SOS Bebés Robados pedirá a la Justicia el levantamiento de la fosa común

  • Los letrados de la asociación onubense solicitarán el estudio de los restos de fetos y neonatos enterrados en la sepultura general · Los afectados necesitan que los testigos de la época "venzan sus miedos y hablen"

SOS Bebés Robados Huelva no se rinde en su empeño por encontrar la verdad en este oscuro pasadizo de desapariciones de bebés en la provincia. Para llegar hasta el final del laberíntico entramado que esconde lo ocurrido con decenas de neonatos que se esfumaron en extrañas circunstancias de los hospitales onubenses, la asociación que representa en territorio onubense a más de 80 familias afectadas quiere que se investigue el lugar donde se guardan muchas respuestas y silencios sobre lo que ocurrió: la sepultura general del cementerio capitalino de La Soledad. Con el objetivo marcado de esclarecer los hechos, la asociación, a través de sus abogados, José Luis Orta e Isaac Maestre, solicitará judicialmente el levantamiento de la fosa común y su estudio, de la misma forma que ya se va a hacer en Cádiz o se ha hecho en País Vasco o Valencia. Los letrados aseguraron a Huelva Información que "los procesos judiciales verían la luz al final del túnel si se estudiara al detalle todo lo que esconde esta fosa común, descanso para algunos y vergüenza para otros".

En paralelo a los trámites de instrucción de cada denuncia y los casos abiertos, que siguen su curso en los tribunales onubenses, SOS Bebés Robados Huelva ha elaborado una investigación propia acerca de la sepultura general, lugar donde supuestamente están enterrados todos los bebés que murieron en Huelva en los últimos 60 años.

Se trata de un área cubierta de césped y una extensión que ronda los 50 por 15 metros ubicada en la zona izquierda del camposanto (aunque hay otras en el ala derecha aún por determinar), una zona acotada y salpicada de pequeñas tumbas -algunas con nombres propios, otras sin identificar- donde los enterradores de la época tenían órdenes de dar sepultura a aquellas criaturas que por razones económicas no podían costearse un enterramiento digno en una tumba.

Es un dato "sospechoso", teniendo en cuenta que la mayoría de las familias que perdieron sus bebés tenían seguro de deceso para cubrir los gastos del entierro y que los propios hospitales -Manuel Lois, La Merced e Infanta Elena, fundamentalmente- anulaban, haciéndose cargo en muchas ocasiones de todas las gestiones sin que los padres pudieran encargarse de ellas ni ver in situel entierro de sus hijos fallecidos. La única información que facilitaban era que los cuerpos de los bebés iban a recibir sepultura a los pies de cualquier finado ese día.

Para tal fin se escogió una zona del cementerio, allá por los años 60, que estaba libre de tumbas, a campo abierto, propicia para guardar los numerosos cadáveres que de algún modo no tendrían forma de encontrar su descanso.

Según la investigación de SOS Bebés Robados Huelva a la que ha tenido acceso este diario, las personas encargadas de esta misión durante aquellos años eran básicamente los Hermanos Fosores de la Misericordia, una congregación religiosa cuya vocación era la de cuidar que el cementerio estuviera en orden y que actuaban en Guadix, Jerez, Pamplona, Logroño y Huelva. En la actualidad sólo viven nueve miembros y ninguno ejerce en nuestra capital.

Su labor consistía, entre otras, en llevar al día el libro de inhumaciones y realizar personalmente los enterramientos, de ahí su importancia en este asunto, pues podrán aportar datos concretos de los actos que llevaban a cabo. Con el paso del tiempo se incorporaron enterradores de profesión sin vinculación a los Hermanos Fosores, todos testigos directos de los entierros. Estos últimos afirman, según la asociación, que jamás llegó al cementerio feto alguno en la caja mortuoria de un adulto, como se llegó a transmitir a algunos padres, "otra mentira más al saco de las falsedades que por norma se producía sistemáticamente". Por último están los propios empleados del camposanto de La Soledad. Hermanos Fosores, sepultureros y personal de funerarias "pueden ayudar a desenterrar las mentiras que pueblan el camposanto onubense".

