La más popular

CELIA Villalobos, cabeza de lista del Partido Popular por Málaga al Congreso de los Diputados, nunca ha pasado inadvertida. Ella misma cuenta que fue una jovencita revolucionaria. Más desconocido que sus relaciones de juventud con los que luego serían destacados militantes socialistas, es un episodio fechado en 1973 cuando trabaja como asesora de la ingeniera Ana Bravo, según la candidata, una de las mujeres más inteligentes que conoció en su vida. El hecho es que la buena señora concurre a las elecciones municipales por el llamado Tercio Familiar, y en contra de la tradición franquista, esta delegada de la Sección Femenina salió la primera de la lista única, con el consiguiente revuelo en la vida oficial de la época. Villalobos se regocijó con el éxito.

Antes había estudiado en el colegio Gamarra de las jesutinas, suspende el Preu en el instituto y se pone a trabajar de dependienta en una boutique. Más tarde, se marcha a Sevilla para iniciar Derecho, pero las necesidades económicas la obligan a abandonar la carrera y volver al trabajo. Mientras tanto le había dado tiempo a conocer y casarse con Pedro Arriola, gurú electoral del PP y padre de sus tres hijos. Razones profesionales de su marido la devuelven a Málaga y luego la obligan a trasladarse a Madrid.

En 1983 entra a trabajar en Alianza Popular, partido al que no votaba, pero al que se afilió ese mismo año. Le encargan un nuevo área, política sectorial, enfocada a las relaciones con grupos profesionales y sindicales, labor que desempeña bajo la dirección de Rodrigo Rato. Todavía alguien recordará el revuelo que se montó cuando Villalobos, enfundada en su minifalda, acudía por primera vez en nombre de su partido al congreso federal de CCOO.

Es en 1986 cuando Manuel Fraga apuesta por Celia Villalobos -hacían falta mujeres- para que encabece la lista por Málaga, escaño que prácticamente no ha abandonado desde entonces, salvo algunos breves paréntesis, como el que la llevó a ocupar plaza en el Parlamento Europeo. En sus primeros años en la Cámara Baja ya llamó la atención por sus sonadas discrepancias con la ministra socialista Matilde Fernández. También inicia su etapa más televisiva, como tertuliana, en la que se ganó una gran popularidad en toda España, que sin duda es uno de sus principales patrimonios. Preguntada entonces por la fórmula de su éxito, explicaba que posiblemente se debería a la utilización de un lenguaje más corriente, que para algunos puede ser vulgar, "pero es mi forma de ser y no voy a cambiar".

Luego vendría su etapa municipalista, para ella la más feliz de su vida política. En 1995 ganó las elecciones a la Alcaldía de Málaga de forma ajustada, que la llevó a gobernar la ciudad haciendo un auténtico encaje de bolillos, negociando y pactando con unos y otros, demostrando su buena cintura política. El fruto de su trabajo lo obtiene en 1999 con una rotunda mayoría absoluta. Ante la llamada de José María Aznar, el 27 de abril de 2000, deja la Alcaldía de Málaga, en manos de Francisco de la Torre, para ser ministra de Sanidad, cargo que desempeñaría hasta julio del 2002. Alguna vez ha reconocido que su salida del Ayuntamiento no fue una decisión acertada.

Su paso por el ministerio no estuvo exento de polémicas, su intervención durante la llamada crisis de las vacas locas le costó más de un sambenito, aunque todos reconocen que durante esos años se produjo la descentralización total y efectiva de la Sanidad a favor de las comunidades autónomas.

En la legislatura que ha finalizado este año renueva su escaño por Málaga y pasa a formar parte de la mesa del Congreso de los Diputados, desde donde sigue ejerciendo de diputada malagueña y haciendo gala de ser una de las más genuinas representantes del sector más liberal del Partido Popular. No en vano, y casi siempre en relación con temas de carácter social, rompió en varias ocasiones, de una manera u otra, la disciplina de voto de su partido. Por ejemplo, en 1997, su actitud en el debate de una proposición de ley sobre la regulación de las parejas de hecho, le valió una buena reprimenda, aunque posteriormente decidió ausentarse de la votación en contra de la ampliación del aborto y en abril de 2005 es sancionada, con una multa económica, por votar, por segunda vez, a favor de la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo.

En las elecciones del próximo 9-M, de nuevo Celia Villalobos aparece como uno de los principales impulsores del carro del PP en Málaga. Su actividad electoral es arrolladora e incluso desbordante. Sigue conservando la ilusión y la fuerza que parece hacerla imbatible. Y sobre todo puede comprobar a diario su enorme popularidad, pero no sólo en Málaga, sino en otros puntos de España desde donde se requiere su presencia ante la presión de la militancia. Tanto carácter y tanto ímpetu no es obstáculo para que en cualquier momento de la campaña se le caiga la baba presumiendo de su primera nieta, sobre todo cuando Arriola pone al teléfono a la niña, que tiene cinco meses, para que hable con la abuela. Toda una estampa.

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