La patria, el fútbol y la crisis

EL memorable triunfo de la selección española en la Eurocopa está trayendo cola en el terreno político.

Antes de la semifinal y la final, nacionalistas catalanes y vascos dieron la nota apostando por Rusia y Alemania, con Tardà y Puigcercós (ERC) y Erkoreka y Urkullu (PNV), entre los más destacados. La llegada de Zapatero a la final estuvo precedida por una campaña, con una web de tufillo popular incluida, para que no fuera por una supuesta condición de gafe que desmiente la flor que le ha acompañado durante toda su carrera política. Para chupar algo de cámara, el presidente del Gobierno deseó suerte a Aragonés y a Casillas en un telediario, y Rajoy se convirtió en pronosticador deportivo -acertó, por cierto, cuando apostó por un 0-3 ante Rusia- en la plaza roja de Colón. Con la que está cayendo, el protagonismo de Zapatero continúa provocando dimes y diretes en el ámbito parlamentario.

Todo esto afortunadamente no tiene nada que ver con el éxito que han cosechado 23 futbolistas españoles, de procedencia distinta y con sentimientos posiblemente diferentes -Madrid, Valencia, Asturias, Brasil, Andalucía, Cataluña, País Vasco, Canarias, etc…-, pero que representaban a 44 millones de españoles, que jugaban en nombre de España. Todos ellos, bajo el mando de un seleccionador que hasta el 4-1 a Rusia era cuestionado por tierra, mar y aire, han obrado el milagro de que la bandera de España sea enarbolada sin complejos por unas nuevas generaciones que, afortunadamente, no comparten la visión nostálgica ni la patrimonialista ni la revanchista de la enseña nacional, y no les resulta una agresión ver a Sergio Ramos con la verde y blanca sobre los hombros o a Villa y Cazorla con la asturiana, o a Xavi, Capdevilla y Pujol con la catalana, o a Senna con la brasileña.

El fútbol en sí, sobre todo cuando se cubre de gloria, tiene su propia patria, una universal en la que están grabados en letras de oro el recorte de Puskas en Wembley en 1953 y a la escuadra; los quiebros de Garrincha para la izquierda, para la derecha y ahí te quedas en 1958 en Suecia; el 7-3 del Madrid de Di Stéfano al Eintracht de Fráncfort en 1960; el cabezazo de Marcelino hace 44 años ante La Araña Negra en el Bernabéu, el gol de Pelé en México de 1970 que salió lamiendo el poste; la obra de arte de Maradona en el México de 1986; el tanto imposible de Van Basten en la Eurocopa de 1988; los dos cabezazos de Zidane en la final de Francia en 1998, y el toque sutil de Torres por encima de toda Alemania el pasado domingo.

Por ese gol, muchos millones de españoles, tantos como el hiperbólico momento de gloria permitía, salieron a las calles por todo el país y por unas horas Zapatero tuvo razón: lo de la crisis es opinable.

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