Un ejemplo digno de resaltar es el de Antonio Jiménez, conductor de una funeraria de Granada cuyo testimonio confirma las dudas planteadas por los afectados: "Hacíamos los servicios de la compañía en el Hospital Materno Infantil. Me mandaban allí a recoger el supuesto niño y yo notaba que todo era blando, todo era algodón. Los trapos estaban muy llenos de sangre y lo lógico sería que se hubiesen secado. Estaban pillados con esparadrapo y no se veía nada, ni la cara ni la cabeza. El trámite era ir al médico del Registro Civil. Me extrañaba que en el certificado de defunción la huella del pie del niño fuese tan grande. Si se suponía que era un feto y por eso no era enterrado en un nicho sino en una fosa común, ¿por qué tenía un tamaño de meses? Me extrañaba que no hubiese nunca ningún familiar, pero como siempre iba con prisas no abrí ninguno para ver si había cadáver. Tenía que haberlos abierto". Los profesionales que aún viven son las voces de los que se enterraron y de los que no llegaron ni tan siquiera a la entrada del cementerio y "fueron vendidos a terceros".

Los féretros no están señalizados y la fosa debe albergar cientos de ellos. Pero "si nos centramos en investigar sólo a los recién nacidos, el número sería pequeño y accesible". Todo se complica "cuando existe auténtico miedo por parte de los que aún viven y fueron testigos del trasiego diario en el cementerio".

En este sentido, Esperanza Ornedo, presidenta de SOS Bebés Robados Huelva, asegura que "no entiendo el porqué de tanto silencio cobarde y a quién se trata de ocultar, necesitamos sus manos, sus recuerdos, para que nos guíen a desenterrar a los familiares para saber si realmente murieron. La verdad se encuentra en la fosa común". Y no va desencaminada. Un simple ejercicio de lógica nos lleva a encontrar la respuesta a todos los casos judiciales abiertos en dicha sepultura general: "Si están los bebés robados, asunto archivado; de lo contrario, tendríamos una certeza vital: nunca murieron". Para los afectados el apoyo de todas las instancias es imprescindible para dilucidar lo que ocurrió: por una parte, de los testigos de aquella época "y nuestra necesidad de que venzan sus miedos y hablen"; por otra, de la Justicia, de la que requieren "un apoyo incondicional que no se escude en formalismos para archivar tanto dolor".

Pero como ocurre con este tema desde su origen, el asunto no va precisamente como la seda. Los escollos se suceden y se necesita una orden judicial previa para iniciar las exhumaciones. El respaldo de jueces y fiscales en esta dolorosa causa "es necesario para dar un paso más en buscar la verdad". La asociación quiso pedir públicamente a través de este rotativo el apoyo del fiscal jefe de Huelva, Jesús Jiménez Soria, "para investigar la fosa común con todas sus consecuencias", y requirió al Servicio de Atención a la Familia de la Policía Nacional (SAF) que refuerce su iniciativa de pedir el levantamiento.

Hay que tener en cuenta que la mayoría de las víctimas está conformada por padres de avanzada edad que sólo pretenden saber qué ocurrió realmente con sus hijos, localizarlos y decirles que nunca los abandonaron para poder morir en paz. El fin que se persigue en última instancia es ayudarlos a encontrar sus verdaderas raíces y que puedan tener la libertad de poder elegir, algo que no pudieron hacer cuando les arrancaron del vientre materno. Uno de los afectados en Huelva falleció recientemente sin poder cumplir el sueño de poder abrazar al hijo que trajo al mundo. "Se merecen una oportunidad, por dignidad, por respeto a tanto sufrimiento, porque parieron para disfrute de otros y porque ya es hora de que se les ayude a encontrar la verdad".

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