La sartén por el mango de siempre

  • CiU buscará la salida más beneficiosa, que no pasa necesariamente por obtener un ministerio, cuando Zapatero inicie el cortejo · Su peso estratégico empaña en parte la victoria del PSC

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Tic tac, tic tac. El cronómetro ha echado a andar. Es hora de husmear en cada esquina parlamentaria en busca de pactos. La lista de candidatos se ha reducido. CiU y PNV, básicamente. La izquierda más a la izquierda casi no existe ya. La esquerra independentista se diluye. Los chantajes que Zapatero se ahorra por este flanco redoblan su peso en el contrario: es a la derecha nacionalista a la que tendrá que mirar. Tiene dos opciones. Un solo socio fijo o un par con vocación coyuntural, caso a caso, ley a ley. Convergència i Unió es el caballo mejor situado tanto en un caso como en otro. Sus once escaños valen el peso de sus diputados en oro. Por enésima vez, podrán interpretar el papel del amante caprichoso. Irán y vendrán hasta que la oferta les convenza.

Duran se frota las manos. Es un animal diplomático que disfrutará con la ronda de contactos, con el tira y afloja, con el olor del café en la madrugada de un despacho madrileño. Su figura, dudosa incluso para sus socios de coalición en Cataluña, se agranda en España, libre de la maroma soberanista que tan mal soporta. No crean que buscará a toda costa un puesto ilustre. Ni Artur Mas ni el retirado pero influyente Jordi Pujol comparten su integradora visión porque entienden que el perfil de CiU corre peligro en tierra propia ante la oscilante pero siempre peligrosa ERC. Que el tripartito sea un combo de tres partidos de izquierdas con mención especial para el PSC tampoco despeja el camino. Zapatero tendría que explicar muy bien a Montilla el invento.

Pese a que de momento no es posible trepanar a Duran para robarle sus pensamientos, la preferencia es quizás un acuerdo estable sin cartera ministerial. CiU reforzaría su tradicional ascendencia en la política española al tiempo que rescataría parte del protagonismo perdido. En Cataluña, es una fórmula que vende bien: partido responsable, serio, cumplidor y por encima de la mezquindad de los volubles. En España, aunque sea un escaparate donde jamás competirá, podría recortar el abismo que media entre quienes apuestan por un Estado fuerte y sin matices y los que no acaban de sentirse cómodos en el país sin decantarse necesariamente por la copla secesionista.

La robustez de la federación también la demuestra el hecho de que la aplastante victoria del PSC en las cuatro circunscripciones no empaña en absoluto su papel futuro. Es cierto que 14 son muchísimos diputados de diferencia, pero Duran competía contra su herencia. O sea, contra sí mismo. Y en este pulso unipersonal, ha ganado un escaño.

La parte buena para Zapatero y, sobre todo, Montilla, es que el socialismo no se ha resentido donde más papeletas acumulaba para desplomarse. El hecho de que el president cordobés requiera de ERC e ICV para sacar adelante su inestable proyecto es una realidad que cíclicamente le coloca en la sala de los sospechosos. Este repunte le dará algo de oxígeno, aunque él mismo sabe que el votante catalán cambia de chip sin problemas cuando en vez de unos comicios autonómicos tocan otros generales.

Será interesante comprobar cómo gestionan Zapatero y Duran la imagen de sus compromisos. Al primero le achacarán la rendición ante la voracidad periférica. Al segundo, una etérea docilidad filoespañolista. Si la cosa, adquiera la forma que adquiera, sale bien, quizás se haya tendido un puente que la política patria necesita objetivamente para desterrar a algunos de sus fantasmas.

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