Almonte recibirá en primavera a 300 trabajadores filipinos

  • La presidenta de Filipinas, Gloria Macapagal Arroyo, inauguró junto al alcalde, Francisco Bella, un centro cultural que recuerda el sitio de Baler, el templo que acogió la última resistencia española del 98

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La presidenta de la República de Filipinas, Gloria Macapagal Arroyo, selló ayer en Almonte su voluntad de cooperación social, cultural y económica con España. Y lo hizo durante el acto inaugural de una réplica de la ermita de Baler, el templo que acogió en 1898 a 'Los últimos de Filipinas', el grupo de 33 soldados españoles que aguantó estoicamente el asedio de las tropas tagalas que luchaban por su independencia de la metrópoli española.

La mandataria filipina y el Alcalde de Almonte, Francisco Bella, convirtieron lo que es la primera visita de una Jefa de Estado a esta ciudad en un símbolo de cooperación entre la República asiática y España.

Durante el discurso protocolario, Macapagal resaltó, cuando se cumplen sesenta años de relaciones bilaterales entre Filipinas y España, que "uno de los objetivos de mi Gobierno es extender las oportunidades a nuestra gran nación. Por eso pedimos el apoyo de España y Andalucía para promover inversiones españolas".

El primer fruto de este impulso bilateral llegará a Almonte previsiblemente a primeros de 2008, cuando unos 300 trabajadores del país hermano arriven a la localidad condal a trabajar en los campos agrícolas. El viaje será sufragado por el Ayuntamiento de Almonte con cargo a sus fondos de cooperación internacional con países en desarrollo.

El alcalde, que resultó un perfecto cicerone de la presidenta filipina durante la visita a su ciudad, mostró a Macapagal "los deseos de cooperación de Almonte a todos los niveles, cultural, social y económico" y puso de manifiesto que "el centro cultural que hoy inaugura cristaliza en la paz y la amistad, tan necesarias en nuestro mundo".

Bella recordó a su paisano, el soldado almonteño José Jiménez Berro que batalló en Filipinas contra el ejército tagalo y sufrió el sitió de Baler, para reconocer que "fue éste el germen de un futuro de amistad entre ambos pueblos, en contraposición a la guerra, que ahora se hace realidad con la Fundación de Amistad Hispano-filipina".

Por su parte, la presidenta de la República asiática le devolvió el guiño protocolario a Francisco Bella con un discurso cargado de piropos a Almonte. "No se me ocurre otro lugar mejor para celebrar los vínculos de amistad entre nuestros pueblos", dijo. Macapagal señaló que "este edificio que hoy inauguramos dará testimonio de una duradera relación".

La presidenta de Filipinas tuvo palabras de recuerdo emocionado para los soldados españoles que resistieron el asedio: "Baler fue el último baluarte de la resistencia española. Aquellos soldados lucharon por su patria y se ganaron el respeto de los revolucionarios filipinos". Tanto es así que el primer presidente del país del gran archipiélago, Emilio Aguinaldo, firmó un decreto donde declaraba a los soldados españoles "amigos", facilitando su regreso a casa.

Ayer, en el monumento que recuerda los lazos de unión y que representa alegóricamente al soldado almonteño Jiménez Berro junto a un niño tagalo, Gloria Macapagal apuntó que precisamente ese fue "el primer gesto oficial de amistad después de años de guerra". Añadió la presidenta que "los últimos de Filipinas son parte de la historia pero también del futuro compartido". "Nuestra visita, dijo, reafima lo que hoy nos une y acerca oportunidades a nuestros pueblos".

Macapagal mostró públicamente su confianza en España, un país que considera "esencial para sus relaciones exteriores" y el "país más cercano de Europa".

La visita de la Jefa del Estado de Filipinas comenzó con los sones de la Salve Rociera a las puertas del Ayuntamiento, donde fue recibida por el alcalde, Francisco Bella, y toda la corporación en pleno, a la que saludó uno por uno con una gran dosis de sonrisa. El subdelegado del Gobierno en Huelva, Manuel Bago, fue la única autoriad onubense que acudió a recibir a la presidenta filipina, a la que acompañaba un séquito encabezado por su embajador en España, José Bernardo, y el senador, Edgardo Angara, impulsor de la Fundación de Amistad Hispano-Filipina.

En el Ayuntamiento almonteño, el alcalde le hizo entrega de las llaves de la ciudad, obsequio que la presidenta recibió con halagos. Posteriormente, se trasladaron en un coche de caballos abierto y en medio de una inusitada expectación ciudadana hasta el monumento a la amistad entre España y Filipinas, donde se realizó una ofrenda floral. Entre vítores y aplausos enfiló la comitiva hacia la inauguración de la téplica del templo de Baler, que muy pronto se convertirá en una innovadora ciudad de la cultura.

Allí, una exposición sobre 'Los últimos de Filipinas' recuerda que una vez, allá por 1898, España estuvo en guerra con un país que hoy es hermano y aunque habla inglés guarda aún el nombre de las calles en español. Entre aquellos recuerdos estará siempre el almonteño José Jiménez Berro.

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