Razones y sentimientos

Una vez más hemos de lamentar que el estreno de esta película se haya hurtado a los espectadores de la capital. No es que pidamos un privilegio, pero no deja de ser una lástima que ante la primicia de películas tan importantes como ésta, los buenos aficionados onubenses se vean obligados a desplazarse, en este caso a Islantilla para ver un film que no se estrena aquí. Lo lógico es que pueda verse en cualquier lugar y facilite su exhibición a todos los que, seguramente sentían curiosidad por esta bella película. Pero eso ocurre con otros títulos como ya iremos viendo en nuestras críticas.

Casi simultáneamente se han estrenado en España tres películas relacionadas de una forma más o menos directa con Afganistán, país muy conflictivo y siempre en tensión estos días. La guerra de Charlie Wilson, Buda explotó por vergüenza -que afortunadamente veremos en el Gran Teatro de Huelva el 27 de mayo próximo - y ésta que ahora nos ocupa, en la que también los protagonistas son los niños. Un film que con la marca de Hollywood y ciertos signos de esa empeñada progresía de diseño de la que tanto abusan ciertas tendencias del cine y el arte en general, tiene razones y sentimientos que saben expresarse en bellas imágenes para hablarnos de injusticias sociales y otros desmanes de nuestro tiempo en zonas de ardiente zozobra política.

Estados Unidos en la época de los noventa, Afganistán en los años anteriores a la invasión soviética y más tarde los tiempos de la barbarie talibán, son los momentos que sirven de marco a la historia de un joven de Kabul exiliado en América, que vuelve a su país unos días para intentar solucionar una cuenta pendiente de su pasado. A través de este hombre, que retorna buscando el perdón de sus pecados de niño, mediante la rememoración de sus recuerdos de infancia, los espectadores comprobamos como era la vida en la capital afgana a finales de los años setenta y conocerá a dos niños. Uno permanecerá en Afganistán, el otro se exiliará con su padre.

Con el excelente trabajo de dos intérpretes no profesionales, Marc Forster, ha articulado el excelente guión de David Benioff, basado en la novela de gran éxito editorial de Khaled Hosseini, con un evidente sentido cinematográfico, dividiendo el relato en dos fases que se presentan al espectador a base de largos "flash backs", correspondientes a las implicaciones autobiográficas del escritor, que, en cierto modo, parece ofrecernos una visión un tanto suavizada de la realidad de su país. El realizador incide, sin embargo, en los aspectos más sentimentales de la historia, dejando a los personajes a la intemperie del esquematismo.

No obstante el excelente contenido argumental con el que contaba Marc Forster ha sido estructurado con calidad y estilo bien definido por el realizador, logrando tanto el interés de los espectadores como un agudo escalofrío en ciertas ocasiones, consecuentes con la tensión que acumulan los hechos y las circunstancias más conmovedoras de la situación de una notable evidencia trágica, matizada por rasgos más líricos aunque de excesiva duración como los concursos de cometas.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios