"No tengo tiempo para vida personal"

  • Heredera del legado de su abuelo, el televisivo Jacques-Yves Cousteau, esta mujer ha decidido dedicarse profesionalmente a la defensa del mar, medio que, en verano, se vuelve más protagonista que nunca

Aunque su residencia oficial la tiene establecida en Washington, Alexandra Cousteau erra por todo el mundo y, lo mismo la encontramos dando unas conferencias en Japón que como encabezada del proyecto Save the Beach el cual, la firma Coronitas, promueve para conocer la situación de nuestras playas. Sin embargo, aún tiene pendiente una visita a Andalucía que promete realizar en cuanto tenga oportunidad pues, el período de formación académica que pasó en nuestro país, le permite tener un conocimiento del castellano bastante fluido para desenvolverse por donde quiera. Es el perfil de una mujer curtida en difíciles batallas pero con mucho corazón.

-¿Qué le ha traído a esta tierra? ¿A qué debemos su presencia?

-He venido a presentar un estudio muy interesante que permite saber qué pasa en nuestro medioambiente y cómo educar a la gente para ello. Es importante ser conscientes de que debemos limpiar la comunidad a la que pertenecemos y ahí deben participar gobierno, asociaciones, medios, escuelas… Cada uno puede ser un ejemplo para el resto puesto que, cuidar el entorno, es un deber común.

-¿En qué se reconoce una costa de calidad?

-En el agua -que sea buena-, que no haya basura y que los ciudadanos sean responsables.

-Una enseñanza que, supongo, aprendería de su abuelo, el 'gran Cousteau'…

-Fue el primero en explorar y en mostrar lo que había en los mares. Durante los 60 años en los que se mantuvo activo hemos aprendido más de los océanos pero también hemos perdido más vida que nunca en ese sistema. Ha quedado la urgencia de solucionar las consecuencias de la acción del hombre.

-¿Destacaría algún recuerdo de su figura?

-Era alguien muy apasionado por sus temas, muy dedicado. De hecho, fue un genio. Sabía de todo.

-¿Imagina la nieta de ese referente al que aludimos una existencia sin mar?

-¡Todos me preguntan eso! (risas) No, no creo. El agua forma parte de mí. A los tres meses ya estaba ahí, con siete años empecé a bucear… Es una de las vertientes de la filosofía de mi familia y yo estoy dispuesta a aportar algo a ella. Me encanta ir de un lado a otro, conocer lugares… El amor por una realidad gitana es, en mi caso, algo genético. El resto es tradición y decisión.

-Muchas miradas sobre usted, ¿no?

-Desde luego supone una responsabilidad, aunque también una oportunidad de dar un homenaje a mi familia. Más que una carga, es algo bonito y por lo que estoy muy agradecida.

-Por cierto, ¿dónde aprendió tan bien a hablar español?

-En Salamanca. Estuve un año y medio a los diecisiete. Después de la universidad, pasé otro más en Barcelona y, posteriormente, fui a Madrid. Aparte también he residido en Costa Rica aunque, a la península, hacía al menos ocho años que no venía… Espero tener lugar para tapear un poco y ver a algunos amigos. Estoy muy poco en cada sitio por el que paso.

-Con tanto ajetreo, ¿queda algún espacio libre para usted?

-No. Imagínate… Viajando siete meses al año no tengo tiempo para vida personal. Eso sí, estoy rodeada de los míos.

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