Antonio León Ortega, la huella de cien años en el arte de un imagineroDe Bellas Artes en Madrid al Taller de San CristóbalReconocimiento permanente en la Escuela de Artes y Oficios en Huelva

  • Como pastor se dedicaba a cuidar de los animales en la finca en la que trabajaba su padre cuando aparece en él un interés por la escultura. La dueña de la finca, Pilar Garcés, será su mecenas y es becado por DiputaciónEstudió en Madrid con una beca de la Diputación Provincial de HuelvaCargado siempre de un estilo de sencillez marcado por su espíritu franciscano de la vida

Antonio León Ortega nació en Ayamonte el 7 de diciembre de 1907, pasó su infancia y primera juventud en el campo, como pastor. En sus largas horas de contacto con las formas naturales, se dedicaba a hacer figuras con las cortezas de los alcornoques y las raíces de las adelfas, valiéndose sólo de una navajilla. Una ternera, una cabra, la cabeza de un caballo, unos cerditos y un pastor fueron sus primeras obras. Después fue un cristo crucificado. Llamó la atención su habilidad a quienes le conocían, y con una beca de la señora Pilar Garcés, dueña de la finca donde había nacido y se había criado, y una posterior ayuda de la Diputación Provincial de Huelva, marchó a Madrid el 17 de octubre de 1927, sin cumplir aun los veinte años, siendo incluso noticia en la revista ilustra 'La Esfera', una de las difundidas del momento. En sus cinco años en Bellas Artes de Madrid se formó técnicamente.

La sencillez y austeridad de su persona, su profunda religiosidad sin afectación y el origen artesanal de sus comienzos marcan el carácter de su escultura. Guiado siempre por un afán de aprender, de gozar de la belleza plástica, de depurar la forma, aspiró a volver a Madrid tras la guerra civil para trabajar con Capuz, que además de director de la Escuela de Artes y Oficios trabajaba como dibujante en los talleres de arte del P. Granda. En su época madrileña realiza una escultura modernista propia de los años veinte, muestra de esta son el Retrato de Luna que se encuentra en el Museo Manuel Bendito y el retrato de Trinidad Navarro en Ayamonte, entre otros.

Pero el encuentro con Joaquín Gómez del Castillo le hizo quedarse en Huelva, fallecido éste le deja como único escultor en Huelva. La enorme demanda de imaginería para cubrir los huecos dejados en las devastadas iglesias después de la guerra civil retiene a León Ortega en Huelva definitivamente. De su trabajo continuo, infatigable, es testimonio la enorme cantidad de imágenes que reciben culto en las iglesias onubenses.

En esos 46 años de duro trabajo realiza más de cuatrocientas obras, entre pequeño y gran formato, en madera, barro, piedra, bronce y otros materiales. La obra religiosa la elabora con boceto previo en barro y esculpida en madera de forma directa con gubia y mazo, a la manera tradicional de la imaginería española que había aprendido de José Capuz y de Juan Adsuara en su época madrileña.

Realiza una gran parte de las imágenes de la Semana Santa de Huelva y Ayamonte y de numerosos pueblos de las provincias de Huelva y Badajoz y tiene otras obras religiosas y civiles en Sevilla, Cádiz, Málaga, Cáceres, Salamanca, Pontevedra, Madrid, Bélgica, Estados Unidos, etc., así como muchas otras de pequeño formato pertenecientes a coleccionistas privados de España y América. En cincuenta años de trabajo realizó más de 400 obras, entre pequeño y gran formato.

León Ortega es uno de los escultores más serios, rigurosos y personales del siglo XX español, creando un estilo propio inconfundible. Este imaginero consigue sus mejores obras en los grupos escultóricos -el Descendimiento de Huelva es su obra cumbre donde consigue aunar la fuerza expresiva de Berruguete con la dulzura andaluza de su estilo- y en los crucificados -el Cristo de la Sangre de los Estudiantes es de una elegancia y belleza singular en la imaginería española-.

Además destacan en su producción de manera muy especial el Yacente, el Cristo del Perdón, el Ángel de la Oración, el Señor de la Borriquita, Jesús de las Tres Caídas, Cristo de la Victoria, el Cristo de la cabecera para la parroquia de la Purísima Concepción -hoy en la ermita de la Soledad- y la Virgen de las Angustias en Huelva; junto a estas imágenes también destacan Pasión, el Yacente de las Angustias, el Cautivo y el Cristo de las Aguas en Ayamonte y el Nazareno de Beas.

Difícil sería recoger una entre tantas obras, es difícil separar el conjunto y necesario su análisis en sus momentos. A León Ortega se le preguntó en una ocasión que de cuál de sus obras se sentía más satisfecho: "Es muy difícil juzgar la obra de uno, por eso prefiero no opinar de mis trabajos, aunque reconozco que unos son mejores que otros. Salvo los genios, que todo lo que hacen es bueno, la obra de los demás está llena de altibajos, pero en todos los casos es fruto del trabajo, esfuerzo, estudio y dedicación. De todas formas, me quedo con El Descendimiento, en la iglesia de San Pedro, por la magnífica composición de las imágenes".

Como escultor se dedicó preferentemente a la imaginería, además de por ser una especialidad que desde siempre le atrajo, porque se siente fuertemente motivado por sus intimas y fuertes convicciones religiosas mezcladas con una inquietud social que le sitúan en el área del cristianismo más comprometido.

