Expertos reconocen que la Cuenca necesita de un estudio arqueológico

  • Los autores del libro reclaman una mayor atención al potencial de la zona minera

Desde la época de los ingleses en Riotinto el interés por el patrimonio histórico fue una constante, así lo destacan los autores de libro, quienes recuerdan que la mentalidad victoriana de los directivos británicos puso a salvo la mayor parte del material arqueológico, y se creó para ello un pequeño museo arqueológico en la barrida de Bellavista, lo que permitió salvaguardar la mayor parte de los hallazgos. A veces la aparición de material arqueológico no era fortuita, sino que se buscaba intencionalmente para acrecentar los fondos museográficos; así sucedió cuando comenzaron a aparecer las primeras tumbas romanas junto a la aldea de La Dehesa, y se comprobaron los hallazgos que se entregaban al museo. La excavación de tumbas romanas se convirtió en un incentivo al dinero que se ganaba en los tajos de la mina, y muchas veces eran realizadas por niños, que obtenían algunas ganancias con la excavación del extenso cementerio romano y con la recolección de piñas en los terrenos de la compañía. Pero la mejor contribución de la compañía a la historia de la minería en Riotinto se originó por la alta competencia de su personal técnico, que dedicó muchas de sus horas libres al estudio de los restos romanos.

Hoy las posibilidades arqueológicas de la zona son muy importantes y así lo ponen de relieve los autores del trabajo, con una atención especial a los yacimientos arqueológicos de Cerro del Moro, en Nerva, y Corta Lago, en Minas de Riotinto, que permitan conocer todo lo que aun guarda este depósito arqueológico. Uno de los datos más interesantes están en el hecho de que el Cerro del Moro se presume como un lugar relevante como acuartelamiento militar. Este ofrece todo un conjunto de materiales que expresan cuál fue el trasfondo por el que se rige la reforma de la administración de las minas en época de Augusto y del papel que desempeñó el ejército en la misma, tanto en la organización de las cuencas mineras como en la creación de un sistema de comunicaciones desde y hacia cada uno de los distritos mineros. Entre los hallazgos está el famoso jabalí de Riotinto, un signo legionario desde época republicana.

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