La segunda oportunidad de Zapatero

  • Dirigentes históricos del PSOE confían en que el presidente del Gobierno corrija errores y evite en esta legislatura voluntarismos como los de ETA o el 'Estatut' que marcaron sus primeros años en la Moncloa

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Felipe González contaba que la victoria socialista en las elecciones generales de 2004 supuso "un lío" porque "los dirigentes del PP no estaban dispuestos a marcharse y los del PSOE no estaban preparados para tomar las riendas del Gobierno". Así, en esas condiciones, llegó Zapatero a La Moncloa. El primer Gobierno lo formó, salvo Pedro Solbes y María Teresa Fernández de la Vega, con Pérez Rubalcaba como portavoz del Grupo Socialista en el Congreso -impuesto por "nuestros mayores" suelen decir algunos zapateristas- y con gente de su círculo más cercano, que destacaban por su falta de experiencia en tareas de gobierno. Solbes incluso se quejó, en aquellos primeros meses, de que el Ejecutivo parecía "una guardería".

Esta falta de pericia llevó a Zapatero, según dirigentes históricos del PSOE, a cometer varios errores graves. El primero fue confiar en que Pascual Maragall, presidente ya de la Generalitat tras los comicios catalanes de 2003, sacaría del Parlament un Estatut plenamente constitucional, a pesar de que el sesgo identitario que estaba dando al PSC hacía prever todo lo contrario. El segundo error se produjo al confiar en que ETA estaba tan debilitada como para entregar las armas a cambio de un acuerdo para salvar los muebles. Como es sabido, el mobiliario de la banda terrorista son los presos.

El adanismo que conllevaba la estrategia del talante le impidió atender a quienes, desde la experiencia de un partido con más de 100 años de historia y 14 años en el Gobierno (1982-1996), le avisaron de que se estaba metiendo en camisa de once varas. Sólo la desmesura de la dirección PP, que activó la estrategia de la tensión sacrificando cualquier posibilidad de crecimiento electoral en Cataluña y el País Vasco, principalmente, ha permitido que Zapatero haya ganado las pasadas elecciones generales. Vista con perspectiva, la crisis del AVE en Barcelona sirvió para reforzar el voto socialista, y el fracaso del proceso de paz, para convertir en el PSE-PSOE en la primera fuerza política vasca. La mayoría de catalanes ha entendido que el Gobierno socialista no era el responsable directo de los problemas de infraestructuras que padecía Cataluña, y le ha premiado castigando a los socios de gobierno de PSC y despreciando al PP. Y la mayoría de los vascos ha valorado positivamente el voluntarismo de Zapatero en el proceso de paz.

Pero el triunfo electoral de los socialistas en estas dos comunidades históricas se ha producido en detrimento de otras, como Andalucía, Madrid y Valencia, donde el discurso del PP ha calado más. La reforma estatutaria andaluza, en estructura y en una parte importante de su articulado similar a la catalana, no ayudó prácticamente nada a los socialistas andaluces. Todo lo contrario, los dos puntos más de abstención del 9-M pueden tener su origen en que el nuevo Estatuto no entusiasmó a una parte del electorado socialista, que no entendió, por ejemplo, el empeño del PSOE de que Andalucía se denominara en el Preámbulo "realidad nacional" por "si acaso".

A todo esto hay que sumar una política informativa más efectista que efectiva, que sólo ha servido para que María Teresa de la Vega se haya mantenido como la más valorada del Gabinete socialista en las encuestas del CIS durante estos cuatro años. Felipe González, en el último mitin que dio con Zapatero en Cataluña, dijo bien claro que el Gobierno había fallado en la comunicación de sus logros. La empanada editorial que tenía Zapatero, así como su consabida afición al macutazo de fin de semana, ha favorecido el desconcierto que, en determinados momentos, ha cundido entre su equipo de comunicación. José Antonio Alonso, que cuenta con el respeto de la vieja guardia socialista y es amigo personal del presidente, se perfila como nuevo portavoz del Gobierno.

Entre muchos dirigentes socialistas existe también el convencimiento de que el modelo de televisión pública plural y profesional por el que apostó Zapatero para TVE ha beneficiado fundamentalmente al PP, que ha apostado por el modelo Telemadrid, una tele absolutamente sesgada y burda pero que se ha mostrado tremendamente útil como propagadora de la estrategia de la tensión de los populares.

A la luz de este análisis, históricos dirigentes socialistas entienden que Zapatero comenzará esta nueva legislatura corrigiendo errores por la experiencia acumulada durante estos cuatro. De entrada, consideran que es más probable que opte por formar un Gobierno fuerte y más experimentado -el aporte electoral de sus ministros, además, ha sido nulo-, nombre un portavoz parlamentario de primer nivel -del perfil de Ramón Jáuregui-, configure una Ejecutiva más solvente, con menos políticos de pasarela, del tipo Zerolo y Leire Pajín, y con un nuevo secretario de Organización que sea más competente que leal, y revise la política territorial para fortalecer el papel del Estado.

En esta misma línea, Zapatero debiera facilitar en Andalucía la renovación que reclama el electorado con el relevo de Manuel Chaves en la segunda mitad de la legislatura y tendría que activar un plan más serio para recuperar el voto en las grandes ciudades andaluzas, que, comicio tras comicio, está cada vez más en manos del PP.

Gracias a este electorado, Arenas puede fraguar una alternativa creíble para 2012.

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