En su trabajo decía que le interesaba más la expresión de las imágenes que la forma y hablaba de la Virgen de las Angustias del Santo Entierro con verdadera pasión: "Se observa a un Cristo muerto en los brazos de su Madre; me maravillan el rostro del Hijo y la expresión patética de la Madre".

Sobre esta imagen daba unas pinceladas más en otra ocasión que hablan de cómo llegaba a conseguir esa obra. Cuando se ponía manos a la obra, primero preparar el boceto en barro y luego pasarlo a la madera, "para ello me inspiro en todo, no en una cosa concreta y sobre todo en el sentimiento religioso que te mueve esa determinada imagen que tu vas a realizar. En el caso de las vírgenes me suele inspirar la visión de la mujer, como es el caso de la Virgen de los Ángeles, que es una prima de mi mujer, pero, sin embargo, lo más importante es hacer una especie de ejercicio espiritual, vivir hacia dentro el Misterio y vivirlo intensamente, después sólo queda ponerse manos a la obra".

Sus primeras obras religiosas tienen un sabor barroco, pero luego conforma un estilo personalísimo que no es otro que la depuración de un clasicismo hacia formas cada vez más aligeradas de trazo y ornamentación, huyendo de forma intencionada del barroquismo, buscando una fusión de las imaginerías castellanas y andaluza lo que para él significa lograr la esencia de la escultura con el mínimo material expresivo posible. Siendo un virtuoso del modelado y de la escultura crea imágenes de gran belleza, sencillez y dulzura.

La simplicidad en las formas sin rasgos truculentos, forzados o formas ampulosas o retorcidas, es una constante en la escultura de un hombre sincero con su obra y tiene su carácter. Las figuras demasiado afectadas y barrocas no son precisamente una característica suya, ya que se identifica más con lo clásico y reposado, aunque no por ello evita crear énfasis en aquellos elementos en los que era necesario expresar algo o resaltarlo, alargándolo o deformándolo, o como dicen los escultores, 'desdibujar dibujando' con un sentido y una lógica.

Sus manifestaciones, nacidas de un auténtico corazón de artista creyente, brotan con absoluta sinceridad y nos resumen por sí mismas el significado de su obra: "Me preocupo más del espíritu que de la forma... Procuro tener siempre el espíritu como motivo principal, que la Virgen o el Cristo que tallo inviten a que se les rece una oración. Por encima de la forma, quiero la expresión. Siempre me ha gustado mucho la austeridad de la imaginería castellana. Va a mi temperamento y por eso, aunque respeto el barroco andaluz, trato de dar el mismo sentido de austeridad a mi obras y a mi vida".

León Ortega se forma en Madrid entre los años 1927 a 1934, cursando estudios de Escultura y de Profesorado de Dibujo en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, hoy Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Entre sus maestros se encuentran Mariano Benlliure, José Capuz, Manuel Benedito y Juan Adsuara, con quien trabaja durante una etapa. En estos años bebe además de las fuentes de la imaginería castellana, estudiándola en Valladolid, siendo su referencia preferente Gregorio Fernández.

Llega a Huelva y desde 1938 se incorpora al taller de la calle San Cristóbal, el gran caserón del arte de la ciudad, allí comparte estudio con el pintor Pedro Gómez, junto con Paco 'El tallista' y su hermano Miguel Hierro Barreda, autores de innumerables retablos y pasos procesionales. Un taller que se convierte en escuela informal de artistas que viene a ser el ateneo de las artes y de las humanidades en la Huelva de la época, frecuentado por casi todos los artistas que viven o pasan por la ciudad, así como por poetas, médicos, escritores y periodistas. Obligado el cierre del taller para convertirse en el Cine Emperador, León Ortega se traslada a un nuevo estudio en la calle Médico Luis Buendía, a los pies del cabezo, cercano a la Catedral de la Merced. Allí sigue su amplia producción artística, hasta que en el año 1985 una enfermedad le aparta de toda actividad. Falleció en Huelva el 9 de enero de 1991.

Su espíritu de sencillez, de marcado sentido franciscano, fue el que quedó reflejado de alguna forma en su obra. No buscó nunca los aplausos, sí el arte honrado jugando así para que sus obras movieran los corazones devotos.

Este espíritu de sencillez se vio recompensado por el afecto que siempre se le tuvo al maestro León Ortega. Reflejado, de alguna forma, en homenajes concretos como el tributado por la ciudad de Huelva en 1952, las cofradías en 1978, o la Delegación de Cultura, en 1982. Sin olvidar la petición de una calle con su nombre junto a su estudio de la calle Médico Luis Buendía, que solicitaron los vecinos. Había recibido también el Onubense del Año de Huelva Información en 1984, por votación de sus lectores. León Ortega le dará también nombre a una casa de cultura y a una calle en Aljaraque y a una plaza en su localidad Natal, Ayamonte.

El recuerdo académico está en la Escuela de Artes y Oficios de Huelva que lleva su nombre. Como escultor había dedicado también una atención especial a la enseñanza en el taller de la delegación de Cultura, en lo que sería el embrión de la actual Escuela de Arte León Ortega, impartiendo clases de dibujo y modelado. Pero sin duda también hay que destacar la presencia y vigencia de su arte imaginero, que sigue presente en iglesias como museos permanente de sus obras, cercana a todos y en especial a los devotos para los que fueron esculpidas, como las imágenes procesionales de Semana Santa, que siguen cautivado pasiones en sus anuales salidas en muy diversas ciudades.

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