Planificada pesca del besugo

  • Un grupo de investigadores de la Universidad de Huelva determina la evolución de las capturas del voraz y la biomasa en el Estrecho de Gibraltar

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Planificada pesca del besugo

Un grupo de investigadores de la Universidad de Huelva (UHU) ha levantado la voz de alarma por la situación que atraviesa el besugo o voraz en el Estrecho de Gibraltar del que depende la inmensa mayoría de la flota de Tarifa (Cádiz) así como en menor medida, las de otros enclaves de esa provincia y del norte de Marruecos.

El proyecto realizado, de un año de duración, ha sido beneficiario en la convocatoria de ayudas para la realización de actividades en el ámbito de la biodiversidad terrestre, marina y litoral de la Fundación Biodiversidad del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente.

El objetivo ha sido desarrollar un sistema de apoyo a la toma de decisiones que mediante la simulación de la estructura, abundancia y biomasa de la población del voraz en el Estrecho de Gibraltar, permita evaluar la influencia de los efectos ambientales y su incidencia sobre la actividad pesquera de la zona.

Para el estudio que tiene por título Herramienta para la gestión pesquera sostenible en distintos escenarios ambientales y climáticos para el área del Estrecho de Gibraltar (SimFish), el equipo dirigido por Juan Carlos Gutiérrez y completado por Inmaculada Pulido y Víctor Sanz, ha desarrollado un programa informático llamado SFish 1.1 Subclass que ha tenido en cuenta un buen número de parámetros para observar cuál es la evolución de la biomasa de la zona y en cada caso, comparándola con el nivel de capturas del besugo. Con este programa, los investigadores pertenecientes al Grupo de Análisis y Planificación del Medio Natural de la Universidad de Huelva, han barajado miles de simulaciones con el juego de esos distintos parámetros. Todas las simulaciones consideradas coinciden no obstante en marcar una misma evolución: cuando se registra mayor número de capturas, comienza una disminución de la biomasa y esto coincide con un cambio en las condiciones ambientales marcado especialmente por la modificación en la temperatura del agua. Queda demostrado por lo tanto que una etapa con más capturas y menos biomasa concurre con un cambio brusco de régimen ambiental. Es ahí quizá donde haya que incidir de cara a ejecutar unas políticas que permitan la supervivencia de la especie en esta zona y por ende del sector extractor que depende de ella, ya que con menos biomasa la recuperación de la especie resulta más complicada.

La captura del besugo arrancó de manera importante con el inicio de la década de los 80, cuando se comprobó que se trataba de una especie muy rentable por los precios que alcanza en el mercado. Eso invitó a una importante extracción en los primeros años que se fue recortando para no acabar con los caladeros de esta especie autóctona, pero de la que aún hoy en día se desconocen muchos parámetros acerca de su comportamiento. Desde esa década de los 80 hasta la actualidad, se perciben dos momentos álgidos de buenas capturas que corresponden a los periodos que van de 1994 a 1997 y de 2007 a 2010. La situación a día de hoy no es para lanzar cohetes.

La merma de los recursos de esta especie hace que en la actualidad haya una cuota máxima de 130 toneladas al año -en el año 1994 se llegaron a extraer hasta 900 toneladas- mientras que la medida mínima de cada ejemplar tiene que ser 33 centímetros. Un problema adicional es que en Marruecos la legislación no es tan exigente como en España. Tanto a Gutiérrez como a Sanz, los miembros de la Cofradía de Pescadores de Tarifa les hicieron partícipes en una reunión que mantuvieron recientemente, de su preocupación por la escasez de recursos que "no les hace casi rentable salir a faenar". De hecho están pidiendo licencias para la captura del atún, que al contrario del voraz, está pasando por un buen momento.

La especie que se pesca en el Estrecho de Gibraltar es la misma que la que frecuenta el Cantábrico. Como ya se ha comentado, el voraz aún mantiene grandes secretos. Un mayor conocimiento permitiría una mejor conservación. Sí se sabe por ejemplo que es un pez longevo, que puede llegar hasta los 16 años de vida. También hay que tener en cuenta que en la mayoría de los casos sus individuos son hermafroditas. Para que alcance esos 33 centímetros legales hay que esperar 4 o 5 años. Ese período suele coincidir con el cambio de sexo en el que pasan de machos a hembras, de manera que hay peligro de realizar las capturas únicamente de ejemplares hembras, lo que añade un problema adicional a su conservación.

Juan Carlos Gutiérrez insistió en el hecho de que los dos períodos de gran pesca coinciden plenamente con las simulaciones proporcionadas por el modelo en el que se da un mínimo de biomasa y un inminente cambio de régimen ambiental. Quizá una manera de hacer confluir los intereses de los pescadores y la supervivencia de la especie sea tener en cuenta la componente ambiental en su gestión.

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