El coche-bomba de ETA en Calahorra cargaba al menos 70 kilos de explosivo

  • El director de la Policía y Guardia Civil asegura que fueron "varios los individuos" que participaron en el atentado del Viernes Santo · El coche utilizado se desplazó 30 metros a causa de la deflagración

El coche-bomba que explotó el pasado viernes junto al cuartel de la Guardia Civil de Calahorra (La Rioja) contenía unos 70 kilos de explosivo, informó ayer el director de la Policía y la Guardia Civil, Joan Mesquida. Mientras, en la capital riojana cientos de personas se concentraron en la plaza consistorial bajo el lema "para una derrota de ETA sin fisuras" para mostrar así su repulsa hacia el atentado perpetrado por la banda terrorista.

Mesquida explicó a los medios durante su estancia en Benidorm (Alicante) que aún era pronto para determinar la composición del explosivo. Sin embargo señaló que se conocía que habían sido unos 70 kilos los almacenados en el vehículo-bomba. Esta cantidad fue calculada a partir de la distancia que se desplazó el coche tras su explosión. En concreto, la deflagración del vehículo, un Honda Civic de color azul que se encontraba estacionado en la calle General Gallarza de la localidad, provocó su desplazamiento unos 30 metros hasta el otro lado de la calle, causando importantes daños materiales en varios edificios y vehículos aparcados en la zona.

El coche fue robado a punta de pistola por la mañana a una pareja en el Alto de Herrera (entre Álava y La Rioja), que fueron localizados horas más tarde, atados y en perfecto estado de salud, en la falda de la Sierra de Toloño, en Álava. Según explicó Mesquida, en el atentado participaron "varios individuos", una hipótesis con la trabaja actualmente la Guardia Civil. Se están analizando las cámaras de seguridad del cuartel de Calahorra para conocer algún detalle sobre la identidad de los autores.

Según las primeras investigaciones, el atentado podría ser obra del comando Vizcaya, el más activo desde el final de la tregua que había declarado ETA y que dio por terminada en junio pasado, aunque de hecho ya lo había hecho al atentar contra el aeropuerto de Barajas en diciembre de 2006, cuando murieron dos inmigrantes ecuatorianos.

Además de daños en los edificios y en las tiendas, la bomba, colocada en una de las principales calles de la localidad, destrozó también varios coches, cuyos propietarios se preguntaban quién se hará cargo ahora de los desperfectos.

Agradecidos por la rápida intervención policial, ya que se acordonó en menos de un cuarto de hora una zona transitada por cientos de personas que regresaban de la procesión matinal, los calagurritanos no ocultaban su enfado hacia los terroristas, que ya colocaron otra bomba en el mismo cuartel hace 25 años, también sin víctimas. Durante su larga espera tras la zona acordonada, los vecinos insistían en que ETA sólo sabe amargar la vida a ciudadanos pacíficos.

Mientras, en Logroño cientos de personas guardaron a las 12 del mediodía tres minutos de silencio en la plaza del Ayuntamiento, convocados por la Federación Riojana de Municipios, que llamó ayer a las concentraciones en todas las localidades de la autonomía. El alcalde de la capital riojana, Tomás Santos, leyó un comunicado en el que expresó la solidaridad con los ciudadanos de Calahorra y el "respaldo total" de la corporación municipal a la Guardia Civil y todos los cuerpos de seguridad del Estado.

El secretario general del PP de La Rioja, Carlos Cuevas, que también asistió a la concentración, apuntó por su parte que fue "casi un milagro que no hubiese desgracias personales después de ver los daños provocados", y señaló que "querían sembrar más daño de lo que consiguieron".

Por otra parte, un día después del suceso, la oficina de Protección Civil puesta en marcha por la Delegación del Gobierno para atender a los damnificados por el atentado de ETA había recibido un total de 490 solicitudes de indemnización. Este servicio pretende atender todas las dudas que se susciten entre los ciudadanos.

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