El PSOE andaluz intenta que Álvarez siga en el Gobierno

  • Pese a que su continuidad en Fomento está descartada merced a un pacto entre socialistas andaluces y catalanes, Zapatero podría entregarle otra cartera

Un diputado andaluz se preguntaba ayer desde el anonimato, que es la mejor forma de ejercer el derecho a la libertad de expresión sin señalarse más de la cuenta, si Zapatero realmente había estado reflexionando en Doñana sobre el futuro Gobierno o simplemente había dedicado los lluviosos días de la pasada Semana Santa a sus niñas y a su mujer. La interpelación no es baladí si tenemos en cuenta que, en estos días de acreditaciones y macutazos, corren dos versiones bien distintas. Una apunta a que el presidente del Gobierno tiene desde hace algunas semanas cerrado totalmente el organigrama de su futuro equipo. En esta línea, la elección de José Antonio Alonso y el reforzamiento de José Blanco, con la designación de una gallega de su confianza como portavoz en el Senado, son una declaración de intenciones en toda regla sobre lo que será la composición del nuevo Ejecutivo socialista, que tendrá más de ZP que del PSOE. Y la otra señala que Zapatero anda estos días escuchando a diestro y a siniestro, a barones y a antiguos generales, para contentar a todos. Pero las dos supuran información por mucho que Zapatero haya aprendido el arte de la discreción en los últimos cuatro años de máster para estadistas.

Así, en lo que atañe a Andalucía, es seguro que el PSOE andaluz está haciendo lo que puede por mantener a Magdalena Álvarez en el Gobierno. Los más fieles de la actual ministra de Fomento en funciones aseguran que puede seguir en el mismo sillón, a pesar del desastre electoral malagueño y los líos del AVE barcelonés. Sin embargo, Fomento parece terreno vedado para Álvarez. Es más, según fuentes andaluzas y catalanas del socialismo democrático, existe un pacto para que el nuevo ministro de la obra pública no sea catalán ni andaluz, una medida muy salomónica para una legislatura en la que el PSOE andaluz y el PSC tendrán que pactar el nuevo modelo de financiación autonómica como vasos comunicantes. Otros más realistas se conforman con que la cartera de Industria que dejará vacante Clos. Sería una sorpresa que este ministerio acabara en manos de la malagueña después de Piqué, Virulés, José Montilla y el ex alcalde de Barcelona como titulares. Pero a su favor tiene que Solbes tendrá mando en plaza sobre esta cartera, y Álvarez es de las ministras respetadas por el alicantino, que es hombre de números más que de relaciones públicas. Como tercera opción, la sitúan en Medio Ambiente (Cambio Climático), en el caso de que Narbona sea descartada.

La cuota andaluza en el Gobierno está más complicada de lo que parece. La continuidad de Pérez Rubalcaba -es mentira que haya pedido una vicepresidencia; la verdad es que en casa le han dicho que baje el pie del acelerador- y Miguel Ángel Moratinos, candidatos en las pasadas elecciones por Cádiz y Córdoba, respectivamente, complica el concepto territorial que diría Blanco. Si el cordobés de Chamberi pagara su fracaso mediterráneo, ahí está Bernardino León esperando para relevarlo.

Es curioso que Alonso puede acabar poniendo una pica andaluza en Defensa y dejar a la granadina Soledad López como la primera mujer al frente de tan varonil ministerio. Pero eso sería con el permiso del PSC, que quiere Asuntos Sociales pero también el mando de los tropas. Y está Concha Gutiérrez, que visto que esto va de lealtad inquebrantable a ZP, puede poner algo de inteligencia.

En cualquier caso, los andaluces en la Mesa del Congreso y en el Grupo -Javier Barrero y Mamen Sánchez- son poca cosa para tantos votos y un mal preámbulo. Lo del alcalde de Alcalá de Guadaira, Antonio Gutiérrez Limones, en el Grupo Socialista del Senado está en otra clave, y faltan dos años para explicarla.

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