Chaves y las consultas independentistas

Después de más de tres horas de monólogos sosegados y un alto nivel de coincidencia en la Cámara Baja, rara avis en los últimas citas parlamentarias, en el debate sobre el último Consejo de Europeo y la próxima presidencia española de la Unión Europea (UE), la rutina de la confrontación entre el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el líder de la oposición, Mariano Rajoy, se coló de nuevo en la sesión de control al Ejecutivo socialista.

En esta ocasión, el líder de la oposición eligió la Ley de Economía Sostenible, los últimos datos de las agencias de calificación, la compra de viviendas y el consumo de electricidad para abundar en el desgaste de Zapatero. La pregunta no era retórica: "¿Va a hacer algo eficaz?".

El presidente del Gobierno dio "poca credibilidad" a las previsiones, y le pidió a Rajoy "una visión más panorámica". "No se deprima. Vamos a recuperar el proceso de crecimiento económico", sentenció. Zapatero defendió que las medidas adoptadas por el Gobierno -con la Ley de Economía Sostenible, como principal instrumento- traerá un "crecimiento más sólido", y solicitó a Rajoy que se animara a presentar propuestas para propiciar la recuperación y crear puestos de trabajo.

Rajoy le replicó que quienes van estar "deprimidos" serán los españoles por una política económica que lleva "dos años destruyendo empleo", y le lanzó una batería de medidas: control del gasto público y la deuda pública, reestructuración de los mercados financieros, reforma laboral, etcétera. "Sea, al menos, mínimamente eficaz", sentenció.

Zapatero le recomendó la "perspectiva de la paciencia", y le sugirió que los presidentes de las comunidades gobernadas por el PP se aplicaran el cuento y comenzaran a aplicar políticas de austeridad y a dejar de poner trabas en los procesos de fusión de las cajas.

Previamente, ante una pregunta planteada por la diputada Uxue Barkos, de Nafarroa-Bai, Zapatero entró en el caso Haidar, y, tras pedir "prudencia", aseguró que el Gobierno va a resolver el "problema".

El segundo nivel político, el que forman la vicepresidenta primera y la portavoz del PP, se decantó, en esta ocasión, a favor de la primera. La pregunta de cajón de sastre (Ley de Economía Sostenible, Sahara, Gibraltar, consultas independentistas de Cataluña) de Soraya Sáenz de Santamaría la llevó "hacia ninguna parte" e incluso provocó una gran carcajada cuando exigió "un poquito de respeto institucional". Y De la Vega lo aprovechó para calificar la estrategia del PP como "política spam".

En una mañana gélida, Chaves se coronó con la mejor intervención de la sesión ante una pregunta de una diputada del PP sobre la "actitud contemplativa e irresponsable" del Gobierno ante las consultas independentistas en Cataluña. El vicepresidente defendió la nula validez jurídica de las mismas y las situó en el terreno de la "pura y simple propaganda política". Pero alcanzó el momento cumbre cuando recordó que los populares fueron pioneros en esto de los referendos ilegales al plantear uno en toda España sobre el Estatut.

Por último, el ministro del Interior se enfrentó a las tres preguntas que habitualmente le plantea el PP. En esta ocasión, aparte del clásico del caso Faisán, los populares atacaron con la lucha contra el narcotráfico en el Estrecho de Gibraltar (con el incidente de los guardias civiles en el Peñón como asunto de fondo) y con la entrada de Aminatu Haidar en España.

Como no podía ser de otra forma, en el segundo asunto, Rubalcaba defendió la actuación de la Guardia Civil, y aseguró que llamó a Caruana para que "los guardias civiles pudieran dormir en casa".

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