Los asuntos nacionales marcan una campaña parca en propuestas

  • Granada se enfrenta mañana a las urnas tras un periodo preelectoral larguísimo, tenso, en ocasiones sucio y en el que la agenda la ha fijado la actualidad del país

Cerrojazo a la campaña, paso a la reflexión. Mezclada con la repulsa, el asco y la condena hacia lo que a estas alturas todos conocen ya. Y de la reflexión, sin solución de continuidad, a las urnas. Así que es hora de hacer balance.

En Granada, los asuntos propios han quedado diluidos en medio de tantos mensajes nacionales. Entre eso y una larguísima precampaña, queda la sensación de que no han sido muchas las iniciativas novedosas lanzadas durante las últimas semanas. Aunque ya se sabe que las campañas, más que aportar nuevas ideas, sirven para machacar las ya aireadas, a ver si, a fuerza de repetirse, convencen.

Pero sí ha sido el periodo en el que los candidatos han estado más expuestos. Volcaron sus ideas cada uno por su lado y en dos ocasiones hasta confrontándolas cara a cara, sin trampa ni cartón. Granada ya fue avanzadilla hace cuatro años en ese saludable ejercicio de debatir y la costumbre se ha asentado.

Otra cosa es que los debates fueran brillantes. No lo fue el de las primeras candidatas al Congreso, la socialista Cándida Martínez y la popular Concha de Santa Ana. La primera abusó de un tono didáctico, casi de profesora de instituto, y la segunda acusó en exceso su falta de experiencia y a ratos naufragó. La impresión generalizada fue la de que perdió. La apuesta del PP, la candidata provincial más joven de Andalucía, con 35 años recién cumplidos, no estuvo brillante ni ahí ni después, y de hecho en algunos puntos de Granada se han visto menos carteles suyos que de Sebastián Pérez, aspirante al Senado pero también presidente provincial del partido.

Más interesante fue el duelo dialéctico entre los primeros espadas al Parlamento de Andalucía, Teresa Jiménez y Carlos Rojas. La socialista, que es de las que no dan cuartel al enemigo, estuvo incisiva, pero casi todos salieron pensando que no doblegó al que es sin duda el mejor referente del PP provincial, ya no para un futuro próximo, sino para el presente.

En ese debate hubo argumentos y tensión, pero no se llegó al tono crispado y a lo que en el fútbol llamarían juego subterráneo, una estrategia que sin embargo sí apareció en la recta final de la campaña, con la acusación del PP de que María José López, consejera de Justicia y candidata, se habría beneficiado en el pasado de su cargo en la Empresa Municipal de la Vivienda de Granada para fijar el precio del piso que habita. López contraatacó acudiendo al juzgado y los populares, lejos de plegarse a lo que éste decida, insistieron en la idea y hasta le achacaron unas supuestas obras sin licencia en esa polémica vivienda.

Se habló de empleo, de la cesta de la compra y de las viviendas de protección oficial que haría falta construir, problema este último que por momentos pareció casi una subasta entre formaciones, a ver quién ofrecía más. Resurgieron proyectos como el del teleférico, tentador para muchos pero irrealizable para quien lo debía autorizar, y hasta reapareció el que habla de ubicar un museo en la sede del antiguo Banco de España. Una competencia que el PP quiere ceder al Ayuntamiento de Granada, como las de la Alhambra y Sierra Nevada.

Mientras, el PSOE enfatizó una y otra vez lo mucho bueno que está por venir -tren de alta velocidad, A-7, autovía a Córdoba...-, colocó la propuesta de ampliar el PTS por El Fargue y, a remolque de los demás, se apuntó a la idea de que hay que darle vida al puerto de Motril y, de camino, al resto del litoral. La A-44, en eso han coincidido todos, no va a ser suficiente. El tren es necesario.

Hasta ahora no se ha nombrado a los demás partidos, prueba inequívoca de que ha sido una campaña casi copada por las dos grandes fuerzas. Pero se presentan. IU jugó su papel de Pepito Grillo de la izquierda, algo que espera rentabilizar con un diputado autonómico, y el requeterefundado andalucismo trató de ser coherente y a veces hasta lo fue, pero su historia reciente juega en su contra y su éxito es muy improbable.

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