El PSOE se concede una tregua

  • Los socialistas posponen el congreso para su cambio de líder hasta después de que haya un Gobierno. Los barones críticos, a los que no gusta Podemos, salen convencidos de que habrá nuevas elecciones el 26-J. Pedro Sánchez consigue su segunda oportunidad si hay otros comicios: después, se las verá con Susana Díaz.

LOS socialistas han cerrado con un paréntesis la crisis interna que se abrió la noche electoral del 20 de diciembre, unos corchetes que blindan una tranquilidad que sólo durará hasta su próximo congreso, el que será el número 39 de su historia. Hasta que España no cuente con un Gobierno, ya sea ahora mediante la negociación o tras las elecciones del 26 de junio, el PSOE no celebrará este congreso. Así lo decidió ayer por unanimidad su Comité Federal, que a diferencia de otros recientes transcurrió sin que asomase la tensión que arrastra su secretario general, Pedro Sánchez, con los barones más críticos. 

La presidenta andaluza, Susana Díaz, intervino en la reunión para llamar a la unidad y "a la suma". De guión, aunque con algún mensaje de fondo. Si la andaluza da el salto a la política nacional, no será ahora, sino después de las elecciones. Pedro Sánchez, en un discurso corto, de apenas 14 minutos, aseguró que ya sólo quedan "los últimos metros", un espacio en el que él intentará un pacto a tres bandas con Podemos y Ciudadanos, un acuerdo en el que él sólo parece creer. "El cambio es posible, nos quedan tres semanas, espero que España no se vea abocada a otras elecciones", dijo ante los delegados. 

Los barones son muy escépticos, y con bastante razón: Albert Rivera ha excluido a Podemos, Pablo Iglesias recurrirá también a las bases y Rajoy ya comenzó ayer la campaña en Sevilla con una curiosa propuesta sobre el cambio de horarios en España. El presidente castellanomanchego, Emiliano García-Page, fue el más claro sobre las dificultades del acuerdo con Podemos: "No vamos a traficar ni alquilar nuestros valores ni principios. Nuestro esfuerzo para llegar a acuerdos será rentable si hay elecciones". Sin embargo, Susana Díaz es la única de los barones críticos que no se apoya en Podemos, sino en Ciudadanos, todos los demás sustentan sus gobiernos en los morados. 

Pedro Sánchez tiene, por tanto, 23 días por delante para forzar el consenso; si no es así, el 2 de mayo se convocarán elecciones y él será el candidato socialista, no hay otro contrincante. Los barones como Susana Díaz han ganado tiempo, pero Sánchez ha conseguido otra oportunidad en estos comicios. Si los resultados son malos, es decir si no logra un Gobierno claro y si el PP vuelve a adelantarle, Susana Díaz dará el paso. Se lo están pidiendo varias federaciones, los dos secretarios generales anteriores, Rodríguez Zapatero y Alfredo Pérez Rubalcaba, y ex ministros como José Blanco y José Bono. Si el resultado es el de las encuestas, el PSOE irá a un congreso a cuerpo abierto. Sánchez se presentará, pero Díaz también.

Aunque la fecha límite para elegir un presidente de Gobierno es el 2 de mayo, se considera que el 25 de abril es la última jornada para el acuerdo, ya que el Rey debería llamar entonces a los grupos para las consultas, publicar en el BOE su propuesta de candidato y convocar el Pleno del Congreso. Sánchez ha accedido a algo que solicitaban federaciones como la andaluza: si logra un acuerdo con los morados, también lo someterá al referéndum de la militancia, tal como se hizo con el de Ciudadanos. "Si hay cambios sustanciales respecto al acuerdo con Ciudadanos, se someterá a este Comité Federal y a la consulta de los militantes", anunció Sánchez. Ya antes, desde el PSOE andaluz se había apuntado a esa obligación no formal. Susana Díaz evitó pronunciarse ayer sobre un posible acuerdo con Podemos, que ni a ella ni el PSOE andaluz gusta, pero dijo que éste, en cualquier caso, debe estar dentro de los límites marcados por el Comité Federal y por el contenido de la consulta a las bases. Esto es, que no habrá lugar a ningún referéndum de autodeterminación y sí a una defensa activa de la unidad de España. Los socialistas andaluces, por ejemplo, no acaban de entender por qué el PSC y su primer secretario, Miquel Iceta, va a negociar ahora con En Comú Podem la participación de éstos en el acuerdo. La confluencia catalana de Podemos sigue colocando el derecho a decidir como una reivindicación incuestionable.

Pedro Sánchez va a recorrer estos últimos metros muy en solitario, no parece que le vayan a poner obstáculos, pero muy pocos confían en su partido en el acuerdo a tres bandas. Si el 23 o el 25 de abril no hay consenso, España se aproximará a unas elecciones que se convocará el 3 de mayo para celebrarse el 26 de junio. Aunque algunos notables del PSOE deseaban que Susana Díaz diese un paso ahora para competir por la candidatura, la presidenta ha optado por la cautela. Dar ese paso le hubiese obligado a dejar la Junta y enfrentarse a unas elecciones que, ciertamente, no son las suyas, son el resultado de la falta de entendimiento entre los cuatro grandes partidos. Después del 26 de junio, si Sánchez fracasa, el PSOE celebrará un congreso muy abierto. El PSOE andaluz quería poner ese congreso en julio, aunque ha preferido postergar este debate ante la creencia de que si el resultado es malo, la fecha caerá por su propio peso. Se toma, pues, un respiro, aunque los partidarios de Susana Díaz están convencidos de que esta vez sí que dará este paso.

En su intervención ante el comité, Susana Díaz recordó el tiempo en que se presentó a las primarias para dirigir el PSOE de Andalucía, cuando "el PSOE estaba un poquito mal", dijo. En aquel momento, pidió a Francisco Reyes, líder de los socialistas de Jaén y enfrentado a ella, que la ayudara "si queríamos que el PSOE volviese a ser el PSOE que ganara elecciones con ese proyecto que la gente pensaba que era suyo". Hoy, Reyes es su "compañero y amigo" y "el partido está unido". "Ser diferente te obliga a sumar y a ganar no poniendo en evidencia lo peor del adversario. Espero que eso sea extrapolable al resto de la organización", concluyó. El mensaje fue bien claro. Francisco Reyes fue la primera persona que Díaz fue a ver una vez que José Antonio Griñán le reveló que quería dejar el cargo de presidente de la Junta y secretario general en su persona.

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