Regreso a los años del plomo

  • Cuando se cumplen dos años del anuncio de la última tregua, la banda terrorista recupera sus acciones más siniestras: el tiro en la nuca y el coche-bomba

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Cuando mañana se cumplen dos años de la declaración de alto el fuego de ETA, el 24 de marzo de 2006, la banda terrorista no sólo no ha depuesto las armas, sino que parece haber querido recuperar sus épocas más duras, la del tiro en la nuca y el coche-bomba, los años del plomo de la democracia española.

Estas intenciones las ha dejado claras durante este mes con dos acciones terroristas que han acabado con la vida de un ex concejal socialista en el País Vasco y han hecho de nuevo temblar los cimientos de un cuartel de la Guardia Civil.

El estallido de un coche-bomba junto a la casa cuartel de Calahorra se convierte en la tercera acción de este tipo que la banda terrorista pone en práctica desde la ruptura oficial del alto el fuego, el pasado 5 de junio.

Y el asesinato a tiros del ex concejal socialista de Mondragón Isaías Carrasco, dos días antes de las elecciones generales del 9 de marzo, evidencia la intención de ETA de recuperar sus épocas más siniestras del tiro en la nuca.

Tras más de cinco años sin recurrir a las pistolas -el último asesinato a tiros fue el del sargento de la Policía Municipal de Andoain, Joseba Pagazaurtundua-, ETA ha asesinado desde diciembre pasado a tres personas por este macabro procedimiento, que se suman a los ciudadanos ecuatorianos fallecidos en el atentado de la T-4.

Primero mató a los guardias civiles Raúl Centeno y Fernando Trapero en la localidad francesa de Capbreton, en un atentado insólito y sin precedentes en suelo francés, y después, a Isaías Carrasco. Con este último asesinato ETA quiso estar presente en la campaña electoral, en unos comicios en los que había pedido la abstención en las urnas.

Es previsible que la banda intente apuntarse la abstención en estos comicios en un próximo comunicado en el que también podría reivindicar la autoría del atentado contra Carrasco y otras acciones.

Desde el pasado verano ETA ha contado con un comando Vizcaya que parece "consolidarse" como estable y al que se atribuyen la mayoría de atentados con bomba perpetrados en el País Vasco en los últimos meses.

Un comando presuntamente integrado por Jurdan Martitegi y Arkaitz Goikoetxea, dos terroristas muy escurridizos que, según fuentes de la lucha antiterrorista, cuentan con algún tipo de infraestructura estable en la zona.

Ambos etarras aparecen ya en los nuevos carteles con las fotos de los terroristas más buscados que se han distribuido no sólo en España, sino también, por primera vez, en Francia.

Las fuerzas de seguridad creen que el comando Vizcaya está plenamente operativo, aunque no se ha podido determinar al cien por cien que sea el autor material del asesinato del ex concejal Isaías Carrasco el pasado 7 de marzo, si bien sí que podría estar implicado en el atentado de Calahorra, algo que no obstante podrían confirmar las grabaciones de las cámaras de seguridad del cuartel.

El atentado contra Carrasco pone en evidencia que ETA ha extendido su círculo de objetivos a los ex concejales, menos protegidos y que suponen un blanco fácil para una organización muy debilitada por los últimos golpes policiales. Con ello, ETA intenta -según los investigadores- dar la impresión de que nadie está seguro en ningún sitio y de que puede atentar contra cualquiera.

Estas mismas fuentes han recordado que el asesinato mediante el tiro en la nuca no necesita apenas infraestructura, sólo un terrorista con "voluntad asesina", a diferencia de los atentados con bomba, en el que hace falta un local o laboratorio donde montar el artefacto.

Hasta septiembre pasado ETA disponía de su particular fábrica de explosivos en la localidad francesa de Cahors, de la que salieron los hallados el pasado verano en dos vehículos en Ayamonte (Huelva) y Torreblanca (Alicante) y en una autocaravana en Castellón.

Los responsables de la lucha antiterrorista creen ahora que la banda ha podido recomponer parte de esta infraestructura, en la que se habrían montado los artefactos de mediana potencia colocados en el País Vasco.

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