Zapatero amortiza el pasado

  • El líder del PSOE calca la táctica que utilizó en el primer debate recurriendo al 11-M, a Iraq y a continuas interrupciones, que salpicó con promesas de futuro

En plena escalada de reproches entre PP y PSOE comparecieron sus dos candidatos. Los estrategas prepararon a sus púgiles para el juego sucio, el leivmotiv de esta campaña. En manos de los candidatos quedaba apostar por reeditar la batalla anterior, excesivamente rígida y de reproches, o apostar por un debate en positivo y de propuestas. Las dos opciones convergieron.

El manual de asistencia de Zapatero recomendaba que debía jugar en el fondo de la pista, en plan conservador, y dejar que su contrincante subiera a la red. Era Rajoy quien debía arriesgar. Zapatero optó por calcar la táctica del cara a cara anterior interrumpiendo al rival constantemente y haciendo alusiones al pasado, especialmente a Iraq y al 11-M. Para compensar introdujo ligeras novedades, como la de hacer un hueco a las promesas de futuro.

Como declaración de intenciones, Zapatero arrancó su intervención presentando un libro blanco para justificar los datos que utilizó en el debate anterior. "La verdad por delante y por escrito para que no haya duda", dijo para adjudicarse el primer tanto en la batalla por la credibilidad. La intervención inicial dio paso al primer bloque, dedicado a la economía. Zapatero logró que el debate girara sobre la primera pregunta que Rajoy le hizo en la legislatura. Vuelta a la pugna por la credibilidad. Rajoy se empeñaba en que la pregunta fue de signo económico y Zapatero lo desmentía, apoyándose en una fotocopia del diario de sesiones. Logró desarmar a su rival cuya táctica era trasladar el debate al terreno de la microeconomía, que le beneficiaba dado el frenazo de la economía. La pregunta de Rajoy pasó de anéctoda a imantar el cuerpo a cuerpo. Su arranque más pausado que el de Rajoy, que salió más acelerado, le favoreció.

En el segundo bloque, Zapatero intentó, en vano, imponer los logros de su política social, la seña de identidad de su Gobierno. Rajoy le ganó la partida colando la inmigración como eje. Esta vez sí, Zapatero cogió el guante y no eludió la batalla. Combinó críticas al PP por su "alergia al diálogo" con programa: "no entrará nadie sin un contrato de trabajo". Así se llegó al tercer bloque, el de ETA. Fue el más caliente. Zapatero abanicó el pasado tirando de Iraq y del 11-M y Rajoy pasó por el aro. Encontró un filón. "¿Dónde está ETA?" le preguntó a su rival, que hasta el juicio defendió la implicación de la banda en el 11-M. Zapatero se adjudicó claramente este bloque que culminó con un Rajoy descentrado. En el debe de Zapatero, las continuas esquivas que hizo a las preguntas de su rival sobre la negociación con ETA. Con un genérico "nunca jamás lo hice" dio carpetazo. Y una promesa para compensar: "Sea cual sea el resultado apoyaré al Gobierno en lucha antiterrorista".

La pausa llegó en el mejor momento de Zapatero, cuando asediaba a su rival. En el segundo acto, las reformas estatutarias, la educación y la vivienda dominaron el cuarto y el quinto bloque donde la experienca de su contrincante, ministro de Educación con Aznar, y su oratoria se hizo notar. Andalucía y Cataluña dominaron esta parte del debate. Son las comunidades en donde se disputan mayor número de escaños. Y como hizo en el primer debate repitió despedida: "Buenas noches buena suerte". Zapatero emuló al periodista Edward Murrow en un guiño a la persecución de los comunistas en los años 50 en EEUU.

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