Un defensor de los acuerdos con CiU

TRAS el triunfo electoral de 2004, la vieja guardia socialista recomendó a Zapatero que situara a Alfredo Pérez Rubalcaba como portavoz del Grupo Socialista en el Congreso de los Diputados, y le hizo caso. Cuando a mitad de la pasada legislatura el cántabro afincado ahora electoralmente en Cádiz -alguien debería explicar para qué tras los resultados electorales- fue nombrado ministro del Interior para pilotar el proceso de paz en el País Vasco, le sustituyó por pura coherencia su secretario general, Diego López Garrido, un político procedente de Nueva Izquierda que sólo estaba dado a cubrir una etapa de transición, tal como así ha sido finalmente.

Ahora, el líder del PSOE ha elegido para el mismo cargo a José Antonio Alonso, una persona de su más absoluta confianza, y ha aceptado situar como segundo a Ramón Jáuregui, que era el preferido de la vieja guardia por su competencia parlamentaria. Sin embargo, el actual ministro de Defensa no desagrada a los dirigentes históricos del socialismo español. Felipe González lo ha elogiado en privado en más de una ocasión, y el mismísimo Alfonso Guerra atendió una invitación personal de Alonso, que se presentó a los pasados comicios como cabeza de lista por León, y compartió tribuna con él en Ponferrada en la campaña electoral.

Pese a no poseer carné del PSOE tiene el respaldo de sus mayores (así se refieren los zapateristas a los líderes del pasado) porque ha mostrado solidez como ministro del Interior y de Defensa en un Gabinete ministerial muy dado a la ocurrencia y no se ha escandalizado cuando ha conocido las tripas del Estado. Con este bagaje, Alonso es el político más cercano a Zapatero que mejor puede sintonizar con José Bono, que finalmente será el candidato socialista a la Presidencia del Congreso de los Diputados.

Más que como contrapeso, el leonés cultivará con el castellano-manchego la confianza en una legislatura en la que el Estado volverá a ser el eje central de la política socialista. Además -y esto es quizás lo más importante-, su elección supone que el que seguirá siendo presidente del Gobierno asumirá las políticas de alianzas de su futuro portavoz parlamentario. Es de suponer que en la conversación final que mantuvieron ambos ayer este asunto haya quedado claro y que se visualice en la elección de la Mesa del Congreso y en la investidura de Zapatero. Alonso es un firme defensor de los acuerdos parlamentarios con CiU en detrimento del PNV y otras fuerzas políticas como ERC e IU, que fueron socios preferentes en la pasada legislatura. Asimismo, es partidario de poner en marcha una reforma de más calado en la Administración de Justicia para que deje de estar en manos del PP, y cree que las relaciones Iglesia-Estado deberían revisarse.

Otro asunto que pudieron abordar fue su relevo en el Ministerio de Defensa. Con su marcha al Congreso, el nuevo portavoz dejará huérfano a su equipo. Lo normal es que Zapatero haya aceptado que la actual secretaria de Estado de Defensa, la granadina Soledad López, sea la nueva ministra para contentarle, o se haya comprometido a buscarle otra salida en otro departamento ministerial. Destacar que en la dirección del Grupo Socialista continuará la diputada jerezana Mamen Sánchez, que, en principio, será la primera secretaria por delante del catalán Daniel Fernández y, por tanto, la número tres. En la Mesa de Congreso estará de nuevo el diputado onubense Javier Barrero.

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