Los tramposos contrastes

  • No hay manera y la calle y los medios de comunicación rebosan de opiniones sobre lo divino y lo humano.

Queridos contrastes, hágase vuestra voluntad así en la tierra como en el cielo, seguir fundiendo el futuro con el olvido y el bien con el mal y no nos dejéis caer en la tentación de la obviedad, más librarnos de los juicios simplones e impepinables, amén. La plegaria bien se la podría aplicar todo seductor de atenciones, pero nasti de plasti, no hay manera y la calle y los medios de comunicación rebosan de opiniones sobre lo divino y lo humano que rezuman ignorancia, prejuicios, maniqueísmo y altanería.

Siempre se ha dicho que las imprudencias se pagan, así que habría que pasar factura a todos esos amantes de las sentencias que aún no se han enterado de que éste es un mundo complejo y se abstienen antes de pontificar o de crucificar a nadie a grito pelado y amplificado por radios, periódicos o televisiones de calmarse y documentarse un poquito.

Algunos se pusieron ciegos de demagogia con la actuación del Gobierno en el secuestro del Alakrana (sí, por descontado que no estuvo muy fino, pero esas bravatas de hazañas bélicas y orgullos patrios zaheridos también sobraron) y ahora se las prometen muy felices con el de los tres cooperantes en Mauritania. Qué contraste entre este penoso incidente y el reguero de imputados en la operación Pretoria. Hiriente disparidad: unos catalanes se juegan el tipo repartiendo alimentos en el desierto y otros catalanes se lo llevan calentito en un despacho enmoquetado.

Otro contraste, entre presidentes: el catalán, José Montilla, y el vasco, Patxi López. Uno se dedica a levantar muros y el otro a derribarlos. ¿Cómo? Pues que el president pretende que la justicia y la legalidad se acomoden a su voluntad (y a la del pueblo catalán) y alerta de que un fallo adverso del TC dañaría la convivencia. Pero aquí la única que la lesiona es ETA y tenemos al lehendakari de estreno en estreno: que si primer acto unitario de las víctimas, que si primer desfile del 12 de octubre con representación del Gobierno vasco en el palco, que si al fin un lehendakari brindando en el Congreso (el día 6) por la Constitución...

Otro contraste, más lacerante, el del guardia civil que simula un atentado precisamente el mismo día que decenas de víctimas de ETA se reunían en el Teatro Principal de Vitoria para reiterar a los victimarios que toda su protervidad será en balde.

Uno más: el último Premio Nobel de la Paz anunciando el envío de unos cuantos miles de soldados más a la guerra de Afganistán...

Sí. La demagogia yace cómoda entre contrastes. "Me parece increíblemente deprimente", rezongaba sobre el último Brenda Hillman, una profesora de poesía en San Francisco desencantada con Obama. "En la época de Bush -añade-, escuchábamos el mismo tipo de razonamiento".

Con qué desahogo se puede comparar lo incomparable, como dan fe todos estos contrastes.

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