Cae uno de los símbolos de La Antilla

  • Los propietarios del Lolo Tejero cifran los daños en más de 120.000 euros

Si hay un lugar que personifica el desastre que ha supuesto Emma para la costa onubense sin duda se trata del Lolo Tejero, un emblemático chiringuito de la playa de La Antilla que ha quedado completamente arrasado por el temporal después de casi 50 años ofreciendo a sus clientes lo mejor de la gastronomía marinera de la provincia.

Sus propietarios, el matrimonio formado por Manuel Dacosta (Lolo Tejero) y Jone Mudelaga recuerdan un fuerte temporal en el año 1989, pero "este ha sido mucho más violento".

Después de 50 años dan por perdida incluso la época anterior al verano

El mar se ha llevado por delante toda la terraza, el comedor y el muro de contención de la instalación, causando daños que sus propietarios cifran inicialmente entre 120.000 y 140.000 euros, después de que "lo teníamos preparado para esta nueva campaña: luminarias nuevas, todo pintado, el techo de la cocina nuevo…, y ahora tendremos que empezar de nuevo".

"Lo hemos pasado estos días muy mal, con mucha impotencia, no hay nada que frene la fuerza del mar, es imposible. Rompe y vuelve a romper con la llegada de cada pleamar", señala con los ojos vidriosos Mudelaga, que confiesa haber "llorado mucho de impotencia".

Igualmente aseguran que la Semana Santa y el resto de la pretemporada veraniega están perdidos, pero en un encomiable alarde de optimismo Dacosta asegura que "esto hay que arreglarlo sí o sí para poder abrir a finales de junio o principios de julio, y para eso ya se pedirá dinero al banco".

En este sentido han querido lanzar un mensaje de tranquilidad a las 18 familias que viven del establecimiento, los cuales "sabemos que están con una enorme incertidumbre". Pero "con ilusión se saca todo hacia adelante y estamos convencidos de que este verano, como todos, trabajaremos todos muy duro aquí sirviendo la paellita, el arroz marinero, las sardinas y las coquinas de Huelva. No queda otra".

Por otra parte señalan que lo más importante de todo esto es que no ha habido que lamentar daños personales: "todo ha sido material, y eso se arregla" apunta Mudelaga, a lo que Dacosta añade lo agradecidos que están con el pueblo de Lepe, ya que "fueron muchos los amigos, familiares y vecinos que se volcaron ayudándonos a sacar del chiringuito todos los enseres y mobiliario que se podía en los peores momentos del vendaval".

"No me ha matado una grave enfermedad que acabo de superar en la sangre y los huesos -concluye Dacosta-, y esto tampoco me va a matar porque voy a seguir luchando".

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios