Alegato a las Humanidades

  • El rector de la Onubense cree que el 525 aniversario del Descubrimiento "no podría tener mejores embajadores" que el presidente de la RAE, Darío Villanueva, y el medievalista Miguel Ángel Ladero

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Alegato a las Humanidades

"Si Wall Street es el Sancta Sanctorum del capitalismo, las Humanidades deberían ser el emblema principal de la educación". Así defendió ayer el rector de la Universidad de Huelva (UHU), Francisco Ruiz, la importancia de las Humanidades en la sociedad actual. Lo hizo durante el acto de investidura como nuevos doctores honoris causa por la Onubense del presidente de la RAE, Darío Villanueva, y del reconocido medievalista Miguel Ángel Ladero Quesada.

El protocolario evento, celebrado en el salón de actos de la Facultad de Derecho ante una amplia representación de la sociedad, constituyó un auténtico alegato a este pilar esencial del conocimiento, la lengua, la cultura y las raíces históricas como señas de identidad. Tanto es así que el rector afirmó que "esta distinción contiene una rotunda afirmación del papel central que deben tener las Humanidades dentro de la educación integral de las personas".

Darío Villanueva Prieto y Miguel Ángel Ladero Quesada, ambos propuestos por Humanidades, tienen en común el afán investigador y una larga trayectoria sobre el conocimiento humanístico e histórico que, más allá de la erudición, no han parado de difundir y divulgar.

En ellos, según señaló Ruiz, Huelva tiene a dos nuevos embajadores en un momento crucial, en referencia a la celebración en 2017 del 525 aniversario del Encuentro entre Dos Mundos. Una efeméride que, a su juicio, "debería versar sobre ideas y proyectos comunes sin atisbo alguno de neocolonialismo". Porque, en sus palabras, "cuando dos mundos se encuentran no existe centro ni periferia".

Durante el acto académico, en el que el Coro de la UHU interpretó varias piezas bajo la dirección de Sergio Lazo, ambos doctores recibieron, ante la presencia del claustro de profesores, los atributos que forman parte de una ceremonia muy arraigada en el mundo universitario: el título que así lo acredita, la medalla, el birrete, el Libro de la Ciencia, el anillo y los guantes.

Con estas nuevas incorporaciones son ya diecinueve las personalidades que ostentan el grado de doctor honoris causa por la Universidad de Huelva. El último acto de incorporación de nuevos honoris causa se celebró el 23 de junio de 2014, cuando se incorporaron el doctor Manuel Bendala Galán y la doctora Victoria Camps Cervera.

Del doctor Villanueva el rector destacó su sabiduría y lo atinado de sus libros y comentarios. Tanto es así que llegó a decir que Villanueva es "un Quijote del mundo contemporáneo, porque como él, ve cosas que los demás no vemos. Calificó también de "acertadas" sus disquisiciones sobre "un pacto de Estado por la Educación perdurable y estable", así como sobre la posición de la lectura dentro de los ejes principales del proceso educativo.

Por su parte, del doctor Ladero Quesada, Ruiz resaltó su "labor callada" en el ámbito de la historia, esa que "explica el presente y es la clave del futuro". Sin sus escritos, tal y como aseguró, no es posible entender cómo son en la actualidad Huelva, Andalucía y el país, dado que "siempre hay una investigación o un apunte del doctor Ladero" en la situación política, la actual ordenación del territorio o en la tradición colombina, por ejemplo.

Apadrinado por el catedrático de Teoría de la Literatura de Huelva, Miguel Ángel Márquez, Darío Villanueva escogió para su disertación a dos poetas, el norteamericano Walt Whitman y el nicaragüense Rubén Darío, entre quienes estableció nexos. Precisamente, Márquez se refirió al homenajeado como "una persona de una inteligencia prodigiosa" y destacó su entrega al estudio y a la docencia, hecho reconocido fuera de España con ocho títulos similares, si bien la UHU es la primera universidad española que otorga esta distinción a Villanueva. El padrino también enfatizó su papel como gestor al frente del Rectorado de la Universidad de Santiago de Compostela durante ocho años o como director actual de la Real Academia Española.

Según expuso Villanueva, Whitman y Darío fueron coetáneos durante tan sólo veinticinco años, y les separaba casi medio siglo entre sus respectivas edades. Pero "la trascendencia de la obra del norteamericano no escapó a la inagotable curiosidad y erudición enciclopédica que caracterizaron a nuestro literato". Rubén Darío, según valoró, es "un auténtico escritor cosmopolita", al tiempo que puso el acento en el hecho de que Whitman percibía la "democracia como un instrumento catalizador de la integración social, en procura de un common ground de unanimidad estable". A ambos, en todo caso, los encuadró entre quienes cantaban a la nueva era del desarrollo y el triunfo de la democracia; al primero en su Canto a la Argentina, y al segundo en el marco de "la gran ciudad futurista que era Nueva York ya a finales del siglo XIX".

El doctor Javier Pérez-Embid, catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Huelva, ejerció como padrino de Ladero, cuyo papel en los orígenes de los estudios de Historia en La Rábida desde la década de los 70 destacó. De él resaltó también "la dirección científica y la ejemplaridad docente" como características que han acompañado durante toda su trayectoria. Todo un referente de la Historia de la Edad Media en España país con más de 400 publicaciones a sus espaldas y la dirección de 42 tesis doctorales.

Si 1992, cuando Ladero fue recibido como académico de número de la real Academia de la Historia, escogió para su discurso de ingreso el tema Niebla, de reino a candado. Noticias sobre el Algarve andaluz en la baja Edad Media, en su intervención de ayer reflexionó sobre otra cuestión no menos baladí: ¿Qué hacemos con las leyendas?

Ladero Quesada abordó así el papel de las leyendas a la hora de interpretar y transmitir la historia y alabó las aportaciones de Menéndez Pidal y Claudio Sánchez Albornoz. Partidario de integral la calidad literaria en el relato de la historia, aseguró que los historiadores no pueden volver a formas ya superadas de escribir la historia, aunque sí necesitan dar respuesta a estas demandas sociales. Y, aunque no sea cosa de volver a mezclar leyenda e incluso mito, en la explicación del pasado, abogó por valorar esos aspectos y atender a ellos por dos razones al menos.

La primera atiende a lo que han significado en la formación de la conciencia colectiva durante siglos y en la justificación o propaganda de decisiones. Y como segunda razón, porque, expuestos de una manera adecuada (con la necesaria dosis de crítica), son "un medio formidable para atraer la atención y el interés por el conocimiento histórico". Y es que "no hay mejor novela histórica que una realidad hecha leyenda".

Por todo ello, se mostró partidario de "situar a las leyendas en el lugar que tuvieron antaño como memoria social, para contribuir hoy a una explicación general de la realidad pasada no como memoria, que eso sería volver a las andadas, sino como historia".

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