Redescubriendo al padre Laraña

  • lLa desaparición del viaducto de la avenida de Cádiz da la oportunidad a recuperar y ampliar la calle dedicada al jesuita

  • En los años cincuenta tenía su "quinta columna" en todos los talleres

Aveces cuando menos se esperan las cosas se recuperan grandes espacios y lugares, pero lo más importante es que en este caso aparece unido a una figura muy carismática: el padre Laraña -José María Laraña Álvarez-Ossorio-. No es que recupere su calle, rotulada en 1968, sino que se le da a esta la dignidad de una gran vía que estará conectada con el futuro de la ciudad, la nueva estación de Huelva y el Ensanche. La desaparición del viaducto de la avenida de Cádiz abre un nuevo espacio al estar antes interpuesto en la misma calle, dejando libre de ella solo los laterales.

Los alumnos del padre Laraña son los que pudieron trabajar con dignidad en los talleres de la Rio Tinto y más tarde del Polo Industrial de Desarrollo; en sus aulas se formó la nueva Huelva, una clase obrera con la impronta de los jesuitas.

Puso en marcha los Estudios Politécnicos, todo un referente educativo en Huelva

Esperemos que lo mismo que ahora el padre Laraña recupera su calle, la ciudad recupere al padre Laraña. Porque en la mayoría de las ocasiones los nombres en los callejeros son una forma de recuerdo a personajes claves de la vida de nuestra ciudad, pero pasado un tiempo caen en el olvido.

Esta es una ocasión ideal para recordar y reivindicar la figura de una persona clave en la sociedad de Huelva. Un jesuita que supo poner en el mejor camino el sueño de Carlos Díaz y Franco de Llanos, que dejó su hacienda en plena Alameda Sundheim para crear en ella un centro escolar cuando falleciera su esposa. Sin embargo ésta, Concepción Montes del Castillo, quiso ver en vida la idea de Carlos Díaz y la puso en marcha.

En 1947 llegó el padre Laraña a Huelva cuando no llevaba dos años de su ordenación, comenzaba el grupo de la escuela primaria y permaneció en nuestra ciudad hasta 1960. Le inquietaba "el futuro de los chicos cuando salieran de la escuela", manifestó en una de las entrevistas publicadas en Huelva Información. Así, "del cariño que los chicos me inspiraban, me surgió la idea de hacer algo profesional, mirando al futuro de ellos". Recordaba en la misma entrevista que "con más audacia que conocimiento y con escasez de medios, iniciamos una escuelita, en un taller que montamos en un viejo y destartalado invernadero que había en la finca".

La clave fue su cercanía y su calidad humana, apoyado en el cariño que encontró en Huelva, como siempre agradeció. Los onubenses fueron bastante receptivos a los postulados del padre Laraña. Estaba en todas partes, desde la asesoría eclesiástica de sindicatos a los quinarios de hermandades como la del Nazareno, donde puso en marcha la idea de un comedor social para hijos de obreros parados que se consolidaría como el Virgen de la Cinta; lo puso en marcha en la calle Aragón con las Hijas de la Caridad. Solía acudir mensualmente a varias empresas a dar charlas, "contaba en ellas como con mis quinta columna, que eran los antiguos alumnos del Politécnico que ya se habían colocado".

Para muchos eran los Estudios Politécnicos del Padre Laraña, él puso en marcha el gran centro profesional, que más tarde se ampliaría y hoy constituye un centro clave en el panorama educativo.

La clave de la actuación del padre Laraña estuvo en que procuró siempre no solo formar técnicos y profesionales, también le inquietaba sobremanera formar hombres, hacer personas. "En ello -reconocía- gaste muchas, muchas horas, modelando de tú a tú a los futuros hombres del mañana".

En 1994, a los 83 años, recogió la medalla de Huelva concedida al Colegio Safa Funcadia, heredero del antiguo Madre de Dios en el cincuentenario del centro, convirtiéndose el acto en un cálido homenaje a su trayectoria. Tres años después era nombrado hijo adoptivo de Huelva, aunque por motivos de salud no pudo asistir a aquel homenaje celebrado en el patio del Ayuntamiento.

La asociación de antiguos alumnos promovió en 2006 un monumento que se encuentra en los jardines del colegio.

A lo largo de su vida recibió muchos reconocimientos pero en especial tuvo siempre el afecto de Huelva. Era humilde ante tantas muestras de cariño y decía que "no he sido más que un monaguillo de Dios".

La apertura de la calle ahora remozada ofrece una magnífica oportunidad para redescubrir al padre Laraña; para darlo a conocer a las nuevas generaciones, más allá de lo que puedan ser los alumnos del Safa Funcadia, herederos del Madre de Dios y los Estudios Politécnicos.

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