Rajoy asegura que su error no le quitará "ni un voto" y que relanzará el Plan Galicia

Veinticuatro horas después del segundo y definitivo debate, el candidato del PP, Mariano Rajoy, retomó ayer en Galicia su agenda de campaña electoral con sendos actos políticos en Orense y Vigo. Antes del mitin central en esta última ciudad, el candidato popular hizo ante los periodistas que siguen su campaña un primer balance del segundo debate con José Luis Rodríguez Zapatero.

Rajoy aseguró que el segundo cara a cara le salió mejor que el primero y reconoció que la discusión sobre la guerra de Iraq fue "lo malo" aunque consideró que "no me quita un voto". "Iraq está amortizado", dijo en Vigo en una breve conversación informal con los periodistas que integran su caravana.

Rajoy reveló que su mensaje iba dirigido a los indecisos, toda vez que el PP asume la gran fidelidad de sus votantes, y destacó como determinante en su intervención las referencias a la economía o la inmigración, los ejes que enarbolará en la recta final de la campaña. Minutos después de estas manifestaciones, ante 7000 militantes que llenaron el Palacio de las Traviesas en Vigo, volvió a hacer de la economía el eje de su intervención. Tras comprometerse en su tierra natal a ejecutar las obras del Plan Galicia, "metidas en un cajón" por el Gobierno socialista, el candidato popular volvió a hacer un claro guiño a los indecisos y los desencantados del PSOE. "Hay -explicó- muchos españoles que en su día no nos dieron su voto que no entienden nada de lo que ha pasado en estos años".

Su objetivo era lanzar un mensaje nítido y específico al votante socialista descontento con Zapatero, al que garantizó "un Gobierno que dé seguridad y certidumbre" y que gobierne "para todos" ocupandose de los problemas que realmente importan .

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