L ETA vuelve a matar

El terror rompe otra campaña

  • El asesinato de un ex concejal socialista vuelve a zarandear, como en 2004, las vísperas de las elecciones generales

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Los españoles irán mañana por segunda vez consecutiva a las urnas en unas elecciones generales con el corazón encogido por un nuevo zarpazo terrorista que también parece concebido para alterar la voluntad popular.

ETA tenía grandes planes y diseñó meses atrás un gran atentado en Azca, el corazón financiero de Madrid. Hacer una demostración de fuerza es la obsesión de los débiles, como ella, pero el maligno cayó en la lona de la Guardia Civil. Los etarras Igor Portu y Martín Sarasola iban a transportar un coche-bomba hasta la capital de España para hacerlo estallar en un aparcamiento público cercano a la citada zona comercial, pero fueron apresados el Día de Reyes en la localidad guipuzcoana de Mondragón. Ha sido allí precisamente donde la organización terrorista volvió a evidenciar ayer que su miseria moral no tiene nada que envidiar a la de sus infraestructuras.

Sus bisoños comandos no dan más de sí que para matar cobardemente a otro trabajador, un ex concejal socialista de Mondragón, Isaías Carrasco, que además había renunciado a la escolta el pasado año, cuando dejó su puesto en ese Ayuntamiento, gobernado por ANV, que se negó a ceder las instalaciones municipales para la capilla ardiente. Demonios. Así se las gastan. La alcaldesa, Inocencia se llama, fue echada con cajas destempladas por militantes y cargos socialistas del hospital donde yacía su compañero.

La campaña fue suspendida de inmediato y los grupos del Congreso volvieron a escenificar una imagen de unidad en la que ya casi nadie cree después de una legislatura marcada por la negociación del Gobierno de Zapatero con ETA. El candidato socialista a la reelección se estaba dando en Málaga su penúltimo baño de masas de la campaña cuando Manuel Chaves le susurró: "José Luis, creo que tienes que irte, han tiroteado a un compañero".

Había que mostrar unidad, aunque sea con la boca pequeña. El PP se adhirió a la declaración consensuada por el resto de fuerzas parlamentarias, pero mostró su malestar por no incluir dos puntos que considera fundamentales: el compromiso de no negociar con los terroristas y revocar la resolución que aprobó la Cámara Baja en mayo de 2005 y que autorizaba al Gobierno a dialogar con la banda terrorista en ausencia de violencia.

El lehendakari Ibarretxe se negó a hacer valoraciones políticas de esta nueva "salvajada" de ETA, a la que exigió que no utilice nunca más el nombre del pueblo vasco para justificar sus crímenes, pletóricos, dijo, de "cobardía y ruindad inmensas".

Son tan indeseables como imprevisibles, pero este nuevo asesinato va a tener efectos en las urnas, como bien apuntó Zapatero en su apresurada declaración institucional antes de volar hacia Mondragón, adonde también se trasladó Rajoy. El líder del PP armonizó ayer la plenitud del mensaje con la economía del lenguaje: "Todos saben lo que yo pienso". No se puede decir más en seis palabras. Más complicado es adivinar lo que tiene en su cabeza el candidato a la reelección.

Pero si un enigma se las trae es el de los indecisos. ¿Y ahora, qué?

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