Un corredor de maratón en solitario

  • Tiene claro que se marchará si no consigue ganar el escaño por Huelva

SI Diego Valderas gana hoy su escaño por Huelva podrá sentirse orgulloso de sí mismo. Abandonado por el núcleo duro del Partido Comunista en Sevilla y por el sector crítico, ha luchado contra la falta medios para lograr algo de visibilidad en la campaña más difícil de su vida. En su solitaria maratón electoral ha recorrido su circunscripción barrio a barrio, puerta a puerta, adentrándose en las casas hasta el punto de que en Las marismas del Odiel, una barriada marginal de la capital, estuvo a punto de toparse con un señor durmiendo. Cosas de la política.

Diego Valderas es un hombre hecho a sí mismo, que gana en las distancias cortas y presume de no haberse creado enemigos en su pueblo, Bollullos par del Condado, en sus quince años de alcalde. Fue cocinero, peluquero, repartidor de butano, trabajador de la construcción, del campo y gerente de una cooperativa antes de dedicarse a la política. "El trabajo es mi vicio", escribió en uno de los chats que hemos leído estos días.

Huérfano desde los 16 años, dejó los estudios al terminar el Bachillerato. Trabajaba de día y por las noches, junto a la que ha sido su gran compañera, Angélica, atendía a los amigos en el pub El nido, lugar de encuentro de la izquierda local. Fue delegado de Comisiones Obreras, ingresó en el PCE y ganó las primeras municipales democráticas. Parte de su legado como alcalde es el velódromo municipal.

Presidió el Parlamento de Andalucía en la legislatura de la pinza, cuando comunistas y populares se aliaron contra la mayoría simple socialista. Fue uno de los protagonistas del ataque de risa colectivo que sacudió a sus señorías durante una votación de enmiendas a los presupuestos.

Elegido coordinador regional de IU en el año 2000, no obtuvo escaño en las dos pasadas elecciones autonómicas, en las que sus adversarios, igual que ahora, tampoco le permitieron encabezar la lista de Sevilla, donde habría tenido el sillón asegurado. Podría ayudar a su mujer en sus negocios de hostelería, o volver a las bodegas. En su última rueda de prensa dijo: "Las uvas ya están en el lagar".

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