El Parlamento se acerca al bipartidismo con un PSOE más débil

  • El Partido Popular sube diez escaños y conquista el hueco que pierden los andalucistas · Izquierda Unida consigue finalmente salvar la base de los seis parlamentarios

Ocho elecciones autonómicas después el Parlamento andaluz pierde color. Habrá las mismas voces, 109, aunque los discursos serán mucho menos variados. Por decirlo de alguna forma, la política andaluza pierde biodiversidad con la desaparición en la fauna parlamentaria de una de sus especies en extinción desde hace tres legislaturas: los andalucistas, y con el otro grupo minoritario, Izquierda Unida, que se mantiene en los seis parlamentarios, pierden el de Jaén pero ganan el de Huelva. Eso sí, el líder regional de la formación, Diego Valderas, toma un respiro tras conseguir finalmente el escaño onubense, que se le resistió en las dos convocatorias anteriores. Aun así, conseguir la ansiada unidad en Izquierda Unida, sobre todo tras el mal resultado nacional, parece aún lejos. Poco podrán decir en la renovación de la formación los andaluces de IU, que no consiguen mejorar sus votos y continúan sin aportar un sólo diputado al Congreso.

Tras el 9-M el PSOE mantiene su poder en el antiguo hospital de las Cinco Llagas, sede ahora del Parlamento, con su mayoría absoluta, aunque pierden cinco escaños. El PP también puede realizar una lectura más que positiva de los resultados electorales con 47 sillones, diez más de los alcanzados en 2004 y superando el techo que alcanzó Teófila Martínez en 2000 cuando llegó a los 46. Vencen al PSOE en las provincias de Málaga y Almería, y empatan en escaños en la de Granada. La vuelta al territorio andaluz de Javier Arenas supone una importante mejora, pero el presidente del PP-A se enfrentó por tercera vez a Chaves y volvió a perder.

Ayer los electores marcaron un nuevo episodio en la caída de los minoritarios, que tampoco han hecho mucho en estos cuatro años para ganar presencia en la sociedad andaluza. Los que fueron claves para formular la 'pinza' contra los socialistas en la breve legislatura de 1990 a 1994 y los que ayudaron al PSOE a mantener el poder durante los mandatos de 1996 y 2000 quedan ahora casi fuera del juego político.

Esto significa también dibujar una nueva estrategia para los socialistas que con este panorama, por ejemplo, no se podrían haber planteado una reforma del Estatuto de autonomía como la formulada en 2007 si el PP se hubiera negado desde el principio. El PSOE se ha sentido cómodo estos últimos años con el juego de la "búsqueda del consenso", pero esta estrategia resulta más difícil de lograr, si no imposible, con una cámara casi bipolar.

La elecciones municipales de mayo dieron prácticamente la puntilla al poder que mantenía el Partido Andalucista en los ayuntamientos tras presentarse al referéndum por el Estatuto con la defensa del no en solitario. Julián Álvarez, el ex alcalde de Écija que se presentó como la renovación del nacionalismo andaluz, acudió a la fórmula de la Coalición Andalucista, sellando un armisticio con el escindido PSA de Pedro Pacheco, también más que debilitado en su feudo de Jerez. De nada ha servido presentarse como el Obama andaluz con zapatillas verdes y el pegadizo Yo voy. Álvarez no ocupará sillón en el Parlamento.

El futuro de las cuatro formaciones debe, o debería, quedar definido este año con la celebración de procesos congresuales para la renovación de sus estructuras, aunque huelga decir que no será lo mismo hacerlo con una victoria en el bolsillo, como le ocurre al PSOE, que un panorama electoral adverso. Chaves podrá pilotar con autoridad el proceso de su sucesión entre los socialista y a buen seguro que las primeras pistas las ofrecerá con la formación de su Gobierno y el reparto de responsabilidades en el Parlamento, con la Presidencia de la Cámara y la portavocía del grupo socialista.

Caso distinto es el del PP. Con tres procesos electorales andaluces a sus espaldas y tres derrotas ante el mismo rival, Javier Arenas y los barones populares deben meditar el nombre de un posible sucesor que dentro de cuatro años asuma con posibilidades la candidatura a la Presidencia de la Junta. La teoría apunta a que debería ser un diputado autonómico que asumiera el rol de líder de la oposición ante Chaves, pero ese mirlo blanco no ha hecho aún acto de presencia.

Más traumática será la experiencia para Izquierda Unida y Coalición Andalucista. Que Diego Valderas haya logrado el escaño de Huelva no supone más que aplazar la crisis interna; el Yo voy de los andalucistas les ha conducido directamente al precipicio y desmontado por completo el proyecto de renovación de Julián Álvarez que dejó atrás en este recorrido a muchos de quienes llevaron a su partido hasta el Gobierno andaluz entre 1996 y 2004.

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