Detrás del informe francés

  • El Consejo de Seguridad Nuclear tiene ya resultados del último estudio sobre el cesio-137: niega que haya fuga radiactiva alguna al Tinto l Fertiberia aún aguarda la respuesta de Costas

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EL informe del laboratorio francés Criirad sobre los fosfoyesos en las marismas anejas a la ciudad ha respondido a las expectativas de quien lo encargó, la organización ecologista Greenpeace. La entidad verde auguraba resultados "escandalosos" y así se podrían calificar las declaraciones de uno de los responsables del estudio (una entidad sin ánimo de lucro, que tiene como objetivo informar sobre la radiactividad y sus consecuencias). Sustancias "cancerígenas", alerta de los efectos sobre los trabajadores o el aviso sobre la presencia de la sustancia que mató al espía ruso Litvinenko (Polonio 210) levantaron la alarma sobre la amplia superficie de 1.200 hectáreas ocupada por los fosfoyesos, revegetada o no.

Ante estas declaraciones, la reacción ha sido rápida: el Consejo de Seguridad Nuclear negaba las declaraciones ecologistas, afirmando que todo está correcto, aunque en medio del elevado volumen de información se quedaba algo atrás: el resultado de los últimos análisis del CSN sobre el centro de recuperación de inertes número 9, el lugar en el que se depositaron las cenizas de Acerinox contaminadas con cesio-137.

Greenpeace fue precisamente la que lanzó la voz de alarma sobre supuestos escapes de cesio al río Tinto con la puesta en escena de una recogida de muestras comunicada a los medios, a los que se explicó que el cesio llegaba al río por las escorrentías desde las marismas de Mendaña, algo que se repetía en el informe francés. Sin embargo, el último estudio del CSN niega esa aseveración: según éste, los resultados "reflejan que la zona afectada permanece circunscrita a las proximidades de los frentes de inertizado, no alcanzando las zonas exteriores al CRI-9, como muestran los valores máximos obtenidos en las muestras de agua y de sedimentos de zonas naturales del río".

Es decir, que el cesio-137 está ahí, pero el Consejo de Seguridad Nuclear niega que se esté produciendo escape alguno, sino que la situación está tal y como debería de estar: con las sustancias presentes pero controladas, con valores de este isótopo en agua inferiores o similares al umbral de detección. Algo similar ocurre con la radiactividad y la presencia de diferentes sustancias en los fosfoyesos: el organismo asegura que los estudios que controlan tienen en cuenta "todos los días del año y todos los isótopos" y señala que el posible impacto sobre los trabajadores y cualquier ciudadano "se sitúa claramente por debajo de los límites fijados en la normativa vigente". De nuevo se rechaza el daño, aunque se reconoce la necesidad de mantener las restricciones de uso de unos terrenos en los que, por ahora, sólo hay residuos.

Mientras la polvareda se levanta una vez más sobre los fosfoyesos se espera la respuesta de la Dirección General de Costas al plan propuesto por Fertiberia: nueve años para cerrar las balsas y revegetar la zona. Mientras eso ocurre, y probablemente después, permanecerán en el eje de la polémica medioambiental.

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