La esperanza del ideal andalucista

  • En su primer asalto al Parlamento, aspira a conservar los cinco escaños del PA

JULIÁN Álvarez es aún poco conocido, y lo sabe. Por eso no le importó que los periodistas, inspirados por un ocurrente Pedro Pacheco, le bautizaran como el Obama blanco cuando expreso sus simpatías hacia el aspirante demócrata norteamericano. Para el abogado y ex alcalde de Écija el sobrenombre ha sido una forma más de llamar la atención, después de calzarse cada mañana las zapatillas verdes y patearse los pueblos al grito de Yo voy. En los descansos, mientras cogía fuelle, leía Hopes and Dreams, que narra la vida del otro Obama, el negro, y se identificaba con él. "Yo también soy un político antisistema, independiente de los lobbies, con un proyecto nacionalista en el que caben todos".

La cuestión es si el candidato de la Coalición Andalucista, que agrupa a nueve formaciones, ha corrido lo bastante para alcanzar la meta deseada en su primer asalto al Parlamento andaluz. Según las encuestas, con suerte conservará los cinco escaños del fracturado Partido Andalucista. Pero él avala su optimismo con el ejemplo de su experiencia en Écija, donde fue alcalde ocho años: "Me presenté tres veces frente al PSOE y las tres gané".

Conciliador y simpático, Julián Álvarez es digno sucesor de su padre, Julián Álvarez Pernía, el funcionario del Ayuntamiento de Écija al que Alejandro Rojas Marcos firmaba los partes de presencia en sus meses de exilio y que después sería el primer alcalde democrático de la localidad sevillana. De él heredó su fuerte convicción nacionalista, que le lleva a definirse como continuador de la obra de Blas Infante, "aunque pretendo no morir fusilado", ironiza. Hace tres años que fue elegido secretario general del PA, en un Congreso en el que se enfrentó a Antonio Ortega.

Gran aficionado al senderismo, es el mayor de cinco hermanos y el primero de su familia que estudió una carrera. Acaba de casarse en segundas nupcias con Paula, una asturiana seria con la que planea tener hijos cuando termine la contienda electoral. En su primer mitin de campaña olvidó cerrarse la cremallera del pantalón, provocando la hilaridad general mientras el de la tercera fila le gritaba: ¡la portañuela, la portañuela! "Dijimos que queríamos dar el espectáculo" bromeó después, "pero no tanto".

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