Un duelo más sincero y sin respeto al guión

SI damos crédito a la teoría de que el vencedor del debate de anoche ganará las elecciones generales del domingo, Zapatero será el próximo presidente de Gobierno. Otra cosa es que sea así. No creo que el sentido del voto de un número importante de españoles estuviera pendiente de las impresiones que sacaran de hora y media de televisión. En otro lugar y en otras circunstancias quizá, pero aquí y ahora no. Han pasado muchas cosas, y los españoles hemos soportado demasiadas tensiones y asimilado una cantidad ingente mensajes a lo largo de los últimos cuatro años como para creer en semejante simplificación.

Pero vayamos al debate. El duelo, al contrario que vimos una semana antes, fue excitante, brioso, con menos ataduras al guión preestablecido por los asesores de los candidatos, emocional y sincero. Y esa sinceridad, capaz de salvar los tabúes y romper las cautelas, benefició más a Zapatero que a Rajoy.

El socialista hizo una exposición más equilibrada que su oponente, en particular en política económica. Si la semana pasada empleó gran parte de su tiempo en cuestionar errónea y anacrónicamente la política del Gobierno de Aznar y del propio Rajoy como ministro, en esta ocasión utilizó sus turnos iniciales para plantear propuestas de futuro (muchas de ellas ya desgranadas a lo largo de la campaña) y en replicar las críticas de Rajoy.

El líder del PP, por su lado, atacó a Zapatero en los temas ya conocidos: el terrorismo, la política territorial (con derivaciones a la preeminencia del catalán sobre el castellano) y la inmigración. Rajoy no se anduvo por las ramas e hizo un discurso mucho más sincero, sin cautelas, que hace una semana, y por eso menos centrista. En inmigración dijo que muchos españoles sufren las consecuencias a la hora de disputar una vivienda o una plaza en un colegio y en política autonómica volvió a repetir la falta de proyecto de líder socialista para España

En cuanto a las formas, Zapatero hizo un discurso, dentro de lo que cabe, más fresco, con menos recursos. Rajoy, en cambio, optó por reiterar las frases que ha utilizado esta campaña como talismán: "Usted está fuera de la realidad", "ustedes no han hecho nada" y "es que usted falta a la verdad". En cambio, le faltó cintura para salir del contraataque por la guerra Iraq y no fue capaz de apartarse con claridad de la teoría de la conspiración.

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