombrado jefe de ingenieros de la Segunda Región Militar. En 1979 ascendió al empleo de general de división y se le nombró secretario general de Política de Defensa. Un año más tarde, en 1980, fue nombrado director general de la Guardia Civil, hacía falta en la Benemérita una persona con el carácter, la experiencia y la fidelidad a la Democracia y a la corona como José Luis Aramburu Topete, y así quedó patente el 23 de febrero de 1981. Ese mismo año fue promovido al empleo de teniente general, continuando en su destino hasta 1983, fecha de su pase a la reserva. A lo largo de su carrera obtuvo 43 condecoraciones, de entre las que destacan la cruz de oro de la Guardia Civil, una Medalla Militar Colectiva, tres cruces de Guerra, cuatro Cruces Rojas al Mérito Militar, una Cruz de Guerra con palmas, dos Cruces de Hierro, una Cruz de las Águilas Alemanas con Espadas y la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica. El 4 de marzo de 2003 se reunió la junta calificadora para la concesión del premio en la Academia de Ingenieros bajo la presidencia del general Jesús Guerrero Chacón, inspector del Arma, acordando por unanimidad conceder el premio Ingeniero General Zarco del Valle al teniente general Aramburu Topete: "Por considerar que ha destacado de forma excepcional por sus virtudes militares y capacidad profesional, prestigio, constante disponibilidad, dedicación y eficacia en el servicio demostrados en los destinos que ha ocupado en las unidades de Ingenieros". El premio le fue entregado por Su Majestad el Rey don Juan Carlos I el 28 de octubre de 2003 en el salón noble de la Academia de Ingenieros, con ocasión de la celebración de los actos solemnes del Bicentenario de la Academia. Hay que señalar que Aramburu Topete fue profesor durante unos cursos de don Juan Carlos, siendo príncipe.

Asegura que en la carrera militar una de las cosas más fuerte, aparte del compañerismo, "es el servicio a la Nación, a España, eso cala muy hondo. Mucha gente no lo comprende pero los que hemos servido sabemos lo que es, y a pesar de todos los pesares eso siempre será así". Entiende que hoy no es que pese la carrera militar, "a la gente le cuesta el servir, el hacer cosas para todos y el egoísmo es lo que prima".

Su servicio en la Guardia Civil lo recuerda como un tiempo interesante, "muy duro, pero quizás el mando más bonito de los que existen". Pero no olvida los entierros de las víctimas del terrorismo. "Era el pan nuestro de cada día, los entierros que he tenido no se los deseo a nadie. La lucha contra ETA es de las cosas más dura que hemos tenido, y que tenemos aunque ahora estén más aplacados, pero entonces salíamos a entierro cada semana".

El 23 F se convirtió para él "un follón gordo, pero fue una chapuza". Ha tenido tantos momentos y tantas situaciones difíciles que "esta fue una más", lo que pasa es que quizás había características especiales desde el punto de vista militar y suyo personal, de la implicación de generales que eran amigos suyos, de pensar en que enfrente tenía amigos, "era una situación que no gusta a nadie".

"Puse el puesto de mando en el hotel Palace para controlar todo el Congreso y hasta que aquello se acabó no me moví de allí". Salió de la dirección general de la Guardia Civil y tardó 20 minutos en ponerse en el Congreso de los Diputados, "lo primero que hice fue decirle a Tejero que se rindiese, me contestó que primero me mataba y luego se pegaba un tiro. La cosa es que ni me mató ni se pegó un tiro, vi que aquello era cuestión de aguante y el que más aguantara se llevaba el gato al agua".

Hoy para él es una satisfacción el haber podido servir a España en muchos momentos importante como este que afianzó la Democracia. Vivir en este tiempo de libertades y con el Rey Juan Carlos I, dice que "es el camino que España debe de seguir, lo que ocurre es que hay gente de un lado y de otro que no saben por dónde tienen que andar".

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