¿Colorín, colorado?

Había cierta inquietud ante el rumbo de la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos sobre la demanda de Batasuna contra su ilegalización habida cuenta de que esta instancia judicial aborda una minúscula parte (1,5%) de las denuncias que recibe y de que un fallo favorable a la coalición abertzale habría puesto entre la espada y la pared a la Ley de Partidos y, por ende, patas arriba la estrategia para dejar a ETA sin voceros en las instituciones vascas.

Cuando Estrasburgo admitió parcialmente en diciembre de 2007 el recurso de Batasuna contra su disolución que ordenó cuatro años antes el Tribunal Supremo, la formación ilegalizada se vanagloriaba de "sentar al Gobierno español en el banquillo". Mientras tanto, el vasco, el anterior, el que dirigía Ibarretxe, rugía sin descanso contra la Ley de Partidos (la Corte de Estrasburgo rechazó, por cierto, en 2004 su recurso contra la Ley de Partidos) y peleaba por la presencia de Batasuna en las urnas, con el argumento de que no se pueden ilegalizar las ideas de miles de vascos bajo la luz de gas del temor a verse desplazados del poder sin el concurso de su inveterado aliado.

Pero ese clavo ardiendo allende del Estado español al que se han agarrado los nacionalistas desde que el Tribunal Constitucional ratificara en 2004 la ilegalización de Batasuna por su amparo político a la violencia se ha convertido en su puntilla. Todo lo fiaban a la sentencia del tribunal europeo, pero las cenicientas no han encontrado consuelo y la sentencia les salió rana. Unánimemente, ojo al dato, los magistrados de la Corte de Estrasburgo consideran que la ilegalización de los porteadores de ETA no sólo es justa, sino necesaria, y cierran el debate gazmoño sobre la demonización del independentismo vasco al subrayar que "varios partidos separatistas coexisten pacíficamente en comunidades autónomas españolas".

¿Colorín, colorado? El fin de este cuento de terror de nunca acabar asoma por las municipales de 2011, en las que, salvo sorpresas, Batasuna debe pasar a mejor vida en los ayuntamientos. Su estandarte, Arnaldo Otegi, analizará hoy el rapapolvo de Estrasburgo, así que baño de victimismo (y van) a la vista. ¿Algo más, pinocho?

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