Exotismo, colorido y mucha música

  • El grupo indio Shilpagya y el Conjunto Estatal de la República de Mari El inauguran la extensión del Festival Internacional de Danzas de Villablanca · El Muelle de las Carabelas acoge este ciclo culturall cosmopolita Nueve grupos procedentes de todo el mundo participarán en La Rábida.

La extensión del Festival Internacional de Danzas de Villablanca dio comienzo ayer en el Muelle de las Carabelas con las actuaciones de grupos procedentes de dos países tan dispares como la India y Rusia. En ambas representaciones, los espectadores pudieron disfrutar de las danzas folclóricas típicas esos lugares.

La actuación del grupo indio Shilpagya, que abrió el ciclo, se caracterizó por los cálidos colores de su indumentaria y por los pies descalzos de sus componentes. Los hombres portaban en sus muñecas pañuelos que daban a sus bailes un gran dinamismo. Además, realizaban acrobacias que, unidas al colorido, dotaban al espectáculo de gran belleza. Por su parte, las mujeres, ataviadas con el sari tradicional, añadían la gracia y el exotismo con movimientos más reposados y complejos.

La música con la que el conjunto realizó su baile se basaba en ritmos sencillos al son de percusiones típicas y de las palmas con las que los danzantes marcaban la coreografía a seguir.

El grupo, compuesto por seis bailarines y tres músicos, supo ganarse a los asistentes, incluso los hizo participar en un último baile en el que se mezcló la coreografía con un sencillo juego, ya que los improvisados bailarines eran niños de entre 5 y 14 años.

Posteriormente tuvo lugar la actuación del Conjunto Estatal de Danzas de la República de Mari El, procedente de Rusia, compuesto por un nutrido grupo de bailarines de todas las edades y acompañados por una orquesta formada por diez músicos. Esta compañía contaba con un amplio despliegue instrumental. Como curiosidad, destacar que se pudo disfrutar del dulce sonido de la balalaica, característico instrumento ruso.

Durante la actuación, que se extendió durante más tiempo del previsto, se pudo comprobar cómo los componentes del conjunto cambiaban sus ropas en función de la danza a interpretar, disfrutando así de un amplio despliegue de trajes tradicionales en los que se mantenían como constantes los tocados femeninos, cubiertos de monedas, y las botas y pantalones característicos que lucían los hombres.

En sus bailes, el compás venía marcado por el taconeo y los gritos de ánimo que se intercambiaban entre ellos, llamando de esta manera la atención del público.También ellos interactuaron con el público, bailando un vals con una de las asistentes al evento.

Esta actividad contó con gran afluencia, tanto de onubenses como de turistas procedentes de diferentes puntos de España, que completaron el aforo.